De Nueva York a Culiacán: Ética en tiempos de guerra


Patricia Figueroa, periodista, investigadora, y escritora; por su quehacer periodístico fue sentenciada a elegir entre destierro o entierro, vieja condena que imponen los malos gobernantes de este país; desde hace décadas se adhieren más a los intereses del dinero y el poder, sin importarles el atraso nacional; cuando se ven descubiertos se tornan peligrosos. Ella tuvo que dejar Culiacán y se fue a Nueva York. Allá, empujada a saber por qué sentimientos y razonamientos, se dio a la tarea de investigar para intentar explicarse la barbarie eterna. Fueron 30 meses de intenso trabajo, y el resultado valió para crear un libro: Ética en tiempos de guerra y narcotráfico (ISIC y Ediciones del Lirio, septiembre 2017).

En su contraportada: “Un libro que explora por primera vez en la literatura mexicana el vínculo entre policías y periodistas en un ambiente exacerbado de violencia y corrupción por la ‘guerra contra el narcotráfico’. Se trata de una amplia mirada histórica para comprender el presente confuso, flotante, de México”.

En la página 9 se lee: “In Memoriam Javier Valdez, ‘Por las trincheras compartidas'”.

En el mensaje de agradecimientos, pág. 11, incluye a sus colegas de este semanario; encabeza la lista su director Ismael Bojórquez, le siguen Andrés Villarreal, José Alfredo Beltrán y a su prologuista, cofundador de este rotativo, Alejandro Sicairos, quien además prologó el libro.

Este portento de obra, lo es no nada más por su contenido de páginas: 400, sino más bien por lo interesante, pero estimo más su valía por ser el resultado de una investigación académica sustentada en análisis de una pléyade de estudiosos del tema narcotráfico a nivel internacional, enfocado muy intensamente sobre lo que acontece en México. Todos los referentes y referidos son de suma importancia por las exposiciones sustentadas con datos y cifras explicadas por la autora. Con un lenguaje claro y hasta cierto punto, fácil de entender, permite que la lectura resulte interesante y recomendable para todo público, en especial para todos aquellos que se interesen por conocer en dónde están las fallas más relevantes que mantienen al mundo, pero insisto, muy en lo particular, mantienen a nuestro país en un estado caótico en muchos sentidos.

Relación entre policías—periodistas, y agrego: narcotraficantes. Un entrelazado siniestro en la sociedad desde siempre; los informes arrojados muestran que la balanza se inclina más a lo negativo, pues en ellas permea la corrupción. Entre los policías los distingue “la mordida” y entre los periodistas “el chayote”. En la página 161, Patricia incluye lo que me parece la parte más relevante de esta investigación: las Conclusiones sobre La Relación Policía—Periodista: Un vínculo que jamás fue. Los objetos y sujetos de estudio que presentamos son particularmente evasores de los análisis profundos, es decir, tanto la actividad policial (policía), el periodismo (periodista) y el narcotráfico (narcotraficantes) comparten altos niveles de riesgo, y en todos los casos se activan constantemente protocolos de seguridad personal y colectivos —tácitos y no tácitos, conscientes o inconscientes—, que traen consigo importantes dosis de discreción y desconfianza, lo que vuelve difícil el acercamiento para un estudio profundo de cada uno de los fenómenos señalados, y más aún analizarlos desde cada perspectiva de sus interrelaciones”.

Nuestra investigadora y periodista nos muestra un trabajo de campo muy arriesgado. Se metió, estimo, a “la boca del lobo” porque para nadie es un secreto que intentar hacer una investigación en esos ámbitos, sobre todo en el policial, donde la relación narco-policía es muy estrecha. Patricia hizo entrevistas tanto a reporteros de diferentes medios, algunos de los cuales tienen también estrecha relación con el mundo del narco, y no se diga de los policías, de éstos son “rara avis” los que no están en la nómina del narco. A continuación cito.

Página 278: “Testimonio 1. Sobre los policías: En la mayoría de los homicidios de periodistas en Sinaloa ha estado siempre involucrado el gobierno; de hecho, en el caso de Gregorio, en el caso del reportero de Línea Directa, Humberto Millán y otros más, siempre el gobierno y los policías han estado ahí metidos. Los policías nos agarraron como “tirria” y creo que cuando levantan un reportero es porque los policías están haciendo algo incorrecto”.

Página 279. “Testimonio 2. Sobre el narcotráfico: En Sinaloa hace mucha falta vocación para el periodismo. Y si creo que el narcotráfico ha logrado controlar de alguna manera lo que se publica o no en los medios de comunicación, porque aunque no hagan amenazas directas, ya se sabe qué se puede publicar y qué no… En el 2008, cuando se dio el conflicto de la separación de los cárteles en Sinaloa, muchos periodistas a sueldo trabajaban para el narco y no sabían si irse con el Mochomo o con el grupo contrario. Sí hay muchos periodistas que están en la nómina del narco… yo sí creo que el 90 por ciento de los periodistas en Culiacán sea corrupto”.

Página 282. “Testimonio 9. Sobre el periodismo. Ahora se usa que los funcionarios ‘asalten’ los espacios de prensa con sus columnas de opinión, haciendo a un lado a los periodistas. Con su presencia en la prensa estos funcionarios esperan seguir manteniendo un esquema de privilegios, buscan prestigio y tráfico de influencias. Lo que sí creo es que si el periodismo en Sinaloa se ejerciera como se debe, ya todos los periodistas estarían muertos… sencillamente no habría periodistas”.

Este comentario es una muestra de agradecimiento y reconocimiento a Patricia Figueroa. Por cierto, uno de los estudiosos del que más aportes citó es Luis Astorga Almanza, Doctor en Sociología por la Universidad de París, e investigador de tiempo completo en la UNAM; orgullosamente culichi.

Seguimos exigiendo atrapen a los que ordenaron el asesinato de nuestro compañero y amigo Javier Valdez Cárdenas. ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia!

Artículo publicado el 1 de julio de 2018 en la edición 805 del semanario Ríodoce.

Un comentario en “De Nueva York a Culiacán: Ética en tiempos de guerra

  1. El libro fue escrito mientras realizaba su maestría en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UAS en CULIACAN. Y sí efectivamente ha sido estudiante visitante en la Universidad de Columbia. No hay que tergiversar la información

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