El colmo: la izquierda entroniza a los militares

El colmo: la izquierda entroniza a los militares

Por iniciativa del presidente Andrés Manuel López Obrador, el Senado de la República acaba de dar un paso que hace años se nos hubiera antojado impensable para un gobierno de izquierda. Se reformó la constitución, para que, de aquí en adelante, la Guardia Nacional, creada apenas en marzo de 2019, pase a ser administrada por la Secretaría de la Defensa. Se dijo siempre, cuando se propuso su creación, que sería de carácter civil y, aunque casi nadie creyó que sería así, finalmente, en medio de razonamientos en contra y protestas de todo tipo, terminó conformándose con elementos que provenían de la desaparecida policía federal —los menos—, de la Armada de México, y del Ejército Mexicano. Los mandos, por supuesto, todos castrenses —si a alguien le hace feliz pensar que la secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez, es realmente un mando, morirá engañado pero feliz.

Muchos criticaron al presidente por haber cambiado de opinión, como él mismo lo reconoció en una de sus conferencias mañaneras. Luego se justificó citándose él mismo en uno de sus libros La salida, publicado antes de ser presidente, donde dice que conformará la Guardia Nacional.

En realidad, para el combate a la delincuencia, AMLO traía la idea de darle más facultades al ejército desde 2006. Lo dijo en el debate que tuvo con los otros candidatos de esa elección, entre ellos Felipe Calderón y Roberto Madrazo.

Dijo en una de sus intervenciones:

“El problema de la inseguridad pública y de la violencia, no solo es un asunto de policías y de ladrones; tampoco creo que se avance mucho con cárceles, con amenazas de mano dura o leyes más severas…”. Habló de “combatir la corrupción, no caer en el error de proteger a una banda y castigar a otra, aplicar la ley por parejo… también vamos a dar más facultades al ejército para el combate al crimen organizado”.
Eso pensaba Andrés Manuel desde entonces, solo que el desastre que significó que Calderón sacara a los militares de sus cuarteles, sin una estrategia clara, sin siquiera un diagnóstico claro del problema que significaba el crimen organizado y sin controles efectivos sobre los mandos, le dio elementos para hilvanar un discurso opositor, con justa razón, demoledor.

Así que AMLO no es incongruente; de hecho, ese filón de que hay que combatir la pobreza y darle oportunidad a los jóvenes como una forma de combatir la violencia, lo trae también desde entonces. El problema es que ese discurso se le revirtió ahora que es presidente, al grado de que, a pesar de que trata de distanciarse de Calderón y de Peña Nieto y de Fox, con lo que está haciendo cada vez se parece más a ellos.

Lo militares, con Fox, con Peña, con Calderón, con Echeverría, con López Portillo, con AMLO y con los que vengan después, han sido, son y serán los mismos. Es una estructura del poder en México, sujeta a marcos normativos. Pero no hay que olvidar que dentro de esos mismos marcos es que han sido parte de los episodios más dolorosos en la historia de este país. Y su naturaleza no va a cambiar porque esté AMLO en el poder, o Morena. Fueron lo que son con el PRI, fueron lo mismo con el PAN y serán lo mismo con los que están ahora y con los que vengan después. La diferencia es que ahora tendrán infinitamente más poder que antes. Más respaldo constitucional y legal y con recursos económicos que nunca soñaron. ¿Alguien, de cualquier partido, se atreverá a desmantelar lo que el presidente López Obrador está conformando si lo considera necesario? No lo creo si eso significa enfrentarlos. AMLO y Morena están haciendo las cosas como si fueran a estar toda la vida en el poder.

¿Que le van a pedir perdón a los mexicanos si se equivocaron, como dijo una senadora? No, pues qué alivio. ¿Qué dirá ahora la izquierda a las víctimas del 68, a los familiares de los desaparecidos y asesinados de Ayotzinapa y a las comunidades indígenas de Chiapas arrasadas por el ejército luego del levantamiento zapatista? Tenía razón José Emilio Pacheco cuando dijo en aquel minipoema, Viejos amigos se reúnen, y que a Cayetano Osuna le gusta tanto citar: “Ya somos todo aquello, contra lo que luchamos a los veinte años”.

Bola y cadena
NI LOS DIPUTADOS NI LOS SENADORES tuvieron siquiera la intención de investigar hasta dónde la Guardia Nacional estaba cumpliendo con los objetivos y tareas que se le impusieron hace poco más de tres años. Tampoco si el apoyo que las entidades reciben del Ejército Mexicano en tareas de vigilancia y lucha contra el crimen organizado, se ha traducido en resultados. Ni los legisladores de la oposición, ni de los de Morena y sus aliados. Estos tenían la consigna de apoyar ciegamente a su líder, el presidente AMLO, y los otros de rechazar la iniciativa. Y así ocurrió, con la nota de color de que el líder de los senadores morenistas, Ricardo Monreal, jugó con los opositores y al final los dejó colgados de la brocha.

Sentido contrario
EL MUNDO PARECE VOLTEADO de cabeza, un senador sinaloense de perfil neoliberal que se opone a la militarización del país, y una senadora, también sinaloense pero formada en la izquierda radical, que votó para darle más poder a los militares. Propongo un debate entre ellos dos moderados por Ríodoce. Si Mario Zamora e Imelda Castro aceptan, nosotros ponemos el resto.

Humo negro
Y COMO DIJO ALGUNA VEZ ALBERT CAMUS, habrá muchos que dirían ahora, “Soy de izquierda, a pesar de la izquierda”.

Artículo publicado el 11 de septiembre de 2022 en la edición 1024 del semanario Ríodoce.

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