Chiloy el Jazz Fest  de Mazatlán

 

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Una de las cosas maravillosas que ocurren cada año en Mazatlán es el Chilo Jazz Fest,que durante cinco días reúne a grandes músicos de este género llegados de distintas partes del mundo, para elevar la calidad de vida de los porteños y que los turistas tengan para disfrutar algo más que sol, playa, sexo y alcohol.

El Jazz Fest es una corriente internacional que tiene su origen en el barrio francés de New Orleans, pero que lo han adoptado San Juan de Puerto Rico, San Salvador y aquí en México, Ciudad del Carmen y Mazatlán.

Es, por decirlo de una manera, la antesala de los grandes festivales del jazz de verano como el de New Orleans, Montreal, Ciudad del Cabo, Barcelona, Madrid, San Sebastián o Copenhague.

Aquí en Mazatlán hay que agradecer la iniciativa a Julio Recinos, un extraordinariocantante de salsa y jazz latino, que acompañado de las instituciones que encabezan Raúl Rico, Alfredo Gómez Rubio, Manrry Fuentevilla y Cecilia Sánchez Duarte, hacen la hazaña de traer buen jazz al puerto, que dicho de paso alimenta con sus clínicas a los jóvenes que estudian música en la Escuela de Artes del Teatro Ángela Peralta (TAP).

La noche de la inauguración en el Teatro Ángela Peralta estuvo a cargo del gran trío neoyorquino-brasileño-mexicano que encabeza el contrabajista Vishnu Woods, quien ha trabajado con leyendas del jazz como  Thelonius Monk, Charles Mingus, Freddy Hubbard o Dizzie Gillespie.

Fue una noche muy musical que lo disfrutamos todos los que nos encontrábamos en el cómodo TAP. Las notas del piano se mezclaron maravillosamente con el contrabajo y la batería de un virtuoso que hacía lo que quería con sus baquetas mágicas y sus desplantes vibrantes.

Al escuchar a estos grandes músicos me vino a la memoria el gran concordense Cecilio Morán Arroyo, mejor conocido en el medio como Chilo Morán, que antes de morir en el DF brindó un concierto en este mismo escenario y hoy lleva su nombre el festival.

A Chilo lo conocí una noche en la sala de los hermanos Toussaint allá en la avenida División del Norte, en el sur de la ciudad de México, conversamos en medio de la voz apasionada de Betsy Pecanins, recientemente fallecida, y en un momento le pregunté  por qué siendo una figura del jazz mexicano no se presentaba en Sinaloa y su respuesta fue contundente: porque no me invitan.

A los años volví a verlo y escuchar a él y su grupo en el TAP, donde dio un gran concierto. Creo que fue la única vez que se presentó en Mazatlán antes de morir. Se cumplía una vez más la máxima de que “nadie es profeta en sus tierra”, o mejor dicho post mortem, se le brinda un reconocimiento en su tierra a quien Wynton Marsalis lo describió como “un miembro importante entre la hermandad de trompetistas de jazz”.Y vaya, de qué manera, trayendo a Mazatlán a grandes músicos del género al que le entregó su vida.

En definitiva, traer jazz de calidad a un medio donde el tamborazo es el rey, permite abrir la ventana de la música que marca tendencias en el mundo y que en Sinaloa es todavía para públicos pequeños.

Llamó la atención que en la inauguración del festival hayan sido estadunidenses y canadienses quienes mayoritariamente llegaron con boleto pagado al teatro. Incluso, no menor sino relevante es que en el festival se rinde homenaje a dos grandes músicos de jazz que desde hace varios años se instalaron en Mazatlán como son los jazzman Ken Woods y Jack Buddleman, que tenemos el placer de escucharlos en los bares de la mágica Plazuela Machado.

¡Enhorabuena!

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