agosto 12, 2020 11:57 PM

Una parroquia que expone la mejor cara en la pandemia: comida gratis y despensas

iglesia del carmen

Llegan desde las 10:00 de la mañana. O si se puede están desde antes. Buscan la sombra para sentarse porque estarán ahí durante tres horas. Todavía no forman la fila pero saben quién va detrás de quién.

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Minutos antes de la 1:00 de la tarde se paran y empiezan a ponerse uno detrás de otro. Son decenas, entre desempleados, indigentes, personas de escasos recursos y migrantes, que esperan para que les den un plato de comida caliente y una botella con agua fresca.

La última persona está en la esquina del boulevar Madero con la calle Paliza y la fila sigue hasta la Andrade, dobla hacia el sur y termina en la esquina con Francisco Villa, en la entrada de la parroquia de Nuestra Señora Del Carmen.

Durante la pandemia de Covid-19 este templo se ha convertido en un oasis de comida para quien no tiene alimentos. Todo empezó con una mesa que el padre Manuel puso afuera de la parroquia con la intención de ayudar a quienes empezaban a quedarse sin trabajo por la pandemia. Había paquetes de harina que le donaron para que quien necesitara los tomara. Actualmente entregan 2 mil despensas diarias y al mediodía 280 comidas calientes.

 

Hoy tocó carne de puerco en salsa verde acompañada de frijol y arroz rojo, con horchata o limonada.

La mayoría de los que están en la cola son hombres, solo se observa una que otra mujer. Una de ellas es Olga. Es empleada doméstica. Tiene 59 años y vive con su marido que es albañil.

Antes de la pandemia limpiaba en varias casas y sacaba de mil a mil 500 pesos a la semana. En estos días la llaman ocasionalmente de una u otra casa, y si le va bien, gana 500 pesos. Y con ese dinero vive, porque su marido no tiene empleo. Desde los primeros días de abril pararon la obra en la que trabajaba y no recibe ningún sueldo.

Los días que ella sale a trabajar pasa por la iglesia del Carmen por un plato de comida. Comer ahí ya es una ayuda para que le rinda lo poco que puede comprar con su sueldo.

“Está muy bien que den comida a los más necesitados, ahorita habemos mucha gente necesitada. Está muy duro todo”, expresa.

En la fila hay un hombre muy sincero. Acepta que no es desempleado ni indigente y tampoco tiene necesidad de alimentos. No es rico, considera, pero su sueldo le alcanza para vivir más o menos. Dice que fue porque andaba por ahí cerca y le dijeron que en la iglesia daban comida gratis. Pasa por su plato de comida y se va.

Aquí no preguntan nada, a nadie le niegan la comida, solo es necesario formarse. Apelan a la buena voluntad de las personas.

Frente a la mesa donde entregan la comida Don Francisco observa a quienes recogen su plato y se asoma hacia la fila. Él no viene por comida. Anda buscando a Manuel Ponce Valenzuela. Es su pariente, tiene 75 años, padece alzheimer y está desaparecido desde el pasado 4 de abril. Ese día salió de su casa en Culiacancito y ya no lo han vuelto a ver. La familia ha recibido llamadas en las que les dicen que lo han visto en algunos lugares de Culiacán pero cuando llegan ya no lo encuentran.

Don Manuel se da la vuelta por la iglesia del Carmen con la esperanza de que Manuel llegue a pedir comida ahí. Trae una hoja con la foto impresa de su pariente y se acerca con algunas personas para mostrarla y decir que lo está buscando. Espera a que entreguen el último plato y se va. Sin encontrar a Manuel.

En menos de 20 minutos la comida se acaba. La fila avanza muy rápido, pues solo es recoger y retirarse. Los voluntarios indican cuándo avanzar y solo permiten que pasen de uno por uno a la mesa. Agilizan todo el proceso para evitar aglomeraciones.

SERVICIO PARA LLEVAR. Altruismo urgente.

 

Los inicios

Todo empezó en abril con una mesa y paquetes de harina. Los primeros días de ese mes, al párroco Miguel Ángel Soto Gaxiola le donaron varias toneladas de harina y decidió poner los paquetes en la entrada del templo con un cartel que decía “quien pueda deje, quien no pueda agarre”. La gente empezó a ir tanto a agarrar como a dejar alimentos no perecederos.

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Días después, la mesa fue insuficiente. Ya se estaban recibiendo toneladas de alimentos que donaban tanto ciudadanos como agricultores y empresarios. Y entonces empezaron a armar despensas.

“Puse la mesa con la harina y así inició la idea y la gente empezó a dejar y a dejar, luego se enteraron los agricultores, los empresarios y hasta la fecha no han dejado de ayudar, son toneladas diarias de comida. Yo pensé que iba durar mientras tuviera harina, unos cuantos días nada más”, expresa el párroco.

Para abarcar a más gente, a finales de abril dejaron de dar las despensas en el templo y empezaron a repartirlas en las colonias por medio de las parroquias periféricas y voluntarios. Para entonces ya repartían 2 mil diarias en promedio.

Luego, a la entrega de despensas se sumó la de comida caliente, cuando un grupo de empresarios se comprometió a donar platillos diarios.

“Tenemos asegurados 280 platillos, desde el 14 de mayo hasta el 14 de junio, va ser un mes lo que donaron estos empresarios, entonces si alguien se quiere sumar al proyecto pues puede ayudarnos trayendo comida en especie, puede traer huevo, puede traer aceite, sopas, puré, eso es lo que ocupamos, o si alguien quiere pagar un día de comidas son 12 mil pesos por todas las comidas o 6mil pesos por 150”, dice el padre Miguel.

Por el patio de la parroquia apenas y se puede caminar. Por todos lados hay cartones o costales con alimentos. Hay tomates, pepinos, chiles, frijol, harina, aceite, atún. Aquí es donde un ejército de voluntarios arma las despensas que todos los días se reparten por las colonias de la ciudad.

La entrega de comidas calientes termina el próximo 14 de junio pero esperan que más empresarios se sumen y continúe la iniciativa, aún después de la pandemia.

Artículo publicado el 31 de mayo de 2020 en la edición 905 del semanario Ríodoce.

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