jueves, mayo 26, 2022
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Hay 400 personas desplazadas por la inseguridad en El Rosario

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De la cabecera municipal de El Rosario a la sindicatura de Maloya hay 52 kilómetros de distancia y 400 personas que han tenido que abandonar su lugar de origen para resguardar su vida.
Son personas de las comisarías Pilas de Estancia y Agua Zarca, comentó el síndico de Maloya, Ascensión Mendoza Torres, las que se desterraron.
Son siete las comisarías adscritas a Maloya: Jalpa, Pilas de Estancia, Tecomatillo, La Tebaira, Corral de Piedra, Agua Zarca y Buena Vista; y para llegar a la sindicatura se debe hacer un recorrido de una hora y media, pues del entronque de Chilillos a Matatán, la rúa está prácticamente intransitable.
Con todo y eso, el ir y venir de esos pueblos era cotidiano, hasta que a principios de este año los enfrentamientos recrudecieron el ambiente y algunas de las familias decidieron abandonar su pueblo.
Por disposición oficial, en Pilas de Estancia y Agua Zarca no fueron colocadas las casillas de votación para los pocos electores que quedaban; funcionarios electorales decidieron concentrarlas en Maloya para que la ciudadanía que aún permanece en esos dos pueblos, fueran a votar.
Mendoza Torres precisó que en Agua Zarca quedan si acaso unas dos o tres familias, y una o dos en Pilas de Estancia.
El antecedente inmediato son los eventos registrados los días 16 y 19 de febrero de este año, cuando fue incendiada una vivienda con una granada de fragmentación en Maloya, y la ejecución de tres personas que fueron sacadas de sus casas por un grupo armado, para un supuesto interrogatorio y regresadas para darles muerte cerca de sus domicilios. Las familias no pudieron más y decidieron dejar sus viviendas, esto entre Corral de Piedra, Buenavista y Maloya.
A cuatro meses de distancia, el síndico de Maloya dice que todo está en calma.
“Corral de Piedra ya está bien, Buenavista igual”, asegura.
Es la tercera ocasión que Ascensión Mendoza es síndico de Maloya, la primera apoyada por el entonces alcalde Aarón Flores Estrada y la gente, dijo, que  lo propuso, aun y cuando no tenía la edad oficial para hacerlo, por lo que un familiar prestó su identidad y documentación, pero quien ejerció el cargo fue él, y ya tiene nueve años siendo autoridad en el pueblo.
Y en esos años nunca había presenciado la salida de tanta gente, expuso.
“De Pilas de Estancia y Agua Zarca son como 400 personas entre los dos pueblos, que son como unas 40 familias por cada pueblo”, estimó.
—¿Nunca había ocurrido esto antes?
—No, nunca.
—¿Fue un momento crítico en febrero, entonces?
—Sí, no hallamos qué hacer… no estamos impuestos a eso, pues.
—¿No ha tenido problemas o ha sido amenazado?
—No, ya no se usa eso, en la sindicatura nuestra nunca se ha usado eso, ni gente armada, nos damos a respetar, allá gente armada nunca se ha usado, allá lo que pasó fue un asunto personal, allí no se trataba de bandas, era gente que estaba de visita.
El último ataque en este territorio del sur de Sinaloa fue el 16 de junio, con un saldo de siete hombres asesinados. Las víctimas iban en dos camionetas doble rodado; esto no impactó en el ánimo de la población, dijo.
“Hay gente del Ejército, llegan a Buenavista y tienen campamento, ahí se instalan, nos da seguridad”, dijo.
—¿No hay necesidad entonces de hacer un llamado para que se refuerce la seguridad en esta zona?
—No hay… pero si no se fueran, sería mejor para nosotros, que permanecieran ahí. Qué chulada. No estorbarían.
Lo que pasa es que ahí con nosotros hay una empresa minera, Oro Gold y hay mucho movimiento, entrada y salida, se cree que por eso Maloya y estas rancherías no son atractivas  para esa gente, indicó.
“Creemos que por eso Maloya y esas rancherías no les ha gustado porque ahí hay mucho movimiento y no pueden hacer cosas, la gente de aquí a eso se dedica, a trabajar en la mina, hay señores mayores que se dedican a la ganadería y agricultura”, explicó.
Por otra parte, dijo, la construcción de la presa Santa María también emplea a la gente, sobre todo a los de Jalpa.
La presencia de elementos de la Marina y del Ejército que desde el pasado sábado 16 de junio mantiene un operativo en la sierra de El Rosario hasta Escuinapa, expuso, da certeza de que hay seguridad.
La aparente calma de Cacalotán
La presencia militar y naval que entró a mediados de junio a la sierra de El Rosario por Cacalotán, mantiene a sus habitantes con una tranquilidad relativa.
Nadie quiere ofrecer su nombre y platican con los visitantes con muchas reservas, como queriendo que nadie los vea, pero en una cosa sí coinciden: la calma de Cacalotán es aparente.
Más de uno ha recibido la indicación de exponerse lo menos posible fuera de sus viviendas y de las zonas consideradas como “más seguras”, saben que no hay tranquilidad absoluta, con todo y la presencia de las fuerzas federales.
Saben que unos cuantos kilómetros de distancia, en la cabecera municipal de El Rosario, está la prueba irrefutable de que las cosas no andan bien en el municipio, que la calle “de las viudas”, la de los desplazados, los que salieron huyendo y dejaron atrás una estela de miedo, no es fortuita.
 

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