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La recuperación pendiente: los pobres

IMPACTO DE LA PANDEMIA. Primero los pobres. Foto: Rogelio Morales/Cuartoscuro.com.

La Universidad Iberoamericana y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (ONU-UNICEF) realizaron en octubre la Encuesta de Seguimiento de los Efectos del COVID-19 en el Bienestar de los Hogares Mexicanos (ENCOVID-19), que busca generar información relevante para mejorar la atención de la población que más está sufriendo las consecuencias negativas de esta crisis sanitaria, económica y social.

Lea: Once millones más de pobres https://bit.ly/37iHD38

Los resultados registrados en el mes de octubre muestran el terrible impacto en las condiciones de vida de los más pobres.

El 80 por ciento de los hogares de bajo nivel socioeconómico tiene preocupaciones o dificultades para disponer de alimentos.

El 30 por ciento de los hogares tiene ingresos de menos de la mitad de los que tenía antes de la pandemia.

El 42 por ciento de los hogares han dejado de tener ingresos en por lo menos el 30 por ciento de los que tenía previo a la pandemia. Esto es, a lo mucho ganan siete de cada 10 pesos que ganaban antes.

El 60 por ciento de los hogares reporta alguna reducción de sus ingresos con respecto a los que tenían en febrero.

Entre mayo y octubre, el porcentaje de hogares que recurrieron a pedir prestado a conocidos pasó de 24 a 37 por ciento, y aquellos que recurrieron a dejar de pagar sus deudas o tarjetas de crédito de 18 a 30 por ciento.

El 21 por ciento de los hogares ha tenido que empeñar o vender alguna parte de su patrimonio.

De acuerdo a las cifras, 3 y medio millones de personas se encontraban desocupadas (6.6 por ciento de la población económicamente activa), es decir, estaban desempleadas, las habían “descansado” sin goce de sueldo o no podían salir a buscar trabajo por la pandemia.

La tasa de informalidad en el nivel socioeconómico bajo se elevó del 64 por ciento al 68 por ciento entre abril y octubre.

El 33 por ciento de las personas de bajo nivel socioeconómico que presentaron síntomas de COVID-19 se realizaron pruebas para saber con certeza si estaban contagiados, mientras que ese porcentaje fue del 50 por ciento en el nivel socioeconómico alto.

Doce por ciento de la población reportó que alguien del hogar había dejado de recibir atención médica por una enfermedad distinta al COVID-19, debido a que se dejó de proporcionar el servicio (45 por ciento), miedo al contagio (21 por ciento), o que le reprogramaron la atención (19 por ciento).

Los síntomas de ansiedad y depresión son mayores entre la población de menor nivel socioeconómico, 34 por ciento en contraste con el 23 por ciento de aquellas de mayor nivel socioeconómico.

Puede haber aumentado el porcentaje de la población en pobreza extrema de 7 por ciento a 13 por ciento, en 8 millones de mexicanos más, y en pobreza de 42 a 51 por ciento, un incremento de 11.5 millones de personas.

Los resultados de la encuesta desmienten la propaganda del gobierno federal de que apoya con programas sociales al 70 por ciento de los mexicanos.

El gobierno del centro no tiene un padrón único de beneficiarios por lo que esa cifra surge cuando suman todos sus apoyos y los compara con el número de hogares mexicanos.

No se hace cargo de que sus programas sociales pueden coincidir en una sola vivienda porque no son excluyentes, así que en una familia puede haber un adulto mayor, un becario y un beneficiario de sembrando vida, por dar un ejemplo.

Además, los 4 millones de préstamos a microempresas, que iban a beneficiar al 12 por ciento de los hogares, no se entregaron totalmente, solo se otorgaron alrededor de un millón y medio.

De tal modo, cuando UNICEF y la Universidad Iberoamericana preguntan a la población solo el 36 por ciento informa que recibe un programa social.

Esta cifra coincide con los resultados del oficial Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) al cual, únicamente el 35 por ciento de los mexicanos entrevistados dijeron ser beneficiarios de un programa social.

Los pobres mexicanos siguen con hambre, sin atención médica, con menos ingresos, pidiendo prestado y malbaratando su patrimonio.

Los programas sociales no impidieron el terrible impacto en las condiciones de vida de los mexicanos. El gobierno federal siguió dando lo mismo a los mismos de antes de la pandemia.

Se siguió apoyando con una cantidad insuficiente porque se siguió priorizando el equilibrio fiscal y el apoyo a PEMEX.

Los pobres mexicanos no tienen foros donde gritar su tragedia. Estos ejercicios de ir a preguntarles nos deben resonar en la razón y la sensibilidad humana.

Si en el pasado no se les apoyó eso no es excusa para que ahora solo se les diga que ellos son primero pero se les deje tan solos como antes.

No hay excusa para darles solo verso, promesas y apoyos escasos y diseñados para otra realidad social, para cuando no existía la pandemia.

La realidad dice que lo que se ha hecho no ha sido eficaz ni eficiente.

Columna publicada el 13 de diciembre de 2020 en la edición 933 del semanario Ríodoce.

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