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Cine: ‘La camarista’

camarista

Mientras que la protagonista de La Camarista (México/2018) es callada, metódica, discreta y paciente; el ritmo de la película lento, pausado y contemplativo, las reacciones ante el debut de Lila Avilés como directora se ubican al otro extremo: en lo visible, ruidoso, alborotado y alegre de los aplausos, felicitaciones, halagos de la crítica y reconocimientos en festivales a la ganadora del Ariel a mejor ópera prima y como mejor película en el Festival Internacional de Cine de Morelia.

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Como camarista de un lujoso hotel de la Ciudad de México, Evelia (Gabriela Cartol) se enfrenta a huéspedes de diferentes hábitos y costumbres, que lo mismo la ignoran, la tratan bien y le dan tareas extras; encuentra habitaciones desordenadas y sucias; tiene compañeros que la pretenden, intentan venderle productos o la distraen de sus ocupaciones; y aguanta a superiores indispuestos a atenderla y ascenderla. Aun así, ella trabaja lo mejor posible, con la esperanza de superarse, ganar más y no madrugar, recorrer dos horas en transporte público, ni dejar a su hijo al cuidado de otra persona. Ahora que está vacante el piso 42 y es una de las fuertes candidatas a ocuparlo, las clases y las buenas notas pueden ayudarla a lograr su objetivo.

Tanto ruido por el resultado del filme escrito por Avilés junto a Juan Carlos Márquez, no es para menos. El largometraje destaca en cómo expone la extenuante jornada de la empleada de un hotel, quien tiene muy claro que “el trabajo es trabajo” y “el cliente siempre tiene la razón”: no importa a qué hora se levante, el cansancio, las arbitrariedades, los insultos, las ofensas, el sacrificio de convivir poco con su hijo, los sentimientos, las aspiraciones, los sueños… se debe realizar lo mejor posible, aceptar actividades extra, ayudar a los compañeros, cumplir los caprichos de los huéspedes y hacerles discretos favores, sin protestar.

Sus historias son muy diferentes, pero es imposible no pensar en Roma (2018), con La camarista. Si bien una muestra a la empleada doméstica que convive con una sola familia, de la que llega a ser un importante integrante más, y la otra a la trabajadora de un hotel, por el que pasan muchas personas que, constantemente, cambian y, en su mayoría, no la toman en cuenta, las dos cintas exhiben, tal cual, a la sociedad mexicana, a través de minúsculos contextos, pero impregnados por la marcada desigualdad social y económica, discriminación, clasismo, corrupción, favoritismo, competencia desleal, empleos agotadores y mal pagados que solo dan para sobrevivir, aunque también el buen humor, compromiso, dedicación, calidez, responsabilidad, solidaridad, empeño, ilusión y esperanza.

A pesar de ser poco conocido, el elenco de la película es muy convincente, al grado de lucir como si formara parte de un documental y no de una ficción. Sobresale la naturalidad de Gabriela Cartol para expresar sus emociones y lograr la evolución de su personaje, y la espontaneidad, humor y gracia de Teresa Sánchez, como la compañera extrovertida y bromista.

En ocasiones, La camarista hace que el espectador se pregunte sin conseguir respuestas: no da detalles, pistas ni profundiza en algunos aspectos. Tal vez sea eso lo que la hace especial, o quizás su ambiente claustrofóbico, su cámara inmóvil y sus tomas largas. No se la pierda… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 1 de septiembre de 2019 en la edición 866 del semanario Ríodoce.

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