Los bañistas

 

Las grandes ciudades tienen la particularidad de que las relaciones personales son escasas.

La cordialidad, modales, convivencia, camaradería y ayuda mutua de las provincias, prácticamente, no existe ni con los vecinos, menos entre quienes se topan en los lugares públicos: cada uno está inmerso en su propia individualidad y poco o nada sabe ni le importa lo que le sucede al resto de la metrópoli.

En ese sentido, lo más gratificante de Los bañistas (México/2014) es ese mensaje de solidaridad y cooperación surgido a partir de una necesidad básica, que hace a los demás percibir el problema del otro, al grado de asumir que, sin violentar la intimidad, pueden hacer algo por el prójimo y estar todos en mejores condiciones.

La vida transcurre sin sobresaltos para Flavia (Sofía Espinosa), una chica que llega a la Ciudad de México a estudiar la universidad y le renta el departamento a una de sus tías. La situación es igual de monótona para Martín (Juan Carlos Colombo), un señor de la tercera edad que trabaja en una tienda de venta de ropa para hombres y vive en el mismo edificio que la chava.

Una huelga cambia el transcurso de los días: los manifestantes se instalan justo en la calle donde está el inmueble en el que viven Flavia y Martín, lo que provoca que ella no pueda regresar a la escuela y que se cierre el negocio del que está a punto de jubilarse él.

Al deber varios meses de renta, a Flavia la echan de su departamento y no encuentra otro lugar mejor para dormir que el pasillo del inmueble, por lo que Martín la invita a quedarse en su casa, mientras la situación mejora, pero después de varios días todo sigue igual.

Las cosas cambian cuando Sebastián (Harold Torres), uno de los huelguistas, le pide a la chica que le preste el baño a cambio de algo de comida. A partir de ese momento, cada uno encuentra un beneficio de lo que antes era un problema y entiende que, entre todos, la carga puede ser menos pesada.

El director Max Zunino es muy asertivo en mostrar la personalidad de los protagonistas a través de sus propios espacios: la inestabilidad de Flavia en ese escaso y revuelto departamento; el orden y moralidad de Martín por cada objeto en su sitio y la ropa bien planchada. A pesar de la diferencia de edad, la mancuerna entre Espinosa y Colombo funciona muy bien. Primero como esos desconocidos que se ignoran a pesar de vivir uno frente al otro, luego de compañeros de cuarto distantes e incómodos que comparten un lugar debido a las circunstancias, y después como cómplices que encuentran una solución en medio del caos.

De manera individual, Espinosa y Colombo entregan cada uno una actuación destacable, tanto por esos puntuales y graciosos diálogos, como por esos expresivos silencios, miradas y gestos: ella coqueta, cínica, chantajista y aprovechada; y el de responsable, disciplinado, parco y recto.

Los bañistas, también escrita por Sofía Espinoza junto a Max Zunino, es de esos filmes mexicanos en Netflix que valen la pena ver —humanistas, cotidianos, (más) realistas, precisos, bien elaborados sin extravagancia— y que deben ser más frecuentes en la cartelera, en lugar de otros que hacen mucho ruido, pero ofrecen poco o nada. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 1 de abril de 2018 en la edición 792 del semanario Ríodoce.

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