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La despedida del 'Cuate'

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Se pasó un alto, lo embistió una camioneta y falleció
El cuate, como lo conocían en la Policía Municipal de Culiacán,  iba a bordo de una Kawasaki con placa 0481, el lunes 11 de julio, cuando minutos después de las 12 del día fue atropellado en la colonia Morelos.
Marco Antonio Martínez, el cuate, tenía 43 años, y le faltaba poco más de 1 año para retirarse. Era alegre, tenía una sonrisa amplia enmarcada por un bigote delgado y escaso; cacarizo con los ojos color miel, le gustaba la música de cumbia  y hacer bromas.
Su hermano gemelo también pertenece a la misma corporación. Ambos adscritos al Escuadrón Motorizado, nunca salieron a la calle juntos a trabajar  por protocolo de seguridad.
Marco Antonio les decía a sus compañeros más jóvenes que hacía varios años los habían mandado juntos a vigilar las calles, pero que al verlos las muchachas no sabían a cuál de los dos besar, por eso los jefes decidieron no volver a enviarlos, a la vez que lanzaba una carcajada, narra un elemento minutos antes de que el cuate fuera sepultado.
El lunes pasado, Marco Antonio hacía un rondín de vigilancia al lado de su compañero. Ambos transitaban en las moto patrullas por la calle Aguanaval, de la colonia Morelos.
De repente se le perdió de vista su compañero, que se adelantó, por lo que aceleró la moto para tratar de alcanzarlo; no hizo alto en el cruce de Aguanaval con Pascual Orozco y ahí Marco Antonio Martínez fue embestido por una camioneta Nissan color amarillo, con placas VRD4645.
El agente salió volando del impacto alrededor de 20 metros de donde fue el impacto, golpeándose con un parachoques junto a un poste de luz, ocasionándole golpes en el tórax y fractura de cadera.
Fue trasladado por paramédicos de la Cruz Roja, a la clínica del Seguro Social, pero falleció en el camino.
La hoja de servicio del agente dice que ingresó a la corporación el 8 de octubre de 1992. No presenta amonestaciones graves, y obtuvo varios reconocimientos como policía del mes, entre los años 2003 y 2007, y fue además reconocido públicamente entre los años 2010 y 2014.
Pero hay cosas que la hoja de servicio no guarda, como las anécdotas que sus compañeros recuerdan, como cuando estaba asignado a Eldorado y se estaba ahogando una pareja en las playas de Ponce.
Dicen que el cuate se fue corriendo hasta adentrarse en el agua tratando de hacer el rescate. El único detalle, dicen, es que se le olvidó que entonces no sabía nadar, por fortuna los tres salieron ilesos del mar, sonríe uno de sus compañeros, que explica lo bromista que era y cómo le “echaban carrilla” con ese tipo de historias.
La última anécdota de Marco Antonio Martínez es que se cruzó un semáforo en rojo, pero esta vez el resultado fue lamentable. El dolor apaga la risa.
Datos del INEGI revelan que durante el periodo que abarca del 2004 al 2014, en Sinaloa fallecieron 3 mil 265 personas en accidentes de tránsito.
En ese mismo periodo, la estadística revela que 20 mil 051 motos estuvieron involucradas en accidentes viales, como en el que falleció el agente de la Policía municipal de Culiacán.
La despedida
El 13 de octubre, un par de decenas de agentes de la Policía Municipal de la capital del estado acudieron a la iglesia Santa Lourdes y luego al panteón 21 de Marzo, para despedir a su compañero.
Alrededor de las 10:30 de la mañana, el cuerpo de Marco Antonio fue trasladado, de su casa ubicada en la colonia 21 de Marzo, a la calle Coronel Calixto Peña, de la misma colonia, donde se ubica la parroquia de Santa Lourdes.
Su mamá, hijos, hermanos, toda su familia, amigos y compañeros de la corporación, acudieron a escuchar las palabras de despedida. Al terminar la misa el cuerpo fue trasladado a su casa escoltado por sus compañeros motociclistas, y minutos más tarde lo llevaron a su última morada.
En el Panteón 21 de Marzo se sintió un viento entre la ola de calor, justo cuando bajaban el féretro de la carrosa funeraria. El cielo se nubló pero solo cayeron lágrimas.
—¿Por qué llora la niña, mamá? —preguntaba una pequeña mientras señalaba con su dedo.
La niña resultó ser una  mujer de más de 80 años, muy delgada y de baja estatura, que se aferraba a la caja, “¡Marcos despierta, despierta, por favor mijo, te quiero mucho!”, repetía una y otra vez. Era la mamá del agente fallecido.
La banda de guerra de la corporación hizo los honores y pasaron lista al agente, el el otro cuate de Marco Antonio se veía deambular como si fuera el fantasma de su hermano, consolando a su madre.
La familia se abrazó alrededor de la caja mientras alguien hizo sonar Amor eterno, interpretada por Valentín Elizalde, mientras los agentes se fueron retirando del panteón en sus motos y solo quedó la familia y más cercanos para sepultarlo.
 

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