miércoles, enero 19, 2022
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Descontrol de emociones: punto determinante en los trastornos alimenticios

Los trastornos alimenticios como la bulimia, anorexia y obesidad son provocados por un daño a nivel cerebral, que impide al enfermo tomar decisiones. No es que no quiera, es que se encuentra limitado neurológicamente.
 
La alimentación es  parte de la rutina de una persona. Ha estado presente desde que fue gestada y hasta el día de su muerte, es un acto sencillo, instintivo, que casi se pasa por alto la importancia que tiene.
En muchas ocasiones la alimentación depende de lo que se tiene en el refrigerador, del dinero, tiempo o disposición de la persona para cocinar un platillo igual o lo más apegado posible al plato del bien comer, incluso a veces hasta interviene el ánimo de la persona de querer o no cocinar un platillo más o menos adecuado, lo que nos orilla muchas veces a recurrir a la comida rápida o improvisar alimentos sólo para combatir el hambre.
Los nutrientes que necesitamos diariamente, no siempre son consumidos. Por las rutinas estudiantiles o laborales, pocos se dan el tiempo de llevar una alimentación adecuada de cinco comidas al día (tres platillos fuertes y dos colaciones). Un desayuno lejos de verse como los que se recomiendan, muchas veces termina siendo un licuado, pan tostado o nada, continuando así, con la modificación de las comidas, cosa que tiene consecuencias en la salud y pueden ser notorias a corto o largo plazo, pero a veces no comer adecuadamente va más allá.
Los trastornos de la conducta alimentaria son un grupo de condiciones relacionadas con la perturbación de la imagen corporal y el comportamiento anormal de comer. Entre ellos pueden mencionarse la anorexia, bulimia y obesidad.
En México se ha realizado solamente una encuesta nacional sobre prevalencia de trastornos de conducta alimentaria, en el 2006. Los datos arrojaron una prevalencia de 1.8 por ciento de bulimia nerviosa en mujeres y de 0.8 por ciento en hombres entre los 18 y los 65 años de edad. El diagnóstico de anorexia no fue reportado. Por otro lado, el sobrepeso y la obesidad afectan alrededor del 70 por ciento de la población, el 71.9 por ciento en mujeres y el 66.7 por ciento de hombres entre los 30 y 60 años de edad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera actualmente a la obesidad como una epidemia global, que no es exclusiva de los países de altos ingresos y que impacta en todos los grupos de edad.
Se estima que en México las enfermedades causadas por la obesidad y el sobrepeso tienen un costo anual aproximado de 3 mil millones de dólares y el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) otorgó 290 mil 594 consultas relacionadas con el sobrepeso y la obesidad dentro del primer nivel de atención, tan sólo en el año 2007.
La anorexia es una enfermedad caracterizada por la aversión al alimento que ocasiona inanición e incapacita a la persona para permanecer en un peso corporal mínimo, adecuado a su edad y estatura.
La bulimia se caracteriza por episodios de ingestión excesiva de alimentos (atracón) que se acompañan por la sensación de pérdida de control. Posteriormente la persona utiliza diversos métodos para prevenir el aumento de peso corporal (conducta compensatoria): vomitar (que es utilizado en el 90 por ciento de los casos), usar laxantes, diuréticos o hacer ejercicio.
La obesidad es una enfermedad sistemática, crónica, progresiva y multifactorial que se define como una acumulación anormal o excesiva de grasa. En su etiología se involucran alteraciones en el gasto energético, desequilibrio en el balance entre aporte y utilización de grasa, causas de carácter neuroendocrino, metabólicas, genéticas, factores del medio ambiente y psicógenas, aegún la definición de la Secretaría de Salud.
La anorexia y bulimia causan la pérdida de hasta el 85 por ciento del peso de quien las padece, generando alteraciones biológicas como amenorreas en el caso de las mujeres, la ausencia de apetito sexual en los hombres, arritmias, alteraciones de la consciencia, pancreatitis, alteraciones hepáticas o renales severas, sangrado en el tubo digestivo, dilatación gástrica aguda, entre otros daños.
En cambio, la obesidad es el exceso, lo que lleva a la hipertensión, diabetes mellitus, enfermedades cardiovasculares, apnea del sueño, reflujo gastroesofágico, infiltración de grasa en hígado o problemas ortopédicos.
Las alteraciones biológicas entre bulimia, anorexia u obesidad no son ni remotamente similares, debido a que son conductas de alimentación diferentes llevadas al extremo, sin embargo, la relación entre un bulímico, un anoréxico y un obeso no vienen de su alimentación, sino de su alteración cerebral que los incapacita en la toma de decisiones.
“Son trastornos que van muy de la mano (obesidad, anorexia y bulimia) que tienen un trasfondo psicoemocional. En ambos la persona tiene una autoestima muy baja, una percepción de sí muy baja y por ahí viene la dificultad en la toma de decisiones. Tienen como una incapacidad, no es que sean retrasados”, explicó el médico cirujano Ángel Mario Castro Loaiza.
En el cerebro se encuentra el sistema límbico que es la parte más primitiva a nivel cerebral. Este sistema alberga las emociones, por ejemplo placer, miedo o agresividad, ese sistema se conjunta con la corteza prefrontal (que es la parte racional o el sentido de responsabilidad) para la toma de decisiones. Si ese sistema se encuentra dañado, impide a la persona tomar decisiones; cosa que caracteriza a los enfermos de bulimia, anorexia y adicciones, donde está catalogada la obesidad, según el doctor Castro Loaiza.
“Ellos saben que su vida está mal, pero no pueden tomar la decisión de cambiarla; no es que no quieran, es que no pueden, entonces hay que manejarles el daño cerebral para que esto se traduzca en una mejora”, agregó el doctor.
Los trastornos concentran el 90 por ciento en la parte psicoemocional. La persona que padece un trastorno alimenticio tiene sus emociones atrapadas, como ira o miedo, muchas veces provocado por la presión social. Además tiene un estilo de vida poco saludable, no duerme a las horas adecuadas, reprime emociones, no tiene hábitos alimenticios saludables y todo eso siempre es acompañado por la depresión.
Cuando un paciente con un trastorno alimenticio llega a consulta, tienen que tomarse en cuenta diferentes factores. En la mayoría de los casos los pacientes llegan acompañados por familiares, lo que implica que no van por su voluntad sino obligados por la familia, los amigos o la sociedad.
La valoración se hace con el paciente a solas, para determinar la problemática. En casos muy recurrentes el paciente no quiere ayuda, ya que no reconoce que tiene un problema o es incapaz de tomar la decisión de cambiar sus hábitos para emprender el tratamiento.
“Para que haya un cambio en la persona, tiene que haber una toma de consciencia, lo que le llamamos a veces ‘tocar fondo’. Cuando la persona toca fondo dice ‘hey, ayúdenme’ mientras no toque fondo, él siente que está bien”, agregó Castro Loaiza.
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El tratamiento para un bulímico, anoréxico y un obeso consiste en dos etapas. En la primera etapa se tiene que tratar el daño a nivel cerebral para que el tratamiento pueda dar resultados, en esta etapa se hace uso supervisado de fármacos como antidepresivos, o en el caso de los obesos, fármacos que apoyen la pérdida de peso. También se trata desde el punto de vista psicológico, ya que de no haber una mejoría en ese punto, el tratamiento puede no dar resultado.
La segunda etapa es el mantenimiento del tratamiento. En esta parte el paciente ya no consume fármacos como apoyo, el tratamiento se limita a las consultas psicológicas, médicas y nutricionales que creen un hábito de buena alimentación en el paciente.
Cuando el tratamiento concluye y en un lapso posterior el paciente recae, es un indicador que el factor psicológico aún no está reforzado, por lo que el paciente no está curado.
El nivel de control del tratamiento difiere un poco entre un bulímico o anoréxico a un obeso. Los bulímicos o anoréxicos necesitan un equipo multidisciplinario para su tratamiento: psicólogo, psiquiatra, nutriólogo, endocrinólogo; mientras que para tratar a un obeso puede limitarse a médico y paciente.
—¿Es más difícil el tratamiento, a nivel local, de la anorexia y bulimia que de la obesidad?
—Sí, sí. La obesidad es un tratamiento hasta light, médico-paciente se van divirtiendo, se van conociendo, el anoréxico está encerrado, el bulímico está encerrado en su mundo… son muy mal tratados (los anoréxicos y bulímicos), porque primero no existe un centro, segundo aquí en Culiacán lo que yo me he percatado es que no hay un apoyo familiar, hay una presión pero no un apoyo.
“Mi teoría va más hacia el trastorno de personalidad, desde el embarazo, desde el nacimiento, desde los primeros dos años de vida, cómo fue tu relación con tu mamá y con tu papá  en esos dos años, eso va a ser un factor determinante”, concluyó el doctor Ángel Mario Castro Loaiza.
 
 
 
 

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