abril 14, 2021 4:42 PM

La julieta de Almodóvar

julieta

Julieta es la invocación de una mujer, una representación ubicua y el insondable misterio de porqué frecuentemente abandonamos a las personas que más queremos. A las que deberíamos estar unidos por siempre porque así lo establecen los códigos de la vida agradecida.

Sin embargo, están aquellas rupturas inexplicables, definitivas, temporales, pero todas ellas inevitablemente traumáticas y una llaga en la existencia de quienes se van sin más, dejando una estela de desconcierto en el otro o los otros.

Un sentimiento profundo que se reduce a las preguntas culposas: ¿Qué pasó? ¿Dónde fallé? ¿Qué se quebró? La respuesta sin embargo es inteligible, solo en una circunstancia de esas que están plagadas los días y están lejos de poderse controlar. Donde poco o nada se puede hacer contra la adversidad que sale de la nada, pero donde el ser humano busca inmediatamente culpables para sentirse menos mal.

Es también el abandono al portador del amor filial, aquellos padres y hermanos que dedicaron años, meses, días, minutos, segundos, desvelos, llanto, ausencias, miedos, temores; pero también la del amigo con el que compartiste momentos esenciales de la vida o es el adiós doloroso a la amante que tatuó figuras elípticas sobre tu cuerpo y dibujó una sonrisa de satisfacción provocando unas manos asidas al reloj de tu existencia. Así de volátil es el ser humano. Vamos, es un constructor perverso de pilares de ausencia. Del dolor en el otro. El ajuste de culpas reales o ficticias. Esas ideas que de vez en vez ronronean en la mente como un lastre, como un desafío, que exige rápido una definición personal, que si no se asume, pareciera que no se es libre, sino preso de sus indecisiones, porque parece estar atado a ese trozo infame de la memoria atormentada. Está el paso adelante y la ruptura con ese pasado que se volvió pesado, agotador, extenuante. Que en definitiva, es más fuerte que el sentimiento amoroso.

Entonces, viene la desaparición física y con ella el recuerdo modelado con el cincel del tiempo. De los momentos buenos, regulares y malos de la existencia. La vuelta a la cotidianidad que deja de ser gratificante para transformarse en simple y llana rutina. Así pasa el tiempo con su tic tac rutilante, desesperante, doloroso. Agudo como el sonido de un taladro perforando un muro sólido. Nuevos amores y querencias, la joven se vuelve mujer y con ello los compromisos del amor, los hijos.

Luego vienen los encuentros del que abandona, con quienes le preguntarán por el ser amado o aquellos que te dirán que lo o la han visto. Que conversaron con ella/él a jalones y estirones, con todo y sus prisas. Quienes vieron sus deseos de huir de todo lo que corresponde al ayer. Haciendo del aquí y el ahora el lugar de un confort raro, espinoso, doloroso.

Es la primera vuelta de la rueda de la vida. Pero también la fuga hacia adelante, afirmación de la convicción de que es lo mejor para una existencia clandestina. Es de nuevo la ausencia que adopta un brillo extraño de esperanza. Luego es silencio; infernalmente silencio y vuelta al recuerdo maltrecho.

Es el regreso como insomne a la rutina del trabajo, las cosas de la casa, las salidas esporádicas. Al recuerdo untado a la piel. El paso de los días y sus horas. Hasta que un día, el más inesperado, llega una carta escrita en puño y letra que dice sin más: Querida, querido, uno de mis tres hijos ha muerto ahogado y estoy sufriendo mucho por esa ausencia antinatural de que los padres sepulten a los hijos. Y ahora es cuando entiendo, lo que has sufrido tú con la mía. Ver esa cama vacía. El objeto olvidado sobre el buró. La toalla sobre el perchero. El adiós sin palabras y la mano alzada con los dedos zigzagueantes. Sin una sonrisa que prefigure el próximo retorno como el siguiente paso por la vida con los que amamos. Sin embargo, esa misiva inesperada es una provocación para el reencuentro. Es la luz siempre acrisolada de la vida. La fortuna de la inteligencia en el cine que nos permite reflexionar sobre esas historias tan rutinarias, que son las de todos.

Eso y más es la nueva película de Pedro Almodóvar: Julieta.

 

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