El viaje ilusorio; los ‘trampas’ acorralados por la droga

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Jueves por la noche, la “Bestia” llega sin falta con un gran número de personas con muchas metas por cumplir, unas de ellas “el sueño americano”. En su mayoría son centroamericanos, y son conocidos comúnmente como “trampas”.

Su peor tragedia es que no tienen ni país. Son hombres y mujeres provenientes de El Salvador, Honduras, Guatemala y parte de México, quienes viajan en tren para poder cruzar la frontera hacia Estados Unidos.

Jesús Sánchez, dueño de la Capilla de Malverde, se ha encargado de alimentar y dar refugio a los inmigrantes que llegan ahí, a quienes considera personas vulnerables y adictos a las drogas.

“Aquí todos son adictos; se drogan y se inyectan ‘chiva’ (heroína de baja calidad) y ‘hielo’ (cristal)…, al que voltees a ver, hasta mujeres hay”.

De acuerdo al testimonio de Jesús, a pesar de las dificultades que atraviesan los “trampas” al vivir en las vías, no tener para comer y agredirse entre ellos, es triste ver que también sean adictos.

Los inmigrantes llegan en pequeños grupos. Son alrededor de 50 quienes viven de forma permanente en las vías del tren, que cruzan la ciudad de Culiacán. Algunos duran unos días y después se van; otros ya no se marchan, aquí se quedan a trabajar porque les va bien limpiando parabrisas y pidiendo dinero en los cruceros, según Sánchez.

“Como yo, también viene mucha gente a ayudarlos, gente de las iglesias, de fundaciones o la gente así nada más”.

El encargado de la capilla les ha ofrecido trabajo para que dejen de pedir dinero y no corran peligro a las orillas de las vías del tren, pero a veces no ha sido suficiente, prefieren regresar y volver al consumo de drogas.

Tal es el caso del Mojo y el Prisi, “trampas” desde hace años y quienes hoy viven en las vías del tren cercanas al sitio dedicado a Malverde. Ellos consumen “Pit Boy”, mezcla llamada por ellos a la combinación de heroína y “cristal”.

Son las 12:40 horas y el Mojo y el Prisi están listos para drogarse. Sus rostros reflejan entusiasmo y gusto por haber conseguido 100 pesos para comprarse las primeras dos dosis del día.

“Nosotros nos compartimos la droga, lo hacemos porque somos amigos, así como hermanos, también usamos la misma jeringa, sabemos que no tenemos nada malo”, dijo el Prisi.

El primero en preparar la mezcla fue el Mojo. Los elementos eran sencillos para la preparación: polvo de heroína y “cristal”, un encendedor, jeringa, un bote, un cigarro, un cuchillo y agua.

Al iniciar la preparación, el Mojo explicó los pasos y la importancia de hacer una buena mezcla.

“Debe de ser poquito, porque si no, te pasas, si te pasas te vas al ´seguro´ como yo”, bromeó de manera sarcástica cuando preparaba su dosis.

“Agarras el bote y lo calientas, le pones la heroína y el ‘cristal’, después agua y revuelves, después le pones un filtro de cigarro para             que se filtre, luego llenas la jeringa a 30 rayas y ya la inyectas donde haya vena”.

Lista la jeringa, el Mojo coloca la aguja en su brazo y empieza a introducir lentamente el ‘Pit Boy’, para que se sienta, según él. Se refleja en su cara la sensación de placer y alegría al llegar la dosis a su cuerpo. Los ojos comienzan a voltearse y aprieta los labios debido a la sensación de satisfacción. Disfruta ver la sangre en la aguja, después la introduce nuevamente en la piel y de nuevo la extrae, lo repite varias veces.

“Ahorita ya ‘viajé’, ya estoy ‘volando’, ya no estoy en Culiacán, ya no estoy aquí”, expresó con las pocas palabras que pudieron salir de su boca. Como dijo, su mente ya no estaba aquí, su habla apenas se entendía.

Ahora es el turno del Prisi, primero toma la aguja con la que anteriormente se inyectó su amigo, la lava con agua e introduce el líquido; coloca la jeringa en el brazo sobre la vena más inflamada por las dosis del día anterior. La cara de placer en se reflejó de manera instantánea, disfrutaba cada milímetro de droga que corría por sus venas.

Terminaron de drogarse y entraron en una etapa de relajación, cerraron  los ojos y siguieron disfrutando. Al paso de unos minutos el Mojo se repone y dice que ya se siente bien, que está acostumbrado, porque desde hace tiempo consume drogas. El Prisi, sigue en “las nubes”, su cuerpo comienza a erguirse, tanto que casi podría caerse.

Después de la etapa de relajación, ambos comentaron que lo único malo de las drogas es la “malilla”, sensación de cansancio, falta de apetito, vómito y hasta malestar estomacal, síntomas del día siguiente. Y lo único que hay para curarla es otra dosis.

“Nos ponemos como cinco dosis en el día, o depende, a veces tres o cuatro, no más, porque te pasas, y luego te tienen que ir a revivir con el ‘Pit Boy’, pero se le pone sal y agua”.

Comentaron que son personas como cualquiera, no se consideran “malos”, sólo que no pueden dejar de consumir drogas, y cuando sienten que pueden morir, por decisión propia acuden a pedir ayuda a centros de rehabilitación.

“Uno ya no puede controlar eso, ya estás en esto, posiblemente después no salgas, o al menos que quieras salir, nadie debe obligarte, no es a huevo, es porque uno quiere” finalizó el Mojo, instantes antes de marcharse a la calle.

Jesús Sánchez dijo haber visto a “trampas” morir a causa de una sobredosis, como le ocurrió hace un mes a una joven de alrededor de 23 años. Ella murió dentro de una caseta del tren, y su cuerpo fue encontrado cuatro días después.

Otros inmigrantes se han regenerado, como Rodrigo, quien fue “trampa” hace apenas tres años y ahora trabaja en la Capilla de Malverde.

“Es una vida muy triste… estar allá es muy feo, se sufre mucho”, comentó  al recordar su experiencia antes de llegar a Culiacán.

Rodrigo fue deportado en la frontera al cruzar Estados Unidos, y se le prohibió regresar. Eso lo separó de su familia, que vive en el país del norte. Asegura que le gusta estar en la ciudad, no quiere irse, y además le agrada colaborar en la capilla, porque también es creyente de Malverde desde que era niño.

Ahora Rodrigo esta rehabilitado y prefiere trabajar para poder comer, ya no quiere volver a las vías ni tampoco a las drogas, “estoy a gusto y estoy feliz de estar aquí”, dice.

Son muchas instituciones que se encargan de apoyar y ayudar a los migrantes y “trampas” ya radicados en las vías del tren, en esta ciudad.

Con el objetivo de ofrecer un hogar permanente al migrante, el pasado 15 de agosto el DIF Sinaloa inauguró La Casa del Migrante “Sr. Obispo Jesús María Echeverría y Aguirre”, con capacidad para albergar de manera temporal hasta 150 personas.

La casa brindará alimentos, alojamiento, llamadas telefónicas para contactar a la familia y apoyo psicológico. Cuenta con áreas refrigeradas para hombres y mujeres, baños, cocina y zona administrativa.

Rosy Fuentes de Ordaz, presidenta del DIF estatal, dijo que la idea es brindar un hogar para los migrantes, para que recobren fuerzas y puedan seguir su camino.  Para el Mojo y el Prisi la felicidad está en poder mantener su adicción; vivir en las calles de Culiacán, ciudad que se ha convertido en su hogar temporal. Y junto a las vías del tren buscan entre los autos, algunas monedas para subsistir.

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