viernes, diciembre 3, 2021
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  • Dias de Impunidad

La subsistencia de 73 familias desplazadas, a dos años del éxodo en el sur del estado

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En Villa Unión, el líder Roque Vargas Aragón tiene su casa construida de madera con lámina negra de cartón y tarimas, que no está tan caliente como el horno donde elabora las empanadas de calabaza, piña y cajeta, pero sí alcanza altas temperaturas en verano que se elevan por el cambio climático.

Lea: Desplazados en Sinaloa, entre la violencia del narco y el desamparo del gobierno http://bit.ly/2ln15Xb

A dos años del éxodo provocado por la violencia criminal en la zona serrana del Sur de Sinaloa, el líder de 73 familias desplazadas, Vargas Aragón relata las peripecias que han vivido mujeres, niños y ancianos que habitan algunas viviendas marginadas del desarrollo social y económico.

El 18 de julio de 2017, la violencia de grupos criminales las desplazaron de la sierra de Concordia y El Rosario, y ahora sobreviven en las colonias 7 de abril y Flor de Mayo, Ejidal y Agustina Ramírez, ubicadas en la sindicatura de Villa Unión, pero también en las inmediaciones de los poblados El Walamo, El Roble y Lomas de Monterrey.

Desde que los gobiernos municipales presididos por Felipe Garzón López, en Concordia, y Manuel Pineda González, en El Rosario, los abandonaron a su suerte y salieron huyendo de los sicarios, los compañeros de éxodo de Vargas Aragón sobreviven como pueden: de peones de albañiles, jornaleros agrícolas y panaderos.

Algunas mujeres, para evitar ausentarse de sus casas —en busca de un trabajo formal—, y dejar a sus hijos en riesgo de que se pierdan en las drogas y las malas amistades, se auto-emplean haciendo empanadas y tamales de carne de res, cerdo y pollo que luego venden por las calles.

 

Historia trágica

La historia del liderazgo del campesino Roque Vargas Aragón está marcada por la tragedia del asesinato de tres de sus hermanos, circunstancias que lo obligaron a abandonar Chirimoyos y lo hermanaron con sus circunvecinos desplazados.

—¿Triunfó la impunidad? —se le pregunta a Vargas Aragón.

—Sí, sí, las autoridades nunca investigaron. Cuando nos bajamos todos, yo tomé la decisión de representar al grupo éste de aquí de Villa Unión, porque no veíamos respuestas a los  problemas de los compañeros desplazados.

—¿Cuándo ocurrieron las tragedias de tus hermanos?

—Las primeras fueron varios años atrás, la última fue dos años antes de que ocurriera el hecho del desplazamiento, en el 2015. Mi hermano más chico era un jovencito, él era el que estaba con mi padre, y el que se encargaba de ver los animales en el campo.

—Seguramente influyó la tragedia familiar en tu forma de ejercer el liderazgo…

—Sí. Como yo ya había vivido esa experiencia, cuando el éxodo total de allá de la sierra, decidí ponerme al frente porque había un total abandono de parte del gobierno municipal y estatal también. Decidí ponerme al frente porque estábamos sufriendo necesidades, había enfermedad en las personas adultas, en los mayores, en los viejitos, ya había enfermedades en niños también, entonces había que exigirle al Gobierno que pusiera una solución.

—¿Cómo los ha tratado la prensa estos dos años?

—Yo agradezco a la prensa que haya tenido la gentileza que hayan dedicado tiempo a escucharnos, que han dedicado tiempo para venir a ver a nuestros compañeros en sus domicilios, prestados, y dé cuenta de la realidad de lo que pasa aquí. No hago mítines, no me gustan las manifestaciones, las marchas nada de eso.

—¿Practicas un liderazgo sin alterar el orden público?

—Nosotros queremos que se solucionen las cosas conforme a la legalidad, el diálogo, la paz, no afectar a terceras personas con manifestaciones. En eso yo he sido fiel seguidor del compromiso que he hecho con el señor gobernador de no alterar el orden público.

—¿No te han acusado de que estás “maiceado” por el gobernador?

—¡Mira cómo vivo en mi casa de lámina de cartón! Pero en relación a lo que preguntas, he recibido críticas directas. De hecho hay trabajadores de medios de comunicación que me han dicho que soy “maiceado” que por eso no protesto.Yo admiro y respeto mucho a la prensa, y aparte me ha servido mucho porque, ustedes dan cuenta fiel de lo que pasa aquí y de cómo vivimos y todo eso.

—¿Has tenido algún contacto con el Químico Benítez?

—No con el Químico, ni lo conozco, lo he visto en fotografías, y nunca he podido entrevistarme con él directamente. He tenido reuniones con el secretario del Ayuntamiento, pero no ha habido una solución al problema.

—¿Cómo te trata Raúl Carvajal, de Vivienda y Tenencia de la Tierra?

—Muy bien. Lo he acicateado, pero se ha portado a la altura de las circunstancias, ahorita ya tenemos en trámite un probable convenio de la adquisición de una superficie donde nos van a lotificar y donde nos podemos acomodar y construir nuestras casas. También ya tenemos contacto con una Fundación que se dedica a construir viviendas para gente en estado vulnerable. Y tenemos un contacto, pero uno de los requerimientos básicos es que tengamos un terreno.

—¿Cómo se llama la Fundación?

—Se llama Sustentabilidad Humana. Es una fundación nacional, pero los donadores son extranjeros. Hay buena voluntad de ellos. Y yo me di cuenta de que el Gobierno le otorgó al Congreso del estado 30 millones de pesos para que se aplicaran en la atención de nosotros los desplazados. En cuanto el gobierno municipal y gobierno del estado nos ayuden para la adquisición del terreno, inmediatamente la Fundación nos comienza a construir las 73 casas, una para cada familia.

Artículo publicado el 14 de julio de 2019 en la edición 859 del semanario Ríodoce.

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