agosto 11, 2020 12:41 AM

Otra propuesta: renta vital de emergencia

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Llegamos a junio con 1 millón y medio de desempleados más y 14 por ciento menos de bienes y servicios.

Debemos evitar que la peor crisis económica de la historia reciente se convierta en la mayor crisis social y humana.

Lea: Unidos por los damnificados de la crisis https://bit.ly/3eMYUCn

Apoyar a las familias más afectadas, con recursos para sus necesidades básicas, en los próximos días, significará la vida misma para la mayoría de ellos y permitiría su incorporación a un trabajo digno y productivo a medida que se reactive la economía.

Perdieron sus empleos y cayeron sus ingresos debido a que se les impidió trabajar, por una buena razón, pero no porque hubieran cometido un error.

Es necesario un esfuerzo adicional a los programas sociales establecidos a inicios del año porque el análisis del organismo especializado, CONEVAL, señala que aún con esos programas la crisis del Covid producirá 14 millones de pobres más, en el mejor de los escenarios.

La actividad económica en México bajó 2 por ciento en el primer trimestre de acuerdo al reporte oficial del INEGI y se hundió 14 por ciento en el segundo trimestre según estimaciones de analistas consultados por el Banco de México.

Es necesario apoyar a quienes perdieron su empleo. Entregarles una transferencia de 2 salarios mínimos por 3 meses, 22 mil 475 pesos por persona. El Banco de México calcula que en todo el año se perderán un millón 400 mil empleos formales a lo que se puede añadir un millón más de empleos informales.

A cambio de esa renta vital básica, quienes sean apoyados realizarían trabajos en beneficio de su comunidad (como pintar escuelas), de su familia (mejorar su vivienda), de sus capacidades productivas personales (capacitarse) o acordar con la empresa que lo dio de baja su reincorporación, con ese apoyo, mientras la empresa vuelve a tener capacidad de contratarlo. La inversión requerida es de 60 mil millones considerando materiales para las labores temporales.

De la misma forma es necesario otorgar un salario mínimo durante 3 meses, 11 mil 238 pesos por persona, a los trabajadores por cuenta propia. El costo fiscal es de 68 mil millones de pesos que beneficiaría a 6 millones de mexicanos. Estas son personas que no tuvieron ingresos durante las restricciones, pero que irán retomando la actividad de la que proveían su ingreso principal. Son taxistas, músicos, plomeros…

Dichas personas recibirán sólo un salario mínimo, porque el apoyo es únicamente habilitador para compensar las deudas adquiridas y para que paguen gastos mientras se normaliza su fuente de ingresos.

De esta manera, las personas con menos recursos que fueron más afectadas por el paro de actividades económicas pueden cubrir necesidades mínimas como alimentación y transporte durante la primera etapa de la reactivación económica.

Así mismo, con estos recursos se crea una demanda de bienes y servicios que alienta su producción, fomenta la oferta, activa la economía.

La urgencia de ingresos suele provocar que las personas acepten trabajos poco productivas pero si se les apoya en esta etapa pueden acceder a mejores fuentes de ingresos, de manera que los programas emergentes de hoy evitarán que deba dárseles programas asistenciales permanentes en el mañana.

Estas medidas, sin embargo, no resuelven la situación de pobreza anterior a la crisis y solo establecen algunas de las condiciones necesarias para la creación de empleos. Necesariamente deben ser complementadas con una mejor política social y la implementación de un plan de recuperación incluyente que tenga entre sus objetivos fundamentales la creación de empleos y la democratización de la productividad.

El monto total requerido no es de una dimensión desacostumbrada en los presupuestos gubernamentales: 128 mil millones. Tengamos presente que el gobierno federal recientemente ha transferido a Pemex al menos 162 mil millones de pesos extras: 97 mil en diciembre pasado y 65 mil en abril.

Se debe buscar una fuente de financiamiento. Una crisis como la que tenemos encima nos debería cohesionar más, no dejar a su suerte a los débiles.

La señora Romero vive en una casa de madera con su esposo, dos hijos y sus suegros. Estudió contabilidad pero nunca encontró trabajo en ello. Vendía dulces afuera de dos escuelas y su esposo era mesero. Los primeros días de abril retiraron 4 mil pesos del Afore de él y con eso han comido. Deben la mensualidad de la cama, la luz, el agua, las medicinas del suegro y el internet para las clases de los niños. Se sigue despertando a las cuatro de la mañana todos los días pero, me dice, no a trabajar como antes, sino a llorar porque no ve la salida.

“Mi esposo sale a juntar botes tirados pero ni eso hay”

Son historias de dolor y angustia que tenemos enfrente. Si no hacemos nada por ellos ¿qué tipo de gente, qué sociedad, qué país somos?

Columna publicada el 31 de mayo de 2020 en la edición 905 del semanario Ríodoce.

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