El sollozo por el reclamo de la madre de Fabiola Vianey

El sollozo por el reclamo de la madre de Fabiola Vianey

Manifestación silenciosa a las afueras del tribunal en Los Mochis

A la distancia, la señora se ve tranquila, pero en la cercanía su tristeza, el dolor y el pesar se revelan en ese llanto reprimido, en el sollozo.

Es Fabiola López Berrelleza, madre de la maestra Fabiola Vianey Leyva López, localizada sin vida en una alcoba de una casa en el callejón Juan de la Barrera, en Los Mochis, el 17 de junio del 2022, poco después de las 16:30 horas.

Ella había llegado puntual a la audiencia intermedia en la causa penal 276/2022 que por feminicidio y desaparición de personas se le sigue a Luis Carlos Salazar Cota, otro maestro con quien Fabiola Vianey tenía cercanía, tanto que él le había prestado dinero para amueblar una casa que ella ocupaba en un intento por independizarse.

En esa relación, algo se fracturó, se quebró a tal grado que él terminó matándola en la casa materna.

Incluso, ocultó el cuerpo en su recámara, mientras amigos y familias denunciaban la desaparición de la chica. Fue tal la cosa, que el profesor de música declaró horas antes de entregarse, y negó saber su paradero, cuando el cuerpo estaba en su propia casa.

Sin embargo, terminó por entregarse cuando confesó el caso a su madre. Ella misma lo llevó ante los policías y lo entregó; él, terminó delatándose.

Por eso, él está sentado en el banquillo de los acusados. Ya no es el joven regordete que compareció la primera vez ante el juez de control. Ya no está tan descuidado. Ahora luce resuelto, tranquilo, portando una sudadera de color rojo que contrasta con el negro de sus tenis y el azul del jeans. Sus abogados le han explicado el proceso que enfrenta, y piden aplazar la audiencia para estar en condiciones de una asistencia técnica adecuada al caso.

Él no habla, y no voltea hacia su izquierda, en donde está sentada Fabiola madre.

La señora casi lo tiene de frente. Lo mira sin que ninguna emoción refleje sus pupilas. De vez en vez, ella se toca la nariz, como si se limpiara un moqueo que no se ve que aparezca.

La audiencia es aplazada por acuerdo entre la fiscalía y la defensa. Ambas partes esperan acordar una sentencia para evitar el juicio.

Una vez afuera, los deudos y sus amigos se manifiestan. Muestran cartulinas para exigir justicia en el caso, tienden pendones en el piso, y se colocan alrededor de esa manta de vinil.

Fabiola madre apenas puede pronunciar palabra. Dice que espera la justicia para su hija, y que su victimario tenga una pena ejemplar.

No dice cuántos años de cárcel espera que pase a la sombra el muchacho, sino que esa cifra la deja en manos de la fiscalía.

Recuenta que ha sido duro, muy duro vivir en esa ausencia repentina de una hija que era amada.

Junto a un lado de Fabiola madre, está otra mujer adulta, con rasgos indígenas. Ella también ha perdido a una muchacha. Y los responsables están frente a ella. Son tres, todos jóvenes, enclenques. Son Rafael Eduardo Jocobi, Jittua Celestino Cozari y Roberto Cóazari Zacarias, que enfrentan una investigación por el feminicidio de María de Jesús Basópoli Espinoza, perpetrado en los alrededores de San Miguel Zapotitlán.
De los tres imputados, dos se niegan a aceptar un acuerdo con la fiscalía y un tercero ya se acogió. Sin embargo, el acuerdo no se puede ejecutar porque la defensa es la misma persona, lo que es contrario a derecho por existir dos posiciones de los acusados.

Así, en decisión salomónica, el juez decide suspender la comparecencia, llamar a un segundo abogado defensor y reagendar la audiencia.

A un costado de los tres sujetos, esta una mujer a quien le pidieron se colocara al revés una playera en la que llevaba impresa la imagen de María de Jesús. Con esa manifestación, ella también pedía justicia para el crimen, pero contrario a los seguidores de Fabiola, ella estaba sola, acompañada únicamente por su sombra.

Por eso, ella entró y salió de la audiencia, sin pronunciar palabra.

Ambas mujeres están presas con su mismo dolor, el haber perdido a un ser entrañable a manos de hombres cuyos pensamientos que pasaron por sus mentes no conocen.

Una lleva el respaldo de muchas personas, la otra va sola. Una no se rinde, la otra tampoco. Una habla de justicia, la otra la pide en silencio.

Y así, ambas se retiran, absortas en sus pensamientos.

Las audiencias con los victimarios se han reagendado.

Artículo publicado el 09 de abril de 2023 en la edición 1054 del semanario Ríodoce.

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