sábado, septiembre 24, 2022
  • 00
  • Dias de Impunidad
  LO ÚLTIMO

Malayerba: El gangoso y el sordo

malayerba-el gangoso y el sordo

Ahí estaban, sentados. El sordo con su acordeón y el gangoso abrazando la guitarra. Día de lluvia en la colonia 10 de mayo. Habían sido recogidos en el centro camionero, frente a La faja de oro.

Pero ya estaban cansados. Una tocada previa de cuatro horas los tenía empapados y con manos y brazos entumidos. De nada les valió suplicar ni insistir en que estaban exhaustos.

Es un ratito nada más. Si acaso una hora y ya. Y de repente estaban frente a dos hermanos y la madre de éstos. Se aventaron La casita de paja y Flor de capomo. Y otras más. Hasta que empezaron a protestar.

¡Do be la tsé! Y el otro lo secundaba con gritos y monosílabos: ¡¿Queeé?! Pronto éstas se convirtieron en sus respuestas favoritas. Luego insistían en el cansancio. Así fue, una tras otra, ante cualquier petición de canción.

Hasta que les dieron tregua. Y les sirvieron cerveza y de comer. Los botes vacíos de tecate ya hacían montoncito en los pies de ambos. Después les llegaron unos burritos de machaca, queso fresco y carne asada.

Los dos anfitriones querían adular a su madre. Pero aquellos músicos eran unos aguafiestas. Por eso la tregua: que agarren viada estos cabrones. Y nomás terminan que vuelvan a tocar.

Pero fueron cuatro canciones más. Volvieron a renegar. ¡Do-be-la-tsé! Y el sordo repitiendo el ¡qué! a gritos. Le agregaron los pleitos entre ellos y las canciones a medio terminar: que los tonos, que la letra, que desafinado.
Hasta que le colmaron la paciencia. Se levantó del sillón individual que ocupaba. Desde ahí había cantado y gritado durante esa breve velada. Ahora, él, que era quién iba a pagar, tenía que ajustar a los músicos.

Mira, cabrón. Te voy a pagar y bien. Y ahora te quieres hacer el listo. El aludido se le quedó viendo mientras el joven le aplastaba el hombro con el dedo índice. ¡¿Queeé?! le contestó, a manera de burla. Que no se hagan pendejos y empiecen a tocar o se los lleva la chingada. ¡Do te tedgo biedo!, terció el de la guitarra.

¡Ah!, con que no me tienes miedo, cabrón. Pérame tantito. Salió de la sala agrandando sus pasos y volvió con un cuerno de chivo. Cortó cartucho. Y le volvió a preguntar si le tenía miedo. ¡Do!, ¡Do te tedgo biedo!

Entonces miró a su madre, sentada en una esquinita y con una sonrisa ínfima, que le decía no con la cabeza. Y su hermano en el otro lado. Serio. Fue él quien se levantó.

Llegó hasta ellos y se quedó ahí, mirándolos. Con sus brazos largos y esos dedos como pinzas. Atrapó la clavícula del gangoso con esas llaves estinsol. ¿Y a mí no me tienes miedo?

El dolor era insoportable. La mirada también. ¡Ts-s-s-í!, ¡A ti t-s-s-í! Y lo soltó. Pero ya la fiesta se había perdido. Cinco canciones más. Eran las dos de la mañana. La lluvia arreciaba.

En la camioneta negra los fueron a dejar. Pidieron que les dieran chansa de irse en la cabina. El patrón les dijo que a la chingada para atrás.

Patinó adrede sobre el pavimento. Aprovechó curvas para zangolotearlos. De esquina a esquina, deslizando sus nalgas sobre la caja. Y en medio de la lluvia, a tres cuadras, saltaron. No se detuvo. Ni ellos tampoco.

Artículo publicado el 12 de junio de 2022 en la edición 1011 del semanario Ríodoce.

Facebook
Twitter
WhatsApp
Email
RÍODOCE EDICIÓN 1025
18 de septiembre del 2022
GALERÍA
Un #terremoto de magnitud 6.9 sacudió el sureste de Taiwán este domingo, indicó el USGS, dejando al menos una persona muerta y más de 70 heridas; y activando alertas de tsunami a lo largo de las costas.
COLUMNAS
OPINIÓN
El Ñacas y el Tacuachi
BOLETÍN NOTICIOSO

Ingresa tu correo electrónico para recibir las noticias al momento de nuestro portal.

cine

DEPORTES

Desaparecidos

2021 © RIODOCE
Todos los derechos Reservados.