agosto 21, 2019 2:30 am

El Comecuandohay

perro

Del libro 12 relatos escuinapenses

Era un perro color ceniza, sin orejas reales, de cola modesta y poca prestancia. El Mari, su dueño, lo llamaba el Comecuandohay. Y le fue fiel hasta la tumba. Lo acompañaba en todas sus semanas y meses de farras por todas las cantinas y por todo el pueblo.

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Nunca vi después en aquél lugar mejor comprensión entre un ser humano y un perro. Ni mayor relación noble. Obvio es decir, que ni entre los mismos seres humanos vi algo parecido.

Don Ismaíl, el español de la mejor tienda, tuvo tres perros bonitos: el Rocambole, el Lozada y el Aramís. Pero este Comecuandohay era mejor. No tan bonito como los tres perros de don Ismaíl, que tenían tales nombres, pues el Rocambole heredó el mote de aquel famoso ladrón, personaje central de novela, y el Lozada obtuvo el bautizo del Tigre de Alica, que merodeó en Nayarit.

Era de ojos dulces, y no mordía. Cuando mordía lo hacía suavemente, sin herir ni sacar sangre. Era un juguetón consumado y Don Juan empedernido de todas las perras del lugar. Si el hambre apretaba el cinturón a su dueño, se le podían contar las costillas al Comecuandohay en solidario ayuno. Nunca robó comida a nadie, probando así su honestidad. Como honestos eran todos los actos del Mari. Pescador pujante, rubio, de ojos azules y poderosos bíceps. Se tiró a la borrachera y nunca supimos por qué. Le decía “cuñado” a Don Miguel porque aunque no se casó con su media hermana, ahí estuvo lista… lo que pasó es que él se rajó.

Por eso, de por vida lo cuñadeó y le gorreó algunas cervezas heladas; pero ese golleteo era más digno que un préstamo… Así era el Mari. Así fue siempre.

Y cómo lloró aquél día que le dio a la policía por enyerbar a la perrada. El Comecuandohay no se escapó. Le tiraron un trozote de carne bien llena de cianuro y nomás estiró las patas al ratito.

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El Mari duró una semana borracho en su honor. Ningún holocausto cervecero ha sido más pródigo y más sentido. Y un mes después, todavía yo lo vi triste. Muy triste.

En mi subconsciente la tristeza ha grabado esos ojos aguados del Mari, llorando por el Comecuandohay.
Me olvidaré de los dos cuando me entierren y no tenga el sentimiento a flor de pupila.

Artículo publicado el 14 de abril de 2019 en la edición 846 del semanario Ríodoce.

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