Camino a marte

 

 

Con altas y bajas, la práctica de Humberto Hinojosa como realizador tiene constantes destacables: la naturaleza y los espacios abiertos, específicamente la playa, su lugar favorito, prevalecen en sus cintas; sus historias tienden a ser sencillas y más cotidianas; recurre a pocos personajes y siempre son tres los implicados principales, en mayor medida, dos hombres y una mujer, a excepción de Camino a marte (México/2017) en la que son dos chavas y un chico. La principal de sus características es ser un cineasta arriesgado que no necesita de la gran Ciudad de México para contar sus relatos, en los que explora el drama, el thriller y la road movie, aderezados con toques de comedia.

Su mayor logro es Oveja negra (2009), su primera película, acerca de dos jóvenes criados juntos que no se llevan nada bien y se enamoran de la misma chica: una cinta sencilla, divertida, con buenas actuaciones. A partir de su segundo trabajo: I Hate Love/Odio el amor (2013), de dos chicos que vacacionan en una playa y, de nuevo, quieren a la misma chava; pasando por el thriller Paraíso perdido (2016), de tres muchachos que se van de fin de semana a una isla y viven lo peor, su praxis se volvió de pocos buenos momentos, algunas interpretaciones decentes, música armoniosa, pero de historias predecibles, que no logran cuajar, de resultados más decepcionantes que agradables.

Emilia (Tessa Ia) es una chica que padece una enfermedad terminal, pero harta de pasar en una cama tomando pastillas, un día se escapa del hospital, acompañada de su amiga Violeta (Camila Sodi), con la idea llegar a Balandra. En la tienda de una gasolinera, las chicas se topan con un extraño chavo (Luis Gerardo Méndez) que no habla —le llaman Mark, por una fuerte tormenta que se avecina— al cual se llevan en el coche, para salvarlo de los golpes del dependiente. Más tarde, el chico les dirá que viene de otro planeta.

El viaje a la playa se volverá de sorpresas para los tres, en donde conocer lugares extraordinarios, comparar lo que se hace en los dos planetas y experimentar el amor, los llevará a confrontarse entre ellos, pero, sobre todo, consigo mismos.

La cinta no es la mejor de Hinojoza —escrita por él junto a Anton Goenechea— pero como todo, tiene aciertos y debilidades. Lo más interesante es que se trata de una road movie por Baja California Sur, un lugar poco explorado, tanto en el cine como en la realidad, con escenarios hermosos, muy bien aprovechados por la cámara de Guillermo Garza, con una música muy agradable y oportuna.

A pesar de que Tessa es quien mejor se desempeña como la chica a punto de morir que vive al límite y no pierde el entusiasmo de cumplir su, quizás, último sueño; de que Luis Gerardo salió un poco de lo mismo; y a Camila le sienta bien ese papel de adolescente tardía, las actuaciones no son lo mejor de la película.

El problema es que, entre el “raro” discurso extraterrestre, las comparaciones entre los planetas, una enfermedad terminal que no ataca como tal, historias que no embonan y un final demasiado abierto, el resultado es contemplativo y desintoxicante, pero menor. Vaya a verla… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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