Semana Santa

 

El coche no es el mejor de todos, pero tampoco un impedimento para que Chávez (Tenoch Huerta), su novia Dalí (Anajosé Aldrete Echevarría) y Pepe (Esteban Ávila), el hijo de ésta, viajen a Acapulco con la intención de experimentar las mejores vacaciones de sus vidas en un modesto hotel.

En el afán de pasarla bien como familia, al principio van juntos a todas partes: se acompañan a comer, se toman fotos, juegan en la playa y ven televisión, pero conforme pasan los días, cada uno encuentra su propio lugar, sin poder evitar mostrar lo disfuncionales y desarraigados que son.

Dalí se pierde en sus vicios, al grado de no saber lo que hace su hijo ni con quién está; Pepe se dedica a explorar por él mismo el hotel, la playa y a interactuar con los huéspedes, así no hablen su idioma; y Chávez busca divertirse sin limitaciones, y si eso implica dejar de lado a su novia y tratar de ligarse otras chavas a las que les trae ganas desde su arribo al lugar, no tiene ningún problema en aventarse.

En apariencia, en Semana Santa (México/2015) no sucede nada. La cinta escrita y dirigida por Alejandra Márquez Abella, inicia con las implicaciones típicas de cualquier familia que hace un viaje en temporada de vacaciones, incluso, por la sencillez en cómo está filmada, pareciera que las imágenes fueron tomadas de manera no profesional, pero no es así. Hay una intención clara.

Aunque hay lazos (forzados) que unen a los tres vacacionistas, su deseo inconsciente, involuntario o indirecto de cohesionar no es más fuerte que la realidad. Desde antes de llegar a su destino recreativo, en su cotidianidad, no son un trío unido, ni siquiera funcionan por separado, como pares. Es evidente que la relación de pareja no está del todo bien; entre la madre y el hijo, criado por la abuela, tampoco existe integración; mucho menos hay un interés de más cercanía entre el pequeño con ese que quiere ocupar el lugar del padre, por eso le mata la esperanza cada que puede: “¿si mi mamá te quiere tanto a ti, por qué sigue usando la playera de mi papá?”.

Como es su costumbre, Tenoch Huerta hace una excelente interpretación, como ese enamorado que quiere pertenecer e integrar a una “familia” que está muy lejos de serlo, realmente: su esmero, entusiasmo y méritos, así como sus reacciones de coraje, desilusión cada que su hijastro le hace desplantes y momentos de galanteo, son muy convincentes. Anajosé Aldrete Echevarría también es muy creíble como la mamá a la que solo le importa la fiesta, divertirse bajo el efecto de cualquier sustancia, sin tomar en cuenta que la abuela no está ahí, para que le cuide a su hijo.

A propósito del periodo de descanso, que da para ver cine en línea —la película está en Netflix— vale la pena revisar Semana Santa porque ofrece una mirada interesante a un grupo peculiar que intenta unirse, pero le resulta más sencillo obedecer a sus intereses individuales y, mejor, cada uno se va por su propio rumbo; es de esas cintas sencillas, cotidianas, reflexivas, que no necesitan un gran presupuesto ni de una técnica demasiado elaborada para llevar a la mesa temas atrayentes y oportunos. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 25 de marzo de 2018 en la edición 791 del semanario Ríodoce.

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