agosto 3, 2020 8:30 AM

Cadena interminable de contagios en Sinaloa

Culiacán-covid19

Cumplió la cuarentena pero luego salió a la calle, visitó tiendas, restaurantes, cafeterías; luego se sintió mal y ahora espera los resultados de una prueba para Covid-19. 

 

 

Soledad estuvo lo más que pudo trabajando desde su casa. Sus actividades le permitieron hacer el “home office” pero a medida que la cuarentena se fue extendiendo, la necesidad de salir a la calle fue creciendo. Y aún por confirmar, ella es ahora un caso sospechoso de Covid-19.

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La escalada en casos que la Secretaría de Salud reportó durante los primeros días de junio y posteriormente el martes 23, según la propia autoridad, obedece a un desfase: casos reportados tarde o casos confirmados tarde y que al final son todos casos positivos.

Y a esa estadística puede pertenecer Soledad mientras espera el resultado de su prueba. Mientras tanto, ella es una de los más de mil 357 pacientes sospechosos hasta el miércoles 24, cifra que se ha mantenido durante todo el mes.

Y por eso la cadena no se rompe. No termina. Los contagios siguen. Aunque sean reportados días más tarde la cifra rebota otra vez. Un día se reportan menos de 100 y al otro supera los 200 y el tobogán en casos activos sigue.

La explicación del epidemiólogo responsable de la estadística de la Secretaría de Salud, José Pablo Güémez Álvarez sirve para entender por qué la curva se volvió meseta y los contagios siguen en Sinaloa.

“Ante estas características lo ideal sería cortar la cadena de transmisión. Eso es lo ideal y el sueño de todo epidemiólogo y de todos los médicos, cortar la cadena de transmisión. ¿Cómo lo podemos cortar? La cadena de transmisión se puede cortar de alguna manera identificando los casos tempranamente, o sea, haciendo un diagnóstico oportuno y al mismo tiempo ese paciente diagnosticado oportunamente tendríamos que tomar las medidas pertinentes con el caso y con su entorno para poder que ese caso no se propague más”, explica.

“Ahora lo que nos interesa es los casos potencialmente infectantes que en este caso les denominamos casos activos. Por qué, porque la historia de los casos confirmados nos sirve más que todo de estadística pero para frenar la cadena de transmisión tenemos que ver los casos recientes, los que están infectando a la población, esos se llaman casos activos. Todo paciente positivo y que inició sus síntomas en los últimos 14 días y se llama activo porque es el potencialmente infectante y que me puede mantener la cadena de transmisión”, añade el especialista.

Pero se complica. El rango de edad con mayor índice de contagios son las personas entre 25 y 44 años de edad. Ese ha sido el común denominador no sólo en Sinaloa sino en toda la República, y a esa estadística también se suma Soledad, quien con 25 años tuvo que comenzar a moverse por necesidad.

“El detalle aquí también es de que hay muchos pacientes de que como la estrategia aquí es quédate en casa y hay confusión a veces en la parte de que la gente no asiste a hacerse el diagnóstico oportuno, se empieza a sentir mal pero no se toma la muestra, entonces al no tomarse la muestra se va retrasando el diagnóstico”, explica Güémez Álvarez.

Soledad comenzó a experimentar síntomas la noche del lunes 22 de junio y al día siguiente las molestias comenzaron a alarmarla. Después de varios intentos le respondieron en el conmutador que Gobierno del Estado habilitó para tratar casos y dar orientación sobre el Covid-19.

NUEVA NORMALIDAD. El mal que acecha.

Ahí le confirmaron su temor. Como caso sospechoso tiene que hacerse la prueba y esto no es fácil. Tendrá que esperar al menos tres días porque los laboratorios están saturados y luego otros tres días por el resultado, si bien le va. Mientras tanto ya está aislada, pero antes de eso, tuvo bastante actividad.

Previo a su malestar Soledad tuvo que moverse. La tarde del jueves 11 de junio acudió a un negocio de préstamo de dinero. Los problemas económicos la orillaron a solicitar un crédito ya que en su empleo comenzaron junto al quédate en casa a pagarle únicamente la mitad de su salario original, debido a la crisis que ha desencadenado el virus a muchos negocios.

En su casa su madre depende y su abuela dependen de ella, quienes por motivos de la cuarentena no pueden realizar sus labores como trabajadoras domésticas y los menos de 3 mil pesos quincenales dejaron de ser suficientes.

Posterior a cobrar su crédito acudió a sucursales de Banorte, Elektra y luego a una casa de empeño para cubrir adeudos que los días de cuarentena fueron dejando en su hogar. Al día siguiente, viernes 12, tuvo que salir una vez más. Esta vez a una entrevista de trabajo la cual la realizó en una sucursal de restaurantes Panamá.

En los días siguientes entre el lunes 15 y el lunes 22 de junio ese tipo de salidas se repitieron en al menos tres ocasiones, según explica la joven mujer y le añade otras salidas más que fueron producto de la relajación. Un café en el Bonhomía, otro en un Panamá, y también ir a comprar un pastel con un amigo.

Y en todas y cada una de esas salidas no solamente fue un blanco potencial del virus sino un agente de contagio. Después de poco más de 10 días de estar yendo y viniendo entre el trabajo y la convivencia de la nueva normalidad, Soledad ahora está a la espera de sus resultados.

“Una persona ahorita que tenga fiebre, que tenga tos, problema de dificultad respiratoria es potencialmente ‘Covid’ hasta no demostrar lo contrario, entonces tenemos que atenderlo y tenemos que hacerle la prueba pero ahorita también los laboratorios están saturados, aquí también tenemos falta de recurso humano en todo el estado, o sea, están saturados los laboratorios estatales de salud pública y nos está dando resultado con dos, tres días de retraso dependiendo del volumen de trabajo que les llegue cuando deberíamos tenerlos en 24 horas, entonces esa es otra limitante que se está trabajando para apresurar el diagnóstico que sea con oportunidad y poder aislar y tomar las medidas necesarias a cada uno de los pacientes y a cada una de las familias, porque entre más lejos tracemos el diagnóstico entonces las personas se siguen frecuentando, se siguen infectando”, añade el doctor Güémez.

El problema se multiplica con las aperturas de negocios. Y entonces la gente se confía y con medidas más relajadas el contagio se potencializa, y otro factor, según explica José Pablo Güémez, es que no se puede contabilizar a aquellos que enferman pero que no se les manifiesta el virus.

“La enfermedad es muy diversa, generalmente los que manifiestan síntomas sería el 10 por ciento, a lo mucho el 15 por ciento de los que se infectan, son los que tienen sintomatología y ocupan hospitalización, sin embargo con esa cantidad tenemos saturados los hospitales, entonces son situaciones que no estábamos preparados en el país para una pandemia porque es a nivel mundial y con estas características de un virus desconocido donde no tenemos ni medicamentos específicos ni vacuna específica entonces eso nos complica”, señala.

Hasta el jueves 25 los hospitales en Sinaloa tenían un porcentaje de ocupación del 55 por ciento, y en el caso de Culiacán, ciudad con mayor índice de contagios, del 61 por ciento. Y dos de ellos al 100 por ciento, el Hospital Civil de Culiacán y el Hospital del INSABI Covid-19 número 6 de Culiacán.

Y mientras tanto la cadena de contagios no cesa. Personas entre 25 y 44 años al ser la población que está en mayor movimiento son muy susceptibles. Y en Sinaloa la estadística lo explica como anillo al dedo. Soledad es apenas un eslabón de esa larga cadena que no termina por parar.

Artículo publicado el 28 de junio de 2020 en la edición 909 del semanario Ríodoce.

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