#AgendaDePeriodistas: una renuncia de alto costo para el periodismo

 

FOTO: ISAAC ESQUIVEL /CUARTOSCURO.COM

 

Del “¡ya basta!” transitamos al “¡nunca más!”, y de regreso, pero ni “basta” ni “nunca más”.

Los asesinatos de periodistas han sido respondidos por el gremio con muestras puntuales de protesta, algunos; con manifestaciones pequeñas, unos pocos; y frecuentemente con desconcierto y signos de agobio, de estar abrumado, de sentirse aplastado por la cantidad y la crueldad.

Existe el problema extra del aislamiento: los periodistas de una zona de silencio se quejaban, con razón, de que el resto de los colegas del país estaba desatento a la tragedia cotidiana que los pisoteaba; pero tampoco sabían mucho de lo que acontecía con los reporteros de aquella frontera estrujada, de aquel valle sometido, de esa ciudad acobardada.

Cuando mataron a Miroslava Breach, el 23 de marzo de 2017, se marchó en Chihuahua, Ciudad de México y otras urbes, queriendo que ahora sí fuera un ¡nunca más! Pero sólo ese mes, acabaron con otros dos colegas, atentaron contra tres —un guardaespaldas murió—, y a un informador le dieron un balazo en la cadera, durante un fuego cruzado que las autoridades dejaron prolongarse.

Miroslava era la corresponsal de un medio nacional. Se suponía que eso proveía algún tipo de cobertura, pero no. Ya con Regina Martínez lo habíamos visto. Y con Rubén Espinosa, que era colaborador de otro, y además fue muerto en la capital de la República, que se había promovido como “ciudad santuario”.

¿Sería acaso que los poderosos faros de la opinión pública internacional sí servirían como blindaje, que los premios en Nueva York y las delegaciones de organismos internacionales de libertad de prensa disuadirían las represalias?

Siete semanas después de que cayera su amiga Miroslava, la siguió Javier Valdez, poniendo muy en claro que no hay protección que ayude a seguir trabajando, que permita sentirse en paz.

Las marchas: buenas pero insuficientes

El gremio periodístico padece de una enfermedad típica de la sociedad mexicana: la desestructuración. Estamos masivamente desvinculados. Existe por ahí un “sindicato nacional de redactores” heredado del viejo corporativismo del PRI, que nos representa hipotéticamente ante la Federación Internacional de Periodistas, pero al que no pertenece ni una sola persona que yo conozca. Y que no sirve de nada. De nada bueno.

Nos hemos tenido que integrar como hemos podido, como redes locales, colectivos, clubes de cuates. Algunas de estas agrupaciones llevan ya algunos años discutiendo la formación de un frente de periodistas de alcance nacional, pero las iniciativas siempre resultan menores que el tamaño del proyecto.

Hacen falta recursos, y quitarse de pullas, y compañeros que quieran dejar de hacer periodismo para dedicarse de lleno al papeleo y las exhaustivas tareas de organización, de discutir en un país enorme y muy diverso, donde cada región tiene características y problemas particulares, y animadversiones propias. Y esos compañeros faltan.

Lo de Javier fue un trancazo. Indignó que lo tocaran, a él, al querido por tantos. Y que no hubiera límites para los asesinos. Y que el presidente repitiera promesas que hace mucho debieron ser cumplidas, y encabronó que se apropiara inopinadamente de nuestro lema “No se mata la verdad matando periodistas”. (¿Quién se lo prestó, si fue él quien mandó expulsar de la radio al equipo que lo descubrió habitando la mansión de su contratista favorito?)

Y movilizó el miedo. Nos metimos en esta profesión, no nos quedaba de otra, es por pasión y por compromiso, pero ¿cómo podemos ejercerla sin entregar la vida, la tranquilidad de nuestras familias, la salud mental?

Ya no hicimos marcha, pero sí un mitin frente a Gobernación, estremecedor, adolorido, íntimo, con antorchas, muy bonito… ¿Y ahora sí, conseguiríamos con eso un “nunca más”?

El periodismo vuelve a Correos

Sin una estructura nacional, sería tan sólo otro desahogo. La sorpresa fue que los colegas de un espacio nuevo, Centro Horizontal, llamaron a colectivos de periodistas, organizaciones de la sociedad civil y algunos medios, en total 58 entidades que convocamos a un debate para construir una organización de toda la República. Y además, consiguió financiamiento para empezar.

Tan solo un mes después del asesinato de Javier, del 14 al 16 de junio de 2017, un total de 381 reporteros, fotógrafos, camarógrafos y otros informadores de 21 estados, y defensores de la libertad de expresión nos reunimos en el majestuoso Palacio Postal, en el centro de Ciudad de México, a discutir los problemas que nos asedian, bajo un esquema de trabajo conducido por el grupo Ciudadano Inteligente.

Seguridad y protección eran un punto central. Pero los participantes también hicieron énfasis en otros asuntos que consideraron necesario abordar, desde condiciones laborales y formación profesional hasta deontología periodística.

La experiencia fue rica e incluso esperanzadora, en la perspectiva de que, ahora sí, podríamos emerger con una representación capaz de darnos fuerza para cuidar a los nuestros e influencia para mejorar la situación del periodismo.

A resolver errores de origen

Dado el primer gran paso, los siguientes resultaron ser mucho más complicados porque teníamos una falla fundamental: el cónclave debatió muchas ideas pero no la de que, para levantar una gran estructura, hacía falta una mínima estructura que la construyera. Es decir, no se eligió un comité provisional mandatado.

¿Quién tenía la legitimidad para continuar operativamente el proyecto? ¿Los interesados con tiempo y recursos para acudir a las reuniones? ¿Los considerados “con liderazgo” o algún tipo de representatividad? ¿Los 58 convocantes? ¿Los que consiguieron el financiamiento?

Ese error no se hizo evidente de inmediato. Pasamos semanas esperando que los post-its de colores que colocamos en las discusiones fueran procesados y convertidos en objetivos de las seis mesas, y luego fue necesario lograr que lo resuelto en cada una de ellas, fuera consistente —o al menos, no contradictorio— con las demás

Mientras tanto, el 10 de agosto de 2017 se realizó el “Coloquio Internacional: Modelos de Organizaciones de Periodistas”, al que invitamos a representantes de agrupaciones de periodistas de cinco países latinoamericanos y de organismos internacionales como Open Society Foundations y la Ford Foundation, quienes expusieron casos exitosos de organizaciones de reporteros.

Después vinieron periodos de silencios y preguntas, hasta que se hizo evidente el problema de la representatividad: ¿a quién le tocaba mover ficha?

Para resolverlo, en febrero de 2018 se hizo una convocatoria entre los 381 asistentes para que, quienes lo desearan, se sumaran a un Grupo Promotor, encargado de elaborar una propuesta y convocar a una asamblea general que la discutiera y, dado el caso, la aprobara y así constituir la organización.

Acudimos unas 40 personas, que acordamos dividirnos en comisiones (representatividad nacional, agresiones contra periodistas, ética, financiamiento y organización interna) y establecimos, con base en el documento resumen de las mesas del Palacio Postal, que la estructura a crear debería enfocarse en seis objetivos:

1) Fomentar la protección de periodistas en situación de riesgo y presionar para acabar con la impunidad en crímenes contra la prensa.

2) Generar las condiciones para el  acompañamiento psicosocial a periodistas, sus familias y colegas.

3) Apoyar la asesoría jurídica para periodistas, familiares y colegas.

4) Impulsar la organización gremial de los periodistas y comunicadores en todo el territorio nacional.

5) Promover la ética como eje del ejercicio periodístico.

6) Incentivar el desarrollo profesional de los periodistas, a través de cursos de capacitación, talleres, becas y otros.

El trabajo de la comisión de organización interna, responsable de redactar una propuesta de estatutos, se reveló como el eje principal y estaba, al momento de redactar este texto, afinando los últimos detalles del documento.

La situación sigue empeorando

En un momento de optimismo, se pensó que la asamblea nacional podría realizarse en Culiacán, en coincidencia con el aniversario del asesinato de Javier. Pero ni los trabajos han avanzado con la rapidez suficiente —lo de los estatutos no es cosa menor— ni las finanzas dan para ello.

Lo más importante es que ha faltado gente: en las comisiones no han participado todos los que se comprometieron y algunos colectivos, organizaciones y figuras se mantienen a la espera.

Es el resultado de un proceso que ha tenido momentos brillantes, inéditos en México, pero también muy difícil, que se complicó por su problema de raíz, que fue el no haber tomado desde el principio decisiones básicas sobre su modelo de conducción, operación y representatividad.

No podemos darnos el lujo de abandonar este proyecto, el esfuerzo del Palacio Postal, el rico debate que se produjo, y defraudar las expectativas creadas tanto dentro del gremio como en el resto de la sociedad, e incluso en instancias internacionales. Esto tendría un costo muy alto para los periodistas, en especial aquellos que están en riesgo físico y en otras situaciones de vulnerabilidad.

No hemos dejado de necesitar una entidad que nos unifique y nos dé representatividad nacional. Las condiciones que prevalecían cuando todos consideramos urgente reunirnos no sólo se mantienen: han empeorado.

Por eso seguimos trabajando, confiando en haber corregido errores que nos demoraban y en recuperar el poderoso espíritu de lucha que nos reunió hace 11 meses, y que deberá reunirnos en unas cuantas semanas, para discutir las propuestas del Grupo Promotor y constituir formalmente Agenda de Periodistas como estructura nacional.

Para poner, ahora, sí, un “¡ya basta!”, y conquistar el “¡nunca más!”

Artículo publicado el 13 de mayo de 2018 en la edición 798 del semanario Ríodoce.

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