abril 3, 2020 3:29 am

Un sinaloense narra la vida en China, epicentro del coronavirus

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Desde Chengdu, cerca de Wuhan, la provincia donde inició la epidemia

 

Ríodoce contactó a un joven sinaloense que vive en China. Le enviamos un pequeño cuestionario para que narrara cómo es la vida en la emergencia que se desencadenó desde Wuhan, una provincia en el centro del país, por la epidemia de coronavirus 2019-nCov. Desde su departamento, entre el aburrimiento y una capa de incertidumbre, nos respondió con una serie de videos. Mientras el mundo pone los ojos en China, Cuauhtémoc Cortez Barceló nos envía su diario, lo que enfrentan millones de chinos para contener la epidemia.

 

Hoy es el once de febrero de 2020, nos dice Cuauhtémoc Cortez Barceló desde Chengdu, una provincia China a un par de horas en vuelo de Wuhan, donde se detectó el primer caso de coronavirus y se presentó también la primera muerte.

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Lleva cinco años viviendo en China, y los últimos dos en la ciudad de Chengdu. Uno de los primeros videos (que se subirán completos al portal riodoce.mx) habla del aburrimiento en estas semanas de emergencia sanitaria. Aunque lo peor sería la soledad junto la incertidumbre.

“En estos momentos ayuda no estar solo, tener a alguien más con quien cooperar y apoyarse mutuamente”. Él vive con su pareja, una ciudadana china, sin mascotas, y en un departamento en las alturas de la ciudad.

En otro de los videos con las respuestas al cuestionario, Cuauhtémoc Cortez explica cómo se fueron enterando de la situación. Aunque los primeros casos pudieron haberse presentado al finalizar el 2019, la difusión fuerte que se propagó mundialmente es de los primeros días del 2020.

Inicialmente, en la primera semana de enero, la información señalaba que un virus parecido al SARS (Síndrome Respiratorio Agudo y Grave por las siglas en inglés, y que fue una epidemia provocada por un virus similar al de la gripe común en 2002) era el culpable de las misteriosas neumonías en China. Había medio centenar de personas en el hospital reportadas como graves, y el 11 de enero se reportó la primera muerte.

“Aquí nos empezamos a enterar de este virus de manera gradual… Las noticias eran que había un virus en la ciudad de Wuhan, que había algunos infectados pero que los estaban tratando”.

Pero después, “nos fuimos enterando que el virus se estaba esparciendo por la provincia, después que había por otras provincias y por toda China. Fue en ese momento que el gobierno central lo empezó a manejar como emergencia nacional”.

 

Año chino

Por estos días que narra Cuauhtémoc Cortez, todo el país se preparaba para una de sus celebraciones principales: el año nuevo Chino. Son días de asueto, los negocios se cierran, es una fiesta completa, pero sobre todo hay enormes movilizaciones. Millones de chinos que no viven en su tierra de origen regresan a sus comunidades o visitan familiares.

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Cuauhtémoc hace esfuerzo para recordar con precisión: “Eso fue, creo yo, en los veintitantos de enero, un poco antes de la festividad del año nuevo chino. Aquí a la gente le dan vacaciones, en los trabajos son nueve días de vacaciones, es la festividad que los chinos aprovechan para viajar a sus pueblos de origen, visitar a sus familias”.

Esa primera semana, en la festividad del año chino, es cuando se anunciaron las medidas de prevención. El país tiene un gran poder de difusión y de cumplimiento de normas dictadas por el gobierno.

Después del anuncio de esas medidas la vida cambió por completo. Concluye diciendo: “Todavía seguimos de vacaciones, prácticamente”.

Es que después de las festividades del año nuevo chino, muchos aún no se reincorporan a los trabajos.

En el primer día que Ríodoce tuvo comunicación con Cuauhtémoc Cortez Barceló y aceptó contarnos lo que sucedía tras la gran muralla, nos explicó: “Seguimos igual, es como si el año nuevo chino se hubiera extendido hasta el día de hoy”.

Es que las grandes ciudades quedan desoladas en el año nuevo, como una ciudad fantasma, este 2020 estuvo peor. La semana después del año nuevo chino también no había nada afuera. Esta semana (la segunda de febrero) ya se ha visto más movimiento en la calle. Hay más carros, hay más gente volviendo a trabajar.

“Parece que la normalidad regresa poco a poco. Debí haber regresado a trabajar a principios de febrero, pero en mi empresa no hemos podido regresar a las oficinas. Yo estoy trabajando desde casa, tengo casi dos semanas”.

Vida en casa

En otro video Cuauhtémoc Cortez nos muestra cómo es su recorrido al supermercado. Muestra cómo va cruzando distintos filtros. Uno a la entrada a un centro comercial, otro en la entrada al supermercado.

“La vida en esta situación es algo aburrida. No hay mucho qué hacer. Tenemos que estar encerrados. Ahorita las autoridades chinas están recomendando a todo mundo estar en casa, salir lo menos posible. Yo en mi caso, si salgo, es salir al supermercado a comprar comida, cosas de la casa, y no más. Es tedioso, aparte de que se enfada uno en la casa, hay que cuidarse. Si llego a salir, por ejemplo, ahora que es invierno, hace frío, se tiene que cubrir uno bien. Tienes que tener un cubre bocas especial, se recomiendan los N-95, que se usan para protegerse de la contaminación, o cubre bocas médico. Se recomienda usar lentes, porque al parecer el virus se puede contagiar por medio de los ojos”.

Por eso en las imágenes se muestra a todos con el rostro medio cubierto. A todos. Nadie absolutamente aparece en las imágenes sin un tapabocas.

Las medidas son extremas: “Yo cuando salgo me pongo guantes, porque se recomienda tocar lo menos posible fuera de tu casa. Los tableros de los elevadores, por ejemplo, en mi edificio le pusieron un plástico y lo están rociando con alcohol desinfectante. Es tener mucho cuidado”.

Ninguna medida es mínima ante la emergencia: “Aquí en la casa uso jabón desinfectante todo el tiempo. Cuando regreso a la casa, de estar afuera, cuelgo la ropa y le echo, tenía un alcohol desinfectante en la casa pero ya se acabó y no lo encuentras en ninguna parte, tengo desinfectante de ropa y con un espray le echo a la ropa para que en caso de que haya agarrado cualquier virus lo mate”.

Pero nos dice Cuauhtémoc Cortez que la vida se va volviendo aburrida: “En casa buscas la manera de entretenerte, de repente puede uno estudiar algo, ver muchas películas. En mi caso, regresé a trabajar hace dos semanas, pero estoy trabajando desde casa, tengo cosas qué hacer realmente”.

Los primeros dos años de la estancia de Cuauhtémoc en China fueron por una maestría en Shangai. Luego se mudó a la ciudad de Chengdu, donde actualmente vive y además de su trabajo da clases de inglés. Sigue estudiando chino, y hace prácticas profesionales en una empresa de tecnología que hace software y marketing digital.

“Vivo en un edificio de departamentos. Aquí en China casi todos viven en espacios de departamentos. Cada edificio tiene su administración. Están bien organizados. Mas en una situación como esta, se agradece lo que están haciendo. En mi caso ya han venido dos o tres veces a tocar la puerta, me preguntan cómo estoy. La primera vez me preguntaron que si había ido a Wuhan recientemente o que si tenía contacto con gente de Wuhan. Entonces pues sí, te checan. Sí tratan de tener un buen control de lo que está pasando en el edificio”.

Los chinos por estos días se acostumbraron a que les apunten con una pistola a la cabeza. Con ella miden la temperatura. Hay decenas de filtros. Uno para salir del edificio, otro para entrar a una tienda, a la estación de transporte…en todos lados.

En el edificio de apartamentos donde vive Cuauhtémoc hay centenares de vecinos, pero parece un edificio abandonado: “Ahorita en mi edificio casi no hay gente, o no los veo porque están todos encerrados. Generalmente en los elevadores hay mucha gente entrando y saliendo de los elevadores y ahora no. Es raro si estoy en el elevador con otra persona. Realmente”.

Moverse por la ciudad

No muy lejos de donde vive Cuauhtémoc está el epicentro de la emergencia. Su ciudad es enorme, pero Wuhan es todavía más grande. En China todo es enorme.

En Chengdu no hay cuarentena, la movilidad es posible: “El transporte no ha parado, afortunadamente. Hay metro, hay autobuses, hay taxis. Laboran menos horas, pero siguen activos. No hay restricciones para moverse en la ciudad y no hay restricciones para salir o entrar a la ciudad”.

Donde sería imposible acudir es a Wuhan.

Aun así, el miedo no lo ha llevado a huir: “Me he planteado la posibilidad, sobre todo al principio de este problema, porque bueno uno nunca sabe que es lo que puede pasar. Bueno estuve revisando vuelos, posibles rutas, lugares a los cuales ir, en caso de que la situación se saliera de control aquí en China. Pero bueno afortunadamente ese no ha sido el caso. Tal parece que la situación está hasta cierto punto controlada. Y parece que está mejorando”.

Igualmente no ha buscado protección consular: “No he intentado comunicarme con las autoridades de México. Realmente desconozco si ellos saben que estoy aquí. En algún momento tuve un contacto con ellos, hace algún tiempo, no sé si me tengan registrado en algún lugar o sepan que estoy aquí. Yo realmente no los he buscado, afortunadamente no he tenido necesidad de pedir su apoyo. Sí tengo sus contactos”.

El gobierno, la familia

En China el gobierno lo es todo. Es actividad. Abarca y avasalla. En el mundo ronda la noticia de que lograron construir un hospital en diez días —poco más de una semana, cuando en América lleva años y a veces no lo terminan por completo.

Cuauhtémoc Cortez lo cuenta. Lee a diario muchas noticias. Está conectado.

“El gobierno central chino sí ha estado muy activo. Han tomado muchas medidas para tratar de resolver esto y evitar que se propague el virus. Hay ejemplos tangibles como estos hospitales que se hicieron en diez días. Un hospital que se construyó en diez días en la ciudad de Wuhan. Eso no se puede hacer en cualquier otra parte del mundo. La ciudad de Wuhan el gobierno la puso en cuarentena, también es eso algo histórico, nunca antes se había hecho. Nadie entra y nadie sale. Lamentablemente también se han tenido que poner en cuarentena otras ciudades. Eso te habla del esfuerzo que se ha hecho”.

Dice también que en la calle los chino confían en su gobierno:

“En lo general los chinos confían mucho en el gobierno. Y si tú hablas con un chino en la calle, y le preguntas qué es lo que debo hacer en esta situación. Lo más seguro es que te digan que hay que cuidarse y hay que seguir las indicaciones del gobierno y esperar. Y cooperar. Eso es lo que estamos haciendo todos”.

Sobre su familia cuenta que están tranquilos, que está en contacto diario con Sinaloa.

“Lo único que me dicen es que me cuide, que están al pendiente. Que en caso de emergencia, que sea necesario que yo salga del país, que me regrese a México que ellos me apoyan. Lo bueno hasta este momento es que no ha sido necesario eso”.

Artículo publicado el 16 de febrero de 2020 en la edición 890 del semanario Ríodoce.

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RÍODOCE EDICIÓN 896
29 de marzo del 2020
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