La reforma del PRI

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“Comienzan a llegar —escribe el diputado Sergio Jacobo en su ensayo PRI: la hora del cambio—, las candidatas y los candidatos locales a la sede del Comité Directivo Estatal del PRI. Casi todos con los rostros desencajados y la derrota a cuestas. El ambiente es de molestia y desolación, pero también de perplejidad y dudas. La pregunta recurrente es ¿qué fue lo que sucedió? Se pensaba que muchos candidatos locales tenían la victoria asegurada. Hay lamentos y lágrimas. Se confirma que en política y en elecciones nada es más doloroso que la derrota”.

Esta estampa sin precedente de una derrota mayúscula del PRI, no pudo estar mejor expresada. Jacobo recoge con toda claridad el sentimiento de impotencia que alcanzó quizá a cientos de miles de priistas en todo el país. No alcanza a justificarse anímicamente diciendo que es el costo de la normalidad democrática, que un día se gana y otro se pierde, que está vez tocó perder y que hay que asumirlo sin más.

Hay abatimiento y perplejidad entre la militancia. Viene el tiempo de la representación más pequeña del PRI en este estado que hasta 2010 no había perdido muchas y mucho menos con la izquierda, que siempre había sido irrelevante electoralmente y en 2016, este partido mostraba de nuevo el músculo al ganar la gubernatura, los principales municipios y la mayoría del Congreso del Estado.

Entonces, había materia para la perplejidad y las dudas, no era una derrota cualquiera que pudiera resolverse cooptando algunos de los ganadores, no, el resultado deja sin asidero al gobernador y está a expensas de poder o no conciliar con la oposición morenista, es minoría en los principales cabildos y deja al PRI como un partido rural que fue donde ganó alcaldías y diputados; será el año entrante además, un partido con gran escasez de recursos públicos.

En suma, como es común decir ahora, tendrá que hacer mucho con poco para salir de este hoyo donde lo han puesto los ciudadanos, y eso no será fácil estando acostumbrado a la abundancia, sea del partido o de los distintos niveles de gobierno.

Afortunadamente, ante este escenario desolador los resortes de renovación se han encendido, y esto ha ocurrido desde la Fundación Colosio Sinaloa, que preside Sergio Jacobo, pues ha convocado a propios y extraños para hacer una primera reflexión colectiva sobre la derrota electoral y hacia donde debe ir su partido.

No puede haber derrota sin enseñanza, ni dirigentes sin balance, como tampoco reflexión sin autocrítica, el PRI está en el suelo y desde ahí deberá intentar levantarse, realizar los cambios que el momento político exige, o de lo contrario podrá morir por inanición.

Pues si bien en democracia no hay derrotas definitivas y para siempre, tampoco las derrotas por sí solas se transforman automáticamente en oportunidades, hay que hacer la talacha y eso empieza por el reconocimiento, con todo y matices, de lo que la ha provocado y desde ahí empezar la difícil andanza para recuperar su electorado.

Para empezar sacudirse el modelo neoliberal con el que ha estado casado desde el gobierno de Miguel de la Madrid, y más específicamente el pernicioso “capitalismo de cuates” que se prohijó al amparo de sus gobiernos, no se diga ir con todo contra los priistas corruptos que estuvieron bajo amparo hasta el último momento de Peña Nieto, aun con sus escándalos que llevaron a la debacle electoral del partido y que precisamente la postura intransigente de la oposición lopezobradorista —y no mencionó a Morena por razones de matiz— la puso donde está.

O sea, el PRI no se puede recuperar haciendo lo mismo, necesita volver a lo básico, a lo que ha perdido con cierto aire de arrogancia, desechar la política de los barones del partido o sea los Salinas y los poderes fácticos, esos que no ganan elecciones, pero son los que dan las órdenes, que definen la ruta a seguir que no es otra que la de los negocios privados al amparo de lo público.

De estos y otros temas, son el contenido del libro La Reforma del PRI: una mirada desde Sinaloa, que la Fundación Colosio y Andraval ediciones ha sacado a la luz y que seguramente llevará a que se lea por priistas, pero también por el resto de los interesados en la cosa púbica.

Un buen texto.

Artículo de opinión publicado el 23 de diciembre de 2018 en la edición 830 del semanario Ríodoce.

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