martes, noviembre 30, 2021
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  • Dias de Impunidad

Y la llegada de Trump, ¿cómo afectará la economía sinaloense?

 

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La respuesta a esta pregunta ha rondado en mi zozobra en los últimos días. Esta semana leí que 120 toneladas de aguacates tapatíos no habían podido cruzar la frontera norte e inmediatamente volví sobre lo mismo. La sinaloense es una economía fundamentalmente productora de alimentos y una buena parte de ellos tienen como destino el mercado estadounidense. ¿Qué pasaría por ejemplo si la semana entrante el tomate sinaloense se encuentra varado con un arancel alto, un mayor control sanitario o simplemente un freno a la importación para privilegiar a los productores de Florida?

El tomate es un producto perecedero que tendría de último momento tener que colocarlo en otro país, como sucedió con el aguacate —que encontró lugar en el mercado canadiense—, industrializarlo o en su defecto orientarlo al mercado interno a menor precio.

Pero sea el tomate, los granos, las leguminosas o el atún, está en riesgo el tradicional flujo de productos hacia los mercados de nuestro vecino del norte.

Sabemos de la animadversión de Trump hacia los mexicanos. No nos lo mando a decir, sino lo dice y lo repite constantemente. Somos su enemigo. Vamos, son enemigos todos los que compiten con los productores estadounidenses, más allá de identidades ideológicas. Al conservador Mauricio Macri le detuvo los limones argentinos esta misma semana.

Entonces, las regiones agroexportadoras como la sinaloense o la argentina, están especialmente en peligro y hay indicios de que algo está sucediendo.

Esta semana estuve de compras en una de las tiendas Ley y me encontré como nunca baratas las berenjenas, como también el tomate emblemático del valle de Culiacán. No daba crédito que el kilo estuviera a menos de diez pesos. Quizá, se podrá argumentar, que es un remanente que no pudo colocarse o superar los controles fronterizos.

Pero llama la atención que esto suceda cuando todos los empresarios de distintos tamaño se encuentran reetiquetando sus mercancías. Que bien para el consumidor mediano y bajo que puede tener acceso a buenas berenjenas o tomates carnosos.

Pero hay algo que todavía no sabemos, si ese nivel de precios será temporal o llevará a reducir los volúmenes de producción, y si es como todo lo indica temporal, ese sería el verdadero principio del drama. Afectaría el empleo agrícola, el consumo y los ingresos del gobierno, o sea todo en carambola.

La pregunta ante esta situación potencial es: ¿Cuál sería la política del gobierno, siendo un problema mayor y duradero al que provocaron las heladas de 2011 que devastaron el campo sinaloense?

Y es mayor porque es estructural. Cierto que no se puede tratar ya como un problema porque hasta ahora, sospecho, siguen cruzando la frontera los productos sinaloenses. Pero Trump tiene una semana de haber asumido el cargo y habría que preguntarse por qué debería tener consideraciones con los productos de la región.

Estamos ante un proteccionismo imperial que solo parece tener como precedente los años posteriores al crack de 1929. Y, recordemos, eso llevó a México y otros países latinoamericanos a poner en marcha políticas igualmente proteccionistas e incluso nacionalistas. Adoptar la política keynesiana “de hacer hoyos y taparlos” para garantizar el pleno empleo.

La visita de Peña Nieto a Washington para el 31 de este mes tiene los peores augurios. El Presidente mexicano no tiene altura física, ni de estadista. Es un accidente en la historia política del país. No hay alguien en su sano juicio que considere que tiene el temple para defender los intereses mexicanos. Llegará seguramente asustado a la cita con Trump, luego de que el pasado martes éste anunció que iniciaba de inmediato la construcción del muro fronterizo y que México lo pagará.

Y entendamos: no sólo es un muro para contener la emigración ilegal, sino los intercambios bilaterales. Hay un cambio de paradigma y es radical. Por eso la amenaza a la economía sinaloense es real y ante los desafíos que representa, exige construir posibles escenarios y probables desenlaces, generando alternativas.

Me imagino que en ese sentido los productores de alimentos son más previsores que el gobierno que actúa sobre hechos consumados, y este trabajo lo vienen haciendo ante medidas que les afecte como sucedió en 2011.

En definitiva, estamos ante la mayor amenaza de que se tenga y lo que es seguro, algo tendrá que pagar la economía primaria exportadora sinaloense. En tanto eso ocurre, el debate público lamentablemente está centrado en las corruptelas que exhiben de cuerpo entero al gobierno de Malova, la sospecha de un pacto de impunidad, la militarización del estado que no logra detener en lo mínimo la escalada de violencia y los efectos nocivos del gasolinazo.

Habría que guardar energías para lo que viene. No hemos visto todo y la mayoría de las cosas malas que asechan las naciones empiezan por la economía.

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