Cine: ‘Demasiado grande para cuentos de hadas’

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Mientras su madre (Karolina Gruszka) se va de la casa por varios días para ocuparse de un asunto de salud, Waldek (Maciej Karas), quien suele competir en equipo en torneos de videojuegos, su actividad favorita, se queda al cuidado de su tía Mariola (Dorota Kolak), una señora con una personalidad muy particular, quien buscará que su sobrino esté muy ocupado todo el día, para que aprenda a ser independiente y no le dedique tantas horas al juego y los amigos.

A grandes rasgos, Demasiado grande para cuentos de hadas (Za duzy na bajki/Polonia/2022), dirigida por Kristoffer Rus, es una película mediana que tiene sus debilidades en la historia y la estructura narrativa, pero muy oportunas y necesarias fortalezas, en los temas que aborda.

La trama es muy sencilla. En esencia no es nada que no se haya visto antes. No obstante, la falla más significativa de la película disponible en Netflix es que no es lo suficientemente divertida, ni siquiera para los más pequeños, ni tampoco tan dramática, como pretende ser. Tanto un aspecto como el otro carecen de fuerza, por lo que no hay nada que provoque la risa genuina, ni que conmueva, realmente.

La cinta está contada de manera lineal, sin sobresaltos, pero su ritmo tiende a ser lento. A pesar de que tiene una duración adecuada, hay situaciones que no abonan a la historia, son redundantes y eso hace que se perciba más larga de lo que es.

Sin embargo, el filme “vale el boleto” por otras razones. La primera es la naturalidad en la actuación de Maciej Karas, quien tiene el mayor peso y presencia en la historia: sus creíbles reacciones tanto de desagrado, molestia, cansancio, tristeza como de alegría y esperanza, son de los elementos que sostienen la historia.

Lo segundo es que la película escrita por Agnieszka Dabrowska, basada en su propia novela, acierta en exponer la sobreprotección, justificada o injustificada, que algunos padres ejercen hacia sus hijos, por lo que tiene que llegar alguien de fuera para señalarlo y hacer algo en función de la independencia de los niños, para que aprendan valerse por ellos mismos, y sobre todo que se asuman capaces de poder lograrlo; que salgan, jueguen y se diviertan, sin descuidar sus deberes. Quizás habría que poner atención a este aspecto, no solo en la película, sino en la vida real.

El otro punto favorable es ese mensaje en el que se intenta recalcar que la condición física no es determinante, al menos, para interesarse en la persona más bonita y que esta sepa ver el interior, el ser, y no darle más importancia a un cuerpo que, con el paso de los años, inevitablemente cambiará. Está claro que mientras no haya implicaciones de salud, tener kilos de más no debería ser una limitante para nada, tal cual lo entiende el pequeño Waldek, al interesarse e ilusionarse con las niñas a su alrededor, y no intimidarse para hacérselo saber.

Aunado a lo anterior, la cinta pone sobre la mesa temáticas que nunca están de más, y lo hace de manera adecuada, como la amistad (con todo y sus altibajos), el amor entre padres e hijos, las repercusiones que ocasiona la ausencia de los padres, y el luchar por conseguir una meta. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 21 de agosto de 2022 en la edición 1021 del semanario Ríodoce.

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