Entre el drama y la impotencia, los culichis sufren una tormenta que no se anunció

Diego valadés rio5
MALECÓN NUEVO.

Amaneció lloviendo. Eso fue lo que la mayoría pensó. La alerta estaba presupuestada para los municipios del norte. Ahome y El Fuerte sobre todo. Pero todo se salió de control y la catástrofe alcanzó a 11 municipios. Entre ellos la capital del estado.

Los ciudadanos trataron de salir a hacer sus labores diarias a pesar de la lluvia. No hubo alerta por parte de Protección Civil excepto por las típicas, las normales: evitar cauces de arroyos y atender recomendaciones.

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Pero la lluvia continuó. La Secretaría de Educación Pública y Cultura (SEPyC) tampoco emitió un comunicado para suspender clases. Se atuvo a Protección Civil. El resultado quedó traducido a caos y pérdidas millonarias en Culiacán y municipios, tanto en los que hubo alerta como en donde no las hubo.

Y ésta pudo ser de utilidad. Como ejemplo, durante el huracán “Manuel” en septiembre de 2013, en Culiacán hubo precipitaciones de hasta 412 milímetros. Esa cifra es durante todo un día, el 19 de septiembre.

Pero la naturaleza parece tener memoria. La depresión tropical 19-E dejó caer 370 milímetros sobre la ciudad en alrededor de seis horas. La gente, sin aviso de la autoridad, vivió cinco años después una angustia similar a la de 2013.

Un milímetro de agua equivale a vaciar un litro de líquido en un espacio de un metro cuadrado, es decir, la unidad que suena a medida de longitud, es la utilizada para medir la precipitación, y en una lluvia de 50 milímetros, a cada metro cuadrado de superficie le corresponden 50 litros de agua.

Sin un Atlas de Riesgo público, Culiacán una vez más quedó a merced de la naturaleza. Las colonias más afectadas otra vez fueron Villas del Río, Valle Alto, 6 de Enero, los Mezcales, Santa Fe, Infonavit Humaya y otras 100 más.

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La última actualización del Atlas de Riesgos del SINAPROC (Sistema Nacional de Protección Civil) data de 2013 y durante la administración de Sergio Torres Félix, se erogaron un millón 350 mil pesos el 30 de septiembre de 2015 para una nueva actualización con la empresa colombiana Acierto Consultores S.C.

Nada de esa información está disponible. No se le encuentra en el sitio del Gobierno del Estado como tampoco en el del Ayuntamiento de Culiacán. Tampoco en el del Instituto Municipal de Planeación, y en Protección Civil ni siquiera tienen sitio de internet. La información, pues, no es pública.

Y el error tiene un costo muy caro otra vez. Los municipios que junto a Culiacán fueron declarados como zonas de emergencia por la Secretaría de Gobernación fueron Choix, Ahome, El Fuerte, Guasave, Sinaloa, Angostura, Salvador Alvarado, Mocorito, Badiraguato y Navolato.

INFONAVIT HUMAYA.

La explicación la basaron en que por vez primera un ciclón se formó en el Golfo de California.

Pasada la tempestad, la noche del jueves 20 de septiembre autoridades se reunieron en el Salón Gobernadores, en donde el director de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), Ricardo Ramírez de la Parra, explicó la naturaleza del fenómeno.

La reunión fue prácticamente para anunciar la declaratoria de emergencia para los 11 municipios afectados. Ahí, el titular de la Secretaría de Educación Pública y Cultura, José Enrique Villa Rivera, dio a conocer que por parte de su dependencia no se tenía información suficiente y validada por Protección Civil para el tema de Culiacán.

“Hasta la 8:00 de la mañana no habíamos recibido la indicación de Protección Civil, cuando nos dimos cuenta, que fue como a las 8:00 y 10:00 de la mañana, ya no podíamos suspender clases porque ya estaban en clases, y era más riesgoso que los padres regresaran por ellos”.

Sin embargo, la actualización de la Conagua, según las propias palabras del titular de la dependencia federal, viene cada cuatro horas.

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“Si bien nosotros emitimos los avisos cada cuatro horas, que es el protocolo que tiene el Servicio Meteorológico Nacional dependiente de la Comisión Nacional del Agua para dar los avisos correspondientes y considerábamos lluvias torrenciales también en el centro del estado, lo que no se esperaba era que estas lluvias fueran en tan pocas horas, es decir, el pronóstico que nosotros teníamos es que podía llover aproximadamente 350 milímetros en 48 horas”.

La información se tenía, lo que no se llevó a cabo fue difundirla.

“En el caso de Culiacán en particular, la lluvia se presentó en un lapso de las 4:30 de la mañana y ocho horas después, la parte importante de la lluvia se presentó en un lapso muy corto, a diferencia de lo que esperábamos que sí fueran lluvias torrenciales en un lapso mucho más largo de lo que en realidad se presentó”, añadió Ramírez de la Parra.

El titular de Conagua explicó con elocuencia la naturaleza del fenómeno. Lo catalogó como un comportamiento atípico, debido a que la mitad del núcleo del meteoro mantuvo una mitad en territorio nacional y la otra sobre el Golfo de California, lo cual lo alimentó.

“Sin embargo se estacionó y mantuvo parte de ella dentro del océano lo que provocó precipitaciones todo el día en lapsos muy cortos”, indicó.

Pero la explicación vino demasiado tarde. Protección Civil tanto estatal y municipal, según ciudadanos afectados, no tuvieron una capacidad de respuesta. Así lo comprenden vecinos de diferentes sectores, como en la colonia 6 de Enero, en donde tres mujeres desaparecieron en el afluente del arroyo del Piojo.

Una de las vecinas no oculta su furia. Claudia, una joven que labora en la UAS, pide ayuda a medios de comunicación. No quiere que se oculte lo ocurrido en su colonia. Ella y su familia trabajan en un censo de damnificados.

“Ven, muchacho, vamos para que veas. Mentiras del gobierno que vinieron, ahí están los familiares adentro todavía y las marcas del agua, mira, llegan muy alto”, espeta.

La situación de Claudia no es sencilla pero comprende que tuvo mejor suerte. “Mira, vamos a la esquina, ahí es donde se las llevó el agua”, señala.

La historia a la que la joven se refiere es sobre doña Rosa Nevárez, mujer de 80 años. El agua comenzó a meterse a su domicilio, ubicado justo al pie del arroyo del Piojo sobre la calle Rey Gaspar. Según testimonios de vecinos, Rosa cayó al agua debido a que la acera por donde caminaba se derrumbó.

Y Carmen Cecilia, quien vive en el 117 de la calle Agustina Achoy, justo a unos metros del domicilio de Rosa, quiso ayudarle. Carmen le ayuda con la limpieza y preocupada por su patrona, al ver el nivel del agua, salió a buscarla.

Alrededor de las 11:00 horas, junto con Andrea del Rosario, intentó ayudar, y las tres mujeres desaparecieron en el afluente.

Las quejas de los vecinos se multiplican. Señalan que a ellos nadie les advirtió de la intensidad. Lamentan haber perdido a sus tres vecinas ahogadas en el arroyo del Piojo, pero también la otra realidad: perder todas sus pertenencias otra vez.


Carmen Cecilia deja una niña de 3 años y un hijo de 17. Sus hermanos no hallan qué explicar ni a quién dirigirse para pedir ayuda.

La colonia 6 de Enero está señalada en el antiguo Atlas de Riesgos como una de mayor peligro en inundaciones, es por ello que los vecinos se preguntan por qué la autoridad no les advirtió sobre el fenómeno meteorológico.

Y la desgracia se veía venir. Así lo apunta Cristian, vecino también de la calle Rey Gaspar quien perdió todo en su hogar.

“Lo que pasa es que ya se cayó toda la parte del canal, ya se miraba que se iba a caer y desde el año pasado se miraba que tarde de temprano se caía y hasta que cayó la desgracia”, explica.

Son casi las 9:00 de la mañana del viernes 21, casi 24 horas después de la tempestad y Cristian, al igual que sus vecinos, apenas comienza con la limpieza y el recuento de los daños. La autoridad apenas viene llegando. Son trabajadores sociales de la Secretaría de Seguridad Pública del Municipio y del DIF.

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Pero lo que ellos requieren son obras, acciones. Eso es lo que Cristian explica. Fija su mirada a un costado de su casa, levanta su mano derecha y con el dedo índice sentencia.

“Y más que nada hasta ahorita no se ha visto que realmente vengan a hacer algo, por ejemplo, el poste de la luz está de mírame y no me tientes”.

Luego lleva su mano hacia enfrente, en donde un puente derrumbado yace a un costado de una barda que contenía un barandal. Un socavón se los tragó y justo ahí un vehículo tapaba el cauce del arroyo.

“Había una camioneta aquí que se supone la reportaron a bomberos y entre los mismos muchachos de aquí la tuvieron que mover para evitar una desgracia más. Y qué triste que uno mismo tiene que hacer las cosas porque el Gobierno nomás no”, explica.

A ellos nadie los evacuó. El Plan DN-III activado prácticamente en todos los municipios afectados los ignoró como también los rescatistas de las diferentes corporaciones. O tal vez no contaron con el personal suficiente. Lo único que los vecinos saben es que nadie les advirtió sobre la potencia de esa lluvia. Pasaron el temporal encerrados, entre la disyuntiva de salir y buscar refugio a reserva de un riesgo mayor, o aguantar hasta el final.

“El gobierno no nos dijo nada, nos fuimos a dormir la noche del miércoles y a media madrugada nos despierta el agua”, explica Mario, vecino que desde hace 50 años tiene su domicilio en la zona.

Su casa, marcada con el 2864 de la calle Juan de la Barrera, no se encuentra en las inmediaciones del arroyo. Sin embargo, la furia del agua lo alcanzó y lo perdió todo otra vez, justo como en 2013 cuando azotó el huracán “Manuel”. Y a un costado de su hogar, Conchita también repite la tragedia.


La mujer tuvo suerte. Uno de sus hijos logró sacarla del domicilio. Alrededor de las 7:00 de la mañana, Aurelio, quien es checador de camiones, acudió al domicilio de su madre para encontrarse con la inundación.

“Me sacaron mis hijos, el agua hasta aquí me llegaba (se señala el pecho), fue muy tempranito”, señala la mujer.

Ella vive en el 2850 de la misma calle y en 2013 el huracán “Manuel” arrebató la vida de su hijo menor, quien con 24 años falleció mientras buscaba guarecerse del agua. Un ataque en medio de la tormenta lo desvaneció, cayó al suelo. Sumergido bajo el agua nadie notó su ausencia hasta que fue demasiado tarde.

“Él sufría ataques y por alzarme todo, todo me guardó, eso fue lo último que hizo; fue a alzar su cinto, lo cuidaba mucho, todo lo alzó y luego se perdió. ¿Y Julián, y Julián? Y por allá lo encontraron flotando en la cocina”, señala.

Sacando lodo de su cochera, un vecino se dijo afortunado. Alcanzó a subir sus cosas a un segundo piso, pero entiende la realidad de su comunidad. “Así es la cosa en la 6 de Enero, y si te vas más pa’ arriba te encuentras gente más jodida”.

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Se refiere a los Mezcales y a la Lombardo Toledano, en donde los estragos fueron severos. Toda esa zona, según el Atlas de Riesgo, es zona peligrosa.

En Infonavit Humaya locatarios del Mercado de Abastos lo perdieron todo. También como en 2013 hubo pérdida total. También, los vecinos del sector del colector pluvial ubicado sobre Salvador Alvarado y José Limón, casi frente a la recién estrenada Plaza Sendero.

La zona, según el especialista José Pablo Ruelas Sepúlveda, maestro de la Facultad de Arquitectura de la UAS, advirtió que sería más susceptible a inundaciones debido a la obra de la Plaza.

Así lo testificó en un boletín emitido por la Dirección de Comunicación Social de la Autónoma de Sinaloa, enviado el 18 de junio de este año. “Los que se inundaban con anterioridad obviamente ahora van a padecer un mayor volumen de captación de agua en menor tiempo porque ya no hay filtración en el terreno natural y todo el líquido producto de la lluvia se conduce por pavimento”, señala en el boletín Ruelas Sepúlveda.

Y como profeta, en las primeras lluvias, la inundación cayó y lo hizo con fuerza. Una vez más la información se tuvo a la mano.

Y así despertaron los vecinos el viernes 21. Ellos supieron de la fiereza de la depresión tropical 19-E no por Protección Civil o Gobierno del Estado, sino porque salvaron la vida. Ahora, entre escombros, lodo, muebles estropeados y lágrimas, se resignan a comenzar de nuevo.

Artículo publicado el 23 de septiembre de 2018 en la edición 817 del semanario Ríodoce.

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