La Navidad no es un cuento de hadas

ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR. Mensajes de polarización.

Unos momentos antes de empezar a escribir este texto escuché una expresión sobre el significado sustantivo de lo que debería ser la Navidad. Decía esa persona que es el momento en que “los seres humanos deben abrir sus corazones y sacar lo mejor de ellos”.

No hay que dar muchas vueltas a este sustantivo si no es para recordar que en estos días se arrean las banderas de la discordia, los rencores, las admoniciones políticas y hasta atentados. No son tiempos para treguas y menos para el diálogo, el entendimiento, la reconsideración, el perdón, la fraternidad.

Y es que el deber ser de ese sustantivo resulta todo un desafío, en un país donde todo el año hemos visto como se atiza el fuego de la discordia, las amenazas, el desencuentro, el odio, los rencores.

Y este no es cualquier desencuentro sino aquel, que se queda en la psique colectiva, para que desde el poder se le transforme en bandos irreconciliables. O, acaso, ¿no es lo que vemos en las conferencias de prensa mañaneras del presidente? ¿O, no es, en lo que subyace en esa narrativa dicotómica, binaria, de buenos y malos, de liberales y conservadores?

Entonces, la Navidad, más allá de la parafernalia luminosa del mercado, con sus árboles de luces centellantes, las coronas de adviento, los bastones de caramelos, los listones colgados en las puertas, los calcetines rojos colgados de una percha y los infaltables belenes, están los hombres de carne y hueso, dispuestos a colgarle sus propias miserias provenientes de un fogón en el que se atiza intensamente.

Y es cuando, la Navidad puede transformarse de un lugar de encuentro en otro marcado por el desencuentro porque la polarización, está demostrada, que rompe familias, amistades, colectivos de vecinos. Destruye la buena comunicación para dar paso al diferendo irreconciliable. Y todo por la disputa de una verdad absoluta.

O, peor, por el rechazo o la defensa de un líder o un mito. Aquel que a diario echa gasolina al fuego. Que anima a sus seguidores hacer lo propio en el ámbito de influencia porque están convencidos de que solo así podrá hacerse la transformación que México necesita. Rompiendo madres, cómo antes nos dicen, lo hicieron otros mexicanos, en la Reforma, la Revolución y el Cardenismo.

Y no hay engaño, cuando AMLO sale y les dicta en Palacio Nacional a los senadores y diputados morenistas: “que cuando se tiene que optar entre la eficacia política y los principios, no hay que titubear: del lado de los principios”, y sucede “lo mismo cuando se habla de derecho y justicia, no hay que titubear: justicia”.

Que en clave democrática significa que se impone la subjetividad sobre la ley porque quien podrá decidir sobre lo que son los principios y la justicia, cuando los principios son flexibles, como lo dijo alguna vez el comediante Groucho Marx sospechoso de comunista: “Damas y caballeros, estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros”, y respecto de la justicia me quedó con la definición de Santiago Rusiñol, el pintor y escritor catalán, quien alguna vez afirmó: “Cuando un hombre pide justicia es que quiere que le den la razón”. Y, vaya, la atmósfera en Palacio Nacional no era precisamente para aguafiestas y contradecir, además, no había espacio para la discrepancia frente al monólogo presidencial. Así que todos estuvieron cumpliendo la máxima de “calladito te ves más bonito o bonita”.

No sé cómo, ni cuándo, saldremos de este ambiente de polarización. Lo único seguro es que cuando suceda no saldremos bien librados. Sus efectos se respiran en la atmósfera y tiene sus incentivos cuando “están” al servicio del proyecto, el movimiento, el líder y el mito. Un proyecto transformador que es más narrativa nostálgica que efectividad; un movimiento que actúa de vez en cuando y a convocatoria del presidente; un líder indiscutible de esa masa susceptible a la retórica y un mito construido a golpe de escándalos que se les resbalan al poder.

En definitiva, esta Navidad, marcada por la polarización y las malas noticias, reclamaran de toda la empatía para hacer de ella un punto de encuentro en la diferencia pues solo así podremos abrazarnos por encima del malestar y la incertidumbre colectiva.

¡Qué así sea!

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