Fernando Rivera Calderón: la poesía que se queda en la banqueta

Fernando Rivera Calderón: la poesía que se queda en la banqueta

El escritor y músico apuesta por una poesía cercana, hecha de lo cotidiano y del humor

 

 

Para Fernando Rivera Calderón la poesía ocurre abajo, en la calle, en la banqueta, en medio del ruido y de la vida diaria. Ahí donde un niño bosteza durante una feria del libro y sin proponérselo, detona un poema.

No es casual que, cuando se le pregunta cómo define lo que escribe, dude de las etiquetas. Hay quienes le llaman antipoesía o no poesía, pero él insiste en algo más simple: poesía, sin más.

En su caso, escribir no tiene que ver con alcanzar una forma pura, sino con encontrar una manera de decir. Y esa manera, casi siempre, pasa por despojar al lenguaje de pretensiones.

Su trayectoria ayuda a entender esa postura. Rivera Calderón ha transitado con naturalidad entre la música, la literatura y los medios de comunicación. Como integrante del proyecto musical Monocordio, ha construido un repertorio donde la canción dialoga con la crónica urbana y el humor.

En la radio y la televisión ha desarrollado un tono crítico y lúdico a la vez y en la escritura, con novelas, crónicas y poesía, ha mantenido una voz reconocible: cercana, irónica, profundamente anclada en la cultura popular.

Se asume como un poeta de la calle, de la ciudad, de lo que ocurre a ras de suelo. No busca diferenciarse a través de palabras complejas ni construir una distancia con el lector. Su interés está en acercarse a quien lo escucha o lo lee, que reconozca algo propio en lo que dice.

“Escribo a todo, escribo hasta a los payasos cuando van a dar un pastelazo o a los escritores cuando terminan su novela. Para mí, cualquier cosa es susceptible de convertirse en un poema. Lo cotidiano absolutamente”, dijo.

“Yo siento que hay una poesía de poesía, una poesía callejera, una poesía doméstica y le puedo hacer un poema igual al horno de microondas que al control remoto, que al amor de mi vida. La poesía está en los ojos de quien la mira”.

 

Escribir poesía

Sus temas surgen de cualquier parte. No hay jerarquías ni asuntos mayores o menores. Puede escribirle a Juan Gabriel, al amor, a la muerte.

En uno de sus libros, incluso, hay una sección dedicada a electrodomésticos: poemas al refrigerador, al control remoto, a los objetos que acompañan la vida diaria sin que nadie repare demasiado en ellos.

En otra parte aparecen epitafios, muchos, como si ensayara distintas formas de despedirse o de reírse de la muerte antes de tiempo.

También hay zonas más densas, como el poema dedicado a un amigo que se suicidó.

Para Rivera Calderón, cualquier cosa puede convertirse en poema porque la poesía no está en el tema, sino en la mirada que se posa sobre él.

Su proceso creativo tampoco responde a una fórmula, las emociones van encontrando su propio cauce. Lo amoroso o lo íntimo suele derivar en poemas o canciones; lo social y lo político, en cambio, se transforma en humor, en sátira, en sketch.

La política aparece en su discurso con naturalidad. Se asume como una persona de izquierda y no esquiva su postura, pero tampoco la convierte en un dogma.

Insiste en la necesidad de pensar, de cuestionar, de no aceptar versiones simplificadas de la realidad. Habla de la falta de educación política, de los relatos que distorsionan la historia, de la importancia de entender cómo se ha construido el presente.

“Desde hace muchos años me gusta ser muy crítico en términos políticos, eso no implica que no tenga una postura política muy clara, soy una persona de izquierda, soy una persona que votó por la presidenta Claudia Sheinbaum”, apuntó.

“No me considero en absoluto una persona que esté del lado de la cancelación de los derechos o que le aplauda a Trump o a algún rey, de ninguna manera”.

 

Escribir para resistir

Para él, escribir es también una forma de resistir frente a un país atravesado por la violencia, el abandono y el desgaste, el arte aparece como una posibilidad de reparación.

El humor juega un papel clave en todo esto. Rivera Calderón recurre a la risa para decir lo que de otra forma sería difícil de sostener.

Hay en su trabajo, dijo una conciencia de que el enojo es una reacción fácil ante el mundo actual. Lo complejo es encontrar, en medio de ese escenario, algo que todavía merezca ser nombrado desde otro lugar.

También hay, en su discurso, una crítica a cierta idea de la poesía como territorio inaccesible. A esos autores que escriben desde la distancia, que parecen hablarle a un lector inexistente.

Frente a eso, él propone una poesía que se mezcle, que se contamine, que no tenga miedo de lo simple. Una poesía doméstica, urbana, cercana. Que pueda hablar del amor y de un electrodoméstico sin perder sentido.

“Para mí la poesía es muy urgente y es necesaria, porque para muchos ni siquiera debería existir, como que es un terreno de lenguaje, incluso entre los escritores” apuntó.

“La poesía es del género literario que menos vende, pero yo sigo pensando que es el que más llega a la mente y a los corazones de las personas. Y esa es mi manera de resistir, por supuesto”.

Artículo publicado el 22 de marzo de 2026 en la edición número 22 del suplemento cultural Barco de Papel de Ríodoce.

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