julio 29, 2021 3:51 AM

El rector en su laberinto

rector con diputados

El rector Guerra Liera sudó la gota gorda cuando asistió a la Cámara de Diputados a solicitar apoyo a los legisladores sinaloenses para garantizar un mejor presupuesto a la UAS y cumplir con las tareas institucionales de 2020.

Se encontró que en la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados tenían el expediente sobre el papel del PAS en la conducción de la UAS.

La diputada Lucinda Sandoval lo interrogó sobre el papel del PAS en la institución Rosalina y le preguntó directamente ¿qué se puede hacer con este partido que está secuestrando a la UAS y sometiendo a estudiantes y profesores?

No tuvo una respuesta creíble, mantuvo la idea de que la UAS está libre de ataduras políticas y dedicada a sus actividades sustantivas.

Se le veía humilde en un medio adverso, donde su capacidad de movilización que ha mostrado en Sinaloa, era sencillamente imposible llevarla a cabo en la capital del país, en la Cámara de Diputados, donde por ley está el dinero público.

El rector estaba ahora si literalmente desnudo ante el cuestionamiento incisivo de los diputados federales morenistas.

Y lo mismo sucedió en la Cámara de Senadores, donde el senador Rubén Rocha, presidente de la Comisión de Educación, planteó que apoyaría a las autoridades de la UAS en la gestión de mayores recursos, pero siempre y cuando abonaran a la transparencia, austeridad y rendición de cuentas.

Es decir, los universitarios sinaloenses estamos ante lo que siempre esperamos. Que el tema de la Universidad partido saliera del estado para que el Congreso de la Unión tomara cartas en el asunto. En sus manos está el problema del financiamiento de las universidades públicas, especialmente aquellas que tienen un déficit financiero como es el caso de la UAS.

Más, cuando el rector Guerra Liera, a través de la ANUIES intenta liderar, con otros rectores, transformar a este organismo de la burocracia universitaria en un órgano de presión para desde ahí presionar al Presidente de la República y garantizar mayor presupuesto para las universidades públicas.

Sin embargo, la respuesta de AMLO ha sido que no, aun “cuando los rectores paren al país”, y ha puesto el énfasis en aquellas universidades que tienen cacicazgos que limitan las libertades dentro de ellas.

O sea, el rector está en serias dificultades para conseguir dinero, difícilmente los recursos de movilización, presión y negociación que le han servido en otras ocasiones, en este gobierno, dudo le vayan a servir, porque simple y sencillamente no existen los canales y sí las definiciones presupuestales en esta materia.

La UAS evidentemente necesita un presupuesto directamente proporcional a su población estudiantil, a su ampliación de espacios y oferta, sujeto a una supervisión imparcial, que nos diga a todos realmente cuántos estudiantes tiene la universidad. Además de una evaluación académica que revise su oferta, como también el personal académico de asignatura.

Conforme a esta información debería, en esta Universidad pero también en otras, asignar recursos proporcionales, eso implica revisar el estado de cada una de ellas para determinar cuánto le corresponde por alumno y si los canales de transparencia y rendición de cuentas son los adecuados.

Si la Universidad partido era la fórmula perfecta para negociar presupuestos y alianzas electorales y políticas, ahora no está viviendo sus mejores días, la clave de la gestión de recursos es otra y no hay manera, hasta hoy, de cambiar la situación sobre todo en una economía que no crece y con políticas redistributivas del recurso escaso.

Así, es probable que el regreso del rector traiga noticias, y que las presente ante la comunidad universitaria con el fin de tomar decisiones duras, que pueden ir desde recortes de personal académico, administrativo y del gasto corriente, hasta la bomba que podría estallar: la de las pensiones a sus jubilados.

Se llega al final de un periodo en que se apostó al clientelismo político y que permitió éxitos en lo político. Aunque el PAS electoralmente es un partido poderoso de representación proporcional, ha demostrado por eso que puede ser un partido bisagra para ganar elecciones y seguramente esa será la apuesta en los comicios de 2021.

En definitiva, dio pena ver al rector que se caracteriza por su don de mando en las sesiones del Consejo Universitario, que sofoca cualquier manifestación de oposición, y que impone a todos sus decisiones, verlo cabizbajo e impotente, ante la andanada de señalamientos que los diputados morenistas le echaron en cara: haber convertido él y su grupo político a la UAS en una Universidad Partido, a la que hoy le suda la gota gorda.

Artículo publicado el 27 de octubre de 2019 en la edición 874 del semanario Ríodoce.

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