agosto 21, 2019 1:53 am

RIP ‘Palillo’, flagelador de los inverecundos

palillo

Del libro Los Atarrayeros de Escuinapa

Ya se murió el cómico de cara pintada que tenía lengua de charrasca. Con humor político golpeó el falso prestigio de los desvergonzados, que desde puestos públicos o con chapas de guaruras, eran descubiertos en su cinismo por las denuncias del cómico Palillo. Jalisciense a mucha honra, partidario de las Chivas Rayadas del Guadalajara, hijo auténtico de la carpa teatral, hizo roncha con sus críticas en un largo período de más de medio siglo. El pueblo ahora ha perdido a un gestor más, entre tantas pérdidas que lleva en este sexenio. Los labios parlantes del cómico sacaban filo y lumbre en sus actuaciones del Follies Bergere, Carpa México, películas y radio (aunque éste censurado, también le ayudaba en sus peroratas sangrantes).

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Jesús Martínez, alias Palillo, deja en esta vida a tres mujeres, pues no tuvo hijo alguno que heredara su galillo candente con el que atemorizamos a los tracaleros. En los fines de los años treinta y todos los cuarenta y cincuenta fue varias veces a la cárcel, lo golpearon con regularidad empleados menores de la policía con el fin de atemorizarlo, pero de las cirugías salía más bravo que antes. Fue imposible detenerlo en callarle sus verbos sonajeros y artículos calificativos, así como en gerundios que utilizó en sus diatribas. Heredó las pertenencias del Panzón Soto, aquel gordo, papá del Mantequilla, para fustigar a los poderosos. La pinta de su vestimenta era la de un desarrapado que vivía en el Callejón de la Amargura, rúa que existe en la capital mexicana.

Palillo fue quien le vendió la idea de construir una ciudad deportiva en la ciudad de México al presidente Díaz Ordaz. Estos años también fueron, en parte, los del regente Ernesto P. Uruchurtu, el señor de las gladiolas, el férreo gobernante que le puso horario a los cabarets de los pobres y dejó en libertad de función abierta a los de los ricos. Las meretrices odiaban al sonorense que tanto bien le hizo con aperturas viales a la capirucha. Pero ese indio yanqui nunca quiso estrechar la mano del cómico que siempre mantuvo una conducta dura y difícil para los hipócritas y los ladrones.

En los teatros en que actuó, los provincianos de todas partes iban a gozar de las salas ardientes que les servía el cómico jalisquillo, verdaderos parlamentos de la burla y el humor canijo. Desde Sonora a Yucatán, cuando venían a México, tenían que ir a escucharle las últimas diatribas y peluzeras al cómico que tenía tenates grandes y no se arredraba por los cananazos de la policía.

Las cirugías le pelaban los dientes. La muerte, ni el 2 de noviembre, lo arredraba. De los donjuanes teatreros se mofaba mucho, sobre todo cuando los encarnó Tin Tan, con quien traía pleito sobreentendido pero muy alegre, alburero y fajador contra todo lo que fuera orden establecido.

Sí, los deportistas capitalinos deben al cómico la idea con que los políticos pudieron darle al pueblo un lugar para sudar en el beisbol, futbol, atletismo, bicicletas y gimnasios que mejoraron la salud colectiva de la ciudad. En 1949 los sinaloenses jugábamos beisbol en los basureros de Tecamachalco, en los campos militares y en los polvosos llanos de aviación, de donde sacábamos enfermedades hídricas de gran raigambre. La vida deportiva estaba olvidada por los politicazos, hasta que con la construcción del Estadio Azteca se le fue tomando más en cuenta por los rancherones que de diputados no tenían más que el silencio y contubernios. Eran tiempos muy cerriles y desvergonzados. El cómico Palillo siempre encontró entre los bigotones y trompudos gobernantes material de sobra para aderezar con sangre y fuete sus sketches demoledores.

Jesús Martínez contaba en los últimos años de sus participaciones, que a él deberían darle una medalla por las más de veinte mil representaciones de una sola obra: sus vodeviles políticos, obras que Aristófanes el griego hubiera firmado con entusiasmo. Porque apuntador nunca tuvo el tal Palillo, más bien un cómplice o palero que le contestaba los albures y completaba las bromas burlescas contra los gobernantes de esas décadas.

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El jalisquillo-cómico aguantó los periodos presidenciales de Alemán, Ruiz Cortines, López Mateos, GDO, Echeverría y JOLOPO con gran entereza y dignidad. Se enfrentó a toda la ralea de lambiscones y matarifes que quisieron callarlo sin conseguirlo nunca. Ya no pudo liarse en alegatos con Delamadrid ni con el actual presidente porque la salud no le daba hemoglobina sólida ni gargajera. Deambuló en carpas de Jalisco, pero ya como despidiéndose, hasta que murió la semana pasada.

Le hicieron homenajes en la ANDA, en la Cd. Deportiva de la Mixhuaca, en Jalisco, y en el estadio del mismo nombre que tiene Guadalajara. Merecidos recuerdos y homenajes se llevó Jesús Martínez, el bocón, el flagelador de los inverecundos porque estos son los desvergonzados. Tinos para elegir títulos tenía mucho y con gran celebración de los espectadores.

Descanse en paz el cómico que nos hizo reír varios años porque lograba desenrabiarnos por nuestras frustraciones nacionales. El diablo ha de estar intranquilo de recibirlo en su infierno.

Artículo publicado el 14 de abril de 2019 en la edición 846 del semanario Ríodoce.

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