abril 17, 2021 2:49 PM

Pactar con el narco

 

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Incapaz Quirino Ordaz de explicar la tragedia de Sinaloa, opta como sus antecesores por el lugar común. Cuando no encuentra y no articula, que es recurrente, Quirino se agazapa en su reputación: Hombre limpio, que da la cara.

Pero con un discurso pobre, sin imaginación, y desgastado, lo peor que muestra el gobernador es la falta de empatía. No logra conectar con nadie que se le acerca para que dé certidumbre sobre lo que ocurre, o por lo menos construya un argumento sólido de las acciones de su gobierno.

Ya ni siquiera se trata de un asunto de transparencia y rendición de cuentas, sino de básica comunicación política. Si logró ganar una campaña con generalidades y sin compromisos precisos, ni siquiera una plataforma acabada, ya en el poder no puede mantenerse en esos márgenes, desde hace mucho tiempo resultó insuficiente. Va dejando huecos abiertos.

Si los asesinatos no le pesan al gobernador Quirino Ordaz y sigue repitiendo que no están rebasados y que la estrategia de seguridad es la correcta, es justamente por esa falta de empatía. Evita a las víctimas. Ni pensar en un contacto directo con los maestros, con los médicos, con quienes por estar en la calle mientras se enfrentan las células de Dámaso y los Chapitos fueron asesinados, con los periodistas, con la familia del estudiante…es porque no tiene ni idea de cómo acercarse al dolor de la tragedia del estado que él gobierna.

El dicho más reciente de Quirino Ordaz sobre el pacto con la delincuencia, es otra arista del discurso desgastado e ingenuo. Mal planteada la pregunta, pero peor armada la respuesta. Si sigue pensando el gobernador que trata con la misma sociedad que Malova, está errado, otra vez.

Quirino encabeza un gobierno estatal con la corrupción enquistada. Una corrupción donde las organizaciones del crimen que dominan en Sinaloa fueron apoderándose de muchas áreas, de dependencias completas y de hombres y mujeres. Nada nuevo a lo que durante décadas domina en Sinaloa, y en México. Si el gobierno de Quirino Ordaz piensa que no es así, es por otra engañifa de la ingenuidad. Cambiando a los mandos principales no extirpa los quistes cancerígenos. Puede llenar de militares los mandos, pero al final un policía tendrá suficiente información para compartirla.

Nadie concibe que el gobernador de un estado o el Presidente se sienten a pactar con el narco, o con las dispersas organizaciones del crimen. Pero en los hechos reales, el Estado sí pacta, ha logrado acuerdos a lo largo de la historia: cuando el comandante de una compañía de policías se arregla, es un pacto desde el gobierno; mientras un general se “arregle” en la zona militar; cuando imponen al jefe de la policía o al de la Ministerial, pacta el gobierno; mientras un ministerio público, un diputado, un regidor o un administrador le rinda cuentas al narco y no al gobierno, está pactando.

Llegan los miembros del gabinete de Quirino Ordaz, todos, a un gobierno donde síndicos de comunidades municipales son parte de la delincuencia organizada (Dámaso López puso a su padre de síndico en Eldorado, en tiempos de Jesús Vizcarra); donde diputados locales y federales están enlodados hasta la garganta por la cercanía con capos que dominan sus municipios; donde en todas las corporaciones hay un bueno número de policías que forman parte de las nóminas del crimen.

Quirino pudo renovar el gabinete estatal con hombres y mujeres de prestigio, que se han ganado un nombre con el esfuerzo, pero no es suficiente para extirpar la podredumbre. El poder en México está copado por mandos intermedios que dominan la operación en el sitio, donde los secretarios, subsecretarios y directores, nada tienen qué hacer.

Malova, Aguilar y Millán, los últimos tres gobernadores de Sinaloa, resultaron pequeños para los tiempos que enfrentaban. Quirino Ordaz enfrenta una oportunidad que empieza a desperdiciar, como si el estado tuviera tiempo de desaprovechar las pocas oportunidades.

 

Margen de error

(Golpe a golpe) Hasta ahora el gobernador ha resultado pésimo en el arte del bending. Un boxeador —como un político— puede ser tan efectivo como lo sea su habilidad para bailar esquivando los golpes. Pero en Sinaloa Quirino Ordaz los recibe todos, directo, sin que ninguno de su equipo además logre participar como un distractor.

Si a su torpeza para esquivar golpes se suma que no ataca, entonces el ejercicio del poder puede convertirse en otro desagradable periodo de retraso.

Quirino Ordaz se preocupó por meses de jalar todos los hilos de poder, buscando no dejar un solo cabo suelto. Mandó a personas de confianza a las tesorerías de los municipios, a la seguridad pública por donde llegan chorros de recursos públicos, a la ganadería y a agricultura. Pero olvidó que en Sinaloa hay poderes fácticos tan poderosos como el mismo gobierno.

 

Deatrasalante

(El envés) Al cumplirse tres semanas del asesinato de Javier Valdez Cárdenas, el gobierno de Quirino Ordaz más que avocarse en la investigación ministerial, se muestra preocupado por entorpecerla. Ante la fuerte presión nacional e internacional, empieza a sembrar personajes que no están en la idea de exigir justicia, sino de jugar un papel de falsos amigos de Javier.

Se entiende que el gobierno busque estar enterado, es su labor. Pero de ahí a querer influenciar en cualquiera de las acciones, es diferente. Es ruin.

Desde el gobierno de Quirino lo que pretenden es saber qué sucede dentro de las movilizaciones de quienes legítimamente están participando en el activismo. Pero es muy fácil ubicar a los detractores.

Mal y tarde llegan a colgarse  (PUNTO)

 

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