febrero 23, 2020 9:17 am

Denegri y Scherer: las dos caras del periodismo

carlos denegri

Dos libros de y sobre periodistas me acompañaron en el final del año: Uno, el de Enrique Serna: El vendedor de silencio (Alfaguara, 2019) que es la vida turbulenta de Carlos Denegri, el enfant terrible del periodismo en el periodo 1940-1970 y el otro, es un texto autobiográfico, sentimental, del patriarca Julio Scherer: Vivir (Grijalbo, 2013).

Si hay que identificar el vértice que une a estas dos personalidades contrastantes sin duda es el del oficio y su propia visión sobre la ética en el periodismo. La lectura de los dos libros me remitió a otro de fondo, el del francés Maurice Joly: Diálogos en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, donde estos personajes discuten sobre el ser y el deber ser en la política.

Ambos periodistas fueron contemporáneos y trabajaron en el Excélsior de Rodrigo de Llano, dejando su impronta de un periodismo bien escrito y éste alcanzó niveles sin precedente en los reportajes, que los dos llevaron a cabo, en distintos escenarios de la política y la guerra. Y si bien, coincidían en el oficio cuando se trataba de este tipo de trabajo, algo muy distinto sucedía en lo nacional, pues estaban cortados con distintas tijeras éticas.

Ahí, se abrían los caminos y así, mientras Denegri, era el lado profesional pero siniestro, sin escrúpulos, dispuesto a callar para vender silencio a cambio de dinero y privilegios, en el caso de Scherer, es el profesional, el que no se guarda información y menos la vende, al grado que en el libro referido detalla su vida con todo, hasta cosas íntimas, dolorosas.

Denegri, nacido en Argentina hijo de un ex embajador cardenista, había vivido en Europa en un tramo del periodo de entreguerras y su paso por Alemania y Francia le habían permitido aprender esos idiomas lo que se volvería un plus cuando regresó a México y buscó trabajo como reportero en “el periódico de la vida nacional”, pero sabía que estaba llamado a mejores tareas que solo realizar las notas del día.

Fue así como un día se decide entrar al despacho de De Llano para pedirle que le diera una oportunidad y poder demostrarle de que estaba hecho. Aquel, arqueó la mirada y soltó una bocanada de humo. Le dijo, vale, toma tu tiempo y tráeme tus pesquisas. Denegri tenía el tema de un periodista poblano que había sido asesinado por las huestes del siniestro gobernador Maximino Ávila Camacho.

Y allá va en busca de la información y como nada se podía hacer en Puebla sin que Maximino no lo supiera, un día sus pistoleros le disparan, pero logra escapar con la información que había recabado. Escribe el reportaje con todo el cuidado posible y se lo presenta al director.

Pasan los días y el reportaje no se publica. Le dio mala espina y fue nuevamente con De Llano para preguntar porque no se publicaba su trabajo. Y aquel le respondió que su trabajo era muy bueno, pero por eso no se iba a publicar. Le extendió un sobre con mil pesos y le recomendó que se olvidara del tema. Lo había vendido, solo que él había recibido 10 mil pesos, y daba la décima parte. Cabrón.

Scherer, en cambio, mexicano de nacimiento, de formación católica sin estudios universitarios, había incursionado en el periodismo y al sistema de valores que había prohijado al lado de su familia y los grupos confesionales. Asume el periodismo como una suerte de misión en un medio muy corrompido y peligroso. Luego se gana un lugar importante en la prensa nacional y a la muerte de De Llano, se hace cargo de la dirección y se rodea de un gran equipo de colaboradores.

Sabedor de las reglas del sistema político mexicano, hace un trabajo en los pliegues de la relación gobierno-prensa, lo que no estuvo exento de críticas especialmente después de los sucesos trágicos de 1968, cuando los estudiantes gritaban frente al edificio de Excélsior en avenida Reforma ¡Prensa Vendida!, lo que le afectaba su ánimo.

Sabía que no estaba haciendo lo correcto. Y eso al final, termina por imponerse y viene el llamado golpe de Estado a Excélsior y el surgimiento de la revista Proceso el 6 de noviembre de 1976. Un referente actual del llamado periodismo de investigación. Escuela de grandes periodistas entre ellos algunos de Ríodoce.

Carlos Denegri, escribe Julio Scherer, “me había instruido en el oficio. Lo tengo enfrente, diciéndome que, al momento de buscar la entrevista con algún personaje, no recurriera a sus ayudantes cercanos. De ellos, protectores del jefe, nada debía esperar. El camino que me indicaba el reportero inigualable tenía que ver con los de abajo. Ellos buscan su autoestima y estaban prestos para auxiliar a quien pidiera su ayuda. Fue mi caso. Logre verme con el presidente”.
¡Gajes del oficio!

Artículo publicado el 26 de enero de 2019 en la edición 887 del semanario Ríodoce.

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