Obsesión

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Es impresionante cómo un realizador puede, primero, entregar una película realmente interesante, original, muy bien dirigida y escrita, y, después, ofrecer una incoherente que tira para todos lados, se pierde y parece hecha por alguien que no tiene la menor idea del quehacer cinematográfico. No cabe duda de que en la historia de (casi) todos los directores hay, al menos, un trabajo que no vale la pena.

En Obsesión (Serenity/EU/2019), dirigida y escrita por Steven Knight (Locke, 2013), los viajes que Baker Dill (Matthew McConaughey) realiza en su yate para llevar de pesca a los turistas que llegan a la isla de Plymouth le ayudan para enfrentarse a la posibilidad de capturar ese enorme pez con el que está obsesionado, pero ese interés se pierde cuando aparece su exesposa Karen (Anne Hathaway, lejos de su zona de confort), quien le ofrece una buena cantidad de dinero para que lleve mar adentro, emborrache y arroje al agua a Frank (Jason Clarke), su actual marido, de quien solo recibe malos tratos. Para convencer a Baker, Karen le dice que, si no es por ella, lo haga por Patrick (Rafael Sayegh), el hijo que procrearon juntos, quien se pasa encerrado en su cuarto construyendo su propia realidad en los videojuegos.

Un problema del filme es el título —no tiene qué ver con la labor del realizador, sino con la mala decisión de quienes se encargan de poner los nombres, esperanzados con llamar la atención para vender más. Más allá de que “obsesión” no tiene nada qué ver con “serenity” (nombre en inglés), no hay ninguna razón para titular la cinta en español como tal: ¿Cuál es, en todo caso, la “obsesión”? Al principio se puede pensar que es la terquedad del personaje de McConaughey por capturar un pez con el que se ha topado varias veces, pero luego la historia toma otro rumbo, con el que se aleja cada vez más de ese planteamiento.

Por si eso fuera poco, el relato incluye personajes que no le aportan absolutamente nada, que lo hacen más confuso y aparecen y desaparecen sin explicación ni sentido: el interpretado por la desaprovechada Diane Lane; y el de Garion Dowds, quien la hace de su hijo; o el de Jeremy Stron, que es el menos sin sentido de los tres. El ejecutado por Djimon Hounsou podría justificarse más, pero está mal planteado.

Las críticas a Knight por Locke fueron mayormente positivas y de alabanza, de ahí que es extraño que el resultado en Obsesión sea tan incoherente, disperso y malo, cuando tenía todo para logar uno mucho más decente. Algunas situaciones que propone podrían funcionar muy bien en otro contexto o desarrolladas por separado: la fijación por la captura del pez, los maltratos de Frank hacia Karen, o la (no) relación padre/hijo, pero en esta película se perciben inverosímiles y aburridas.

Al final, con actuaciones nada atrayentes —al menos McConaughey, Hathaway, Lane y Hounsou, pudieron haber dado mucho más—, lo que al inicio prometía un thriller medianamente interesante, se pierde sin control como ese pez que se zafa del anzuelo y va a donde puede con tal de salvarse, provocando, inevitablemente, el fracaso en la pesca. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 10 de marzo de 2019 en la edición 841 del semanario Ríodoce.

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