Mucha muerte y nada de justicia, sostiene hijo de Sandra Luz

sandra luz y edgar 2

Luchar es ir a perder la vida

 

Para Cristian García la muerte de su madre no valió la pena: todo está peor que antes de que Sandra Luz Hernández fuera asesinada, no hay condiciones ni garantías para la lucha social y la defensa de los derechos humanos en Sinaloa, y la ciudadanía permanece callada a pesar de tantas injusticias e impunidad.

Cristian es de pocas palabras, pero sus expresiones son duras como mármol. En cada expresión parece lanzar rayos y centellas. La entrevista se realiza por teléfono porque está fuera de la ciudad y del estado, junto con su padre y hermanos, luego del crimen de Sandra Luz, su madre, quien fue asesinada a balazos el 12 de mayo de 2014, cuando seguía una pista para encontrar a su hijo Édgar, desaparecido desde febrero de 2012. Todos ellos, con sus esposas e hijos, salieron huyendo de Sinaloa a los pocos días del homicidio.

Su madre, quien señaló una y otra vez, ante autoridades estatales y federales, quiénes estaban detrás de la desaparición de su hijo, recibió diez balazos por buscarlo y denunciar públicamente a quienes consideró responsables del levantón del joven Édgar.

“Es muy deprimente todo lo que está pasando, el saber que no hay justicia”, sostuvo.

—Para algunos luchadores sociales, incluso los que estuvieron con tu mamá, no hay condiciones para el activismo y la defensa de los derechos humanos porque no hay justicia en Sinaloa.

—Así es, no hay ninguna garantía para nadie que quiera hacer este tipo de actos. La verdad es que en Culiacán realmente no hay nada que los proteja, porque no puede uno confiar en nadie. Si dice uno algo con el gobierno, lo sabe la mafia. No sé por qué. La verdad es que no hay confianza en nadie, no puede uno confiar en nadie.

—¿Valió la pena la lucha de Sandra Luz?

—Pues no ha habido nada. La verdad es que mi madre era muy valiente, muy fuerte. Yo sabía que nunca iba a dejar de hacer eso, aunque nosotros le decíamos que era peligroso porque nos dábamos cuenta de lo que era el gobierno ahí. ¿Qué le puedo decir?, para mí no vale la pena eso, ¿cómo?, no hay salida. Estamos igual que al principio, no hay avances y no ha valido la pena nada de lo que se ha hecho.

Cristian recuerda que el único detenido por el asesinato de su madre, y aparentemente involucrado en la desaparición de su hermano Édgar, Jesús Fernando Valenzuela Rodríguez, fue puesto en libertad el 13 de marzo de 2015. Él y otra persona de nombre Joel, al parecer hermano del presunto homicida, fueron señalados insistentemente por Sandra Luz Hernández como los responsables del levantón de su hijo Édgar.

Dio nombres, ubicaciones y otros datos, a cuanta autoridad se topó en sus gestiones y lucha. Pero no la escucharon. Y luego fue ultimada a tiros.

—Cuando velaron a tu mamá, uno de tus tíos me dijo que ellos (la familia) habían dejado sola a tu madre en esta lucha y al mismo tiempo pedía que la ciudadanía no los dejara solos a ellos después de su muerte, ¿la dejó sola la sociedad?

—La verdad es que no hubo nadie, prácticamente. Ella llevó su lucha a solas, apenas un pequeño grupo de personas que se unieron a ella, pero fueron personas con el mismo problema. La sociedad en general no, para nada. No hubo apoyo de nadie.

Cristian afirmó que además de que es una desaparición y asesinato impunes, el gobierno se ha encargado de manchar la imagen de su hermano y su madre. Lamentó que la sociedad se quede con esa imagen negativa de su madre, cuando fue una luchadora, una activista ejemplar.

—Entonces es un mensaje triste, de que nada cambia.

—Nada cambia. La verdad es que de plano no se le ve fin a esto, que uno vea vamos a hacer esto o aquello. Realmente es ir a perder la vida, no más. Definitivamente.

—O sea que no estamos igual que al principio, sino peor.

—Es peor, porque no hay nada. La situación está peor porque es tragedia tras tragedia y no se le ve fin.

—En conclusión, ¿no hay condiciones para la lucha social en Sinaloa?

—Para nada. En otras ciudades, como en la Ciudad de México, se respira otro ambiente, como que la gente quiere un cambio. Es otro tipo de educación la que se están tomando allá, pero veo muy lejos a la gente de Culiacán, de Sinaloa.

—Como quién dice, ‘esperando la muerte’.

—Sí, la verdad… por eso nos salimos de ahí. La sociedad así está. Para nosotros era más difícil por todo lo que pasó. Como mi mamá decía, la gente piensa que a uno no le va a pasar y lo mismo pensábamos nosotros. Por eso no actúan. Pero pasa cuando menos espera uno y no saben los vulnerables que estamos. Completamente vulnerables.

 

 

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