El atrevimiento desde la insignificancia del PAS

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Ya lo decían los clásicos de la política que ésta es el acto más generoso de la actividad humana cuando se vincula al bien común.
Luego, los políticos deberían actuar en consecuencia anteponiendo a sus ambiciones personales los intereses de los gobernados.
Sin embargo, en estos tiempos el deber ser en política sucumbe al pragmatismo, al ánimo de allanar el camino a personajes empoderados en una marca electoral para que ellos y sus súbditos alcancen los cargos públicos y jugosas tajadas de presupuesto del Estado.

Es el caso del llamado Partido Sinaloense (PAS) que esta semana desde la insignificancia de poder —sólo tiene una diputada más un puñado de regidores dispersos en la geografía estatal— aspira a modificar la ley para hacerla más selectiva y en ese pretendido intento de crear un club de partidos y jugar en la escena local y también en la federal.

Ahora, quizá se trata de hacer ruido con el pandero mediático y estar en las primeras páginas de los medios de comunicación locales para decir que aun después de la derrota dolorosa que los redujo a la insignificancia política, están en condiciones no solo de proponer sino de ir por un round más en las elecciones de 2021.

Sin embargo, en el delirio de la insignificancia, aspiran a una ley selectiva cuando proponen al Congreso del Estado elevar de 3 al 5 por ciento el umbral electoral, es decir, ponerla difícil a los que ya de por si la tienen difícil para sobrevivir bajo una ley que obliga a que los votos se cuenten por partidos, no como lo establecían los convenios de coaliciones.

Ese ejercicio aritmético no tiene consideraciones sustantivas que lleven a considerar porque el 3 por ciento no garantiza el libre juego democrático, y porque ahora es mejor el 5 o el 6 o el 10 por ciento para el fortalecimiento de las instituciones.

Y no es que uno esté de acuerdo con que haya un sistema multipartidista que fragmente infinitamente la representación y aumente los problemas de gobernabilidad, por la ausencia de acuerdos entre las múltiples partes de un todo sino, que tampoco es por la vía de ese aumento en el umbral, como se vaya a lograr en automático la gobernabilidad democrática en la máxima de “entre poquitos mejor”.

Un umbral alto tiende a crear un sistema bipartidista, mientras uno con un bajo umbral, estimula la representación pluralista pero no es la única manera, incluso con la misma ley actual se puede tender hacia un sistema bipartidista.

Basta ver el número efectivo de partidos o de candidatos que dejaron las elecciones de julio para darnos cuenta de que prácticamente hubo solo Morena contra el resto de los partidos, AMLO contra el resto de los candidatos, es decir, agregando los votos prácticamente habría dos partidos.

Sin embargo, los “teóricos” del PAS no lo ven y su apuesta es que con el 5 por ciento quedarán ellos y Morena y el PRI —en esa hipótesis pasista probablemente el PAN estaría fuera de la representación.

Pero ahí están los datos de los comicios de 2018, de los cuatro partidos mencionados Morena obtuvo 39.13 por ciento; el PRI, 24.06 por ciento; el PAN, 11.01 por ciento y PAS, 6.62 por ciento en la elección de diputados, que es la que define qué partidos conservan el registro estatal y determina el financiamiento público. Que como se sabe afectó a seis partidos que no alcanzaron a superar el 3 por ciento del umbral electoral: PVEM, MC, PRD, PAIS, PES y Nueva Alianza.

O sea, de los partidos que sobrevivieron y si nos atenemos a esos resultados, sería el PAS el partido con mayor dificultad de superar el 5 por ciento que están proponiendo en el rediseño de la ley electoral o sea lo que los dirigentes de este partido universitario parece que no se han dado cuenta, es que sus votos escasamente superaron los 85 mil votos, nada que ver con los 243 mil 630 votos que Cuen Ojeda obtuvo como candidato al Senado de la República por la coalición por México al Frente. O sea, en ambos van para abajo, de forma su máxima debería de ser: No hagan olas.

¿Estamos ante el PAS que pretende darse un balazo en el pie con ese pretendido aumento del umbral electoral?
Todo parece ser que sí, sin generosidad propia.

Y bueno, de eso además querer participar en elecciones federales es otra historia que analizaremos más adelante si le encontramos una mayor racionalidad.

Artículo de opinión publicado el 24 de marzo de 2019 en la edición 843 del semanario Ríodoce.

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