Pasos para delinquir

 
 
 
interno cipa 2
Desintegración familiar, consumo de drogas y alcohol, pasado en común de los menores infractores
 
 
 
El coraje venció a Roberto hace cuatro años. Durante una riña empezó a golpear a otro joven y no dejó de golpearlo hasta que quedó muerto.
En ese entonces tenía 17 años y actualmente cumple una sentencia de 5 años tres meses en el Centro de Internamiento para Adolescentes.
“Me cegó el coraje más que nada, ya cuando reaccioné ya había pasado todo”, comenta.
Roberto, como pide llamarse, es uno de los jóvenes que participaron con su testimonio para el Diagnóstico de las y los Adolescentes que Comenten Delitos Graves en México, elaborado por la UNICEF y la Secretaría de Gobernación en los centros de internamiento de Coahuila, Morelos, Hidalgo y Sinaloa.
A través de la reconstrucción de las historias de vida de los adolescentes y de las circunstancias que contribuyeron a la comisión de los delitos, el estudio busca conocer las condiciones, rasgos y necesidades de este grupo, con la finalidad de dar alternativas para su reincorporación a la sociedad.
La investigación hurga en el pasado de los jóvenes y encuentra que casi la mitad abandonaron sus casas por varios días o meses y los principales motivos que los llevaron a abandonar sus casas fueron la separación o la violencia entre los padres y el maltrato o el abuso sexual hacia los propios adolescentes.
Roberto cometió el homicidio en Los Mochis, cuando estudiaba tercer año de preparatoria, aunque a la escuela, dice, “iba y a la vez no” pues no le tomaba importancia.
“Había problemas, ya me habían amenazado y eso día yo iba en una moto y haz de cuenta que cuando me empezaron a agredir había varios conocidos míos ahí y ellos también hicieron el favor, varios me estaban golpeando y nosotros también les respondimos a ellos”, cuenta.
La Juez sentenció al joven, hoy de 22 años, y todavía le queda un año y tres meses de internamiento.
Actualmente está por terminar de estudiar la preparatoria y tiene una beca del Tecnológico de Monterrey con la que estudia un diplomado en línea en administración de negocios.
Cuando obtenga su libertad, menciona, estudiará una licenciatura en administración de negocios.
 
Pasados turbios
De acuerdo con el Diagnóstico de las y los Adolescentes que Comenten Delitos Graves, la mayoría de los menores tienen un pasado en común: vienen de familias con problemas, desintegradas y con consumo de drogas y alcohol.
El estudio fue realizado en 2014 y se entrevistó a los 82 jóvenes que en ese momento estaban internos en Culiacán.
Según los resultados, el 22 por ciento nunca han vivido con su padre ni han tenido la oportunidad de conocerlo; el 23 por ciento de los que sí vivieron con su padre dejaron de vivir con él antes de los 11 años y otro 7 por ciento dejaron de vivir con su madre antes de los 11 años.
“No habría que subestimar el hecho, también muy  preocupante, de que prácticamente la mitad de los adolescentes entrevistados encontraron motivos con el peso suficiente para hacerlos abandonar sus casas aun cuando no tenían la seguridad de poder contar con un techo, con protección o con medios para subsistir”, señala el documento.
El 40 por ciento señaló que alguien en su núcleo familiar consumía alcohol con frecuencia cuando él era pequeño, y  21 por ciento dijo que alguien de su familia consumía drogas.
Los empleos más frecuentes de su padre eran albañil, pintor, herrero, taxista, chofer, comerciante, obrero, vigilante, jardinero, mecánico o desempeñaba labores en el campo.
La mayoría reportó que su madre no trabajaba y, aquellas que lo hacían, eran empleadas domésticas, meseras, tenían un puesto en el mercado, cocineras, comerciantes o dependientes en alguna tienda o salón de belleza.
 
 Delinques y te golpea la policía
“Yo empecé a consumir marihuana desde los 12 años. A los 13 y 14 ya me metía de todas las drogas y me aloqué y comencé a robar hasta tres trocas al día. Las mandaba a la sierra de Badiraguato y me pagaban entre 30 y 40 mil pesos por cada una”, narró uno de los entrevistados en el diagnóstico.
Este joven es parte del 35 por ciento de los acusados por robo con violencia. La mayoría fueron detenidos por haber cometido ese delito, seguido de homicidio con el 22 por ciento, y portación de armas con el 17 por ciento.
La información proporcionada por los jóvenes, indica que en el 67 por ciento de los delitos por los que los acusaron se utilizaron armas, la mayoría armas de fuego.
Durante la detención, los jóvenes aseguran haber sufrido malos tratos de los elementos de la corporación que los arrestó.
El 76 por ciento refirió haber sido severamente golpeado, el 62 por ciento señaló que no le informaron el delito por el cual lo acusaban y el 23 por ciento dijo que no les informaron sus derechos.
“Cuando me detienen, me golpean y me llevan a un canal para amenazarme de que me iban a mochar la cabeza y prendían una motosierra que traían. También me robaron mis pertenencias”, narró uno de los internos de Culiacán.
“Me torturaron con la chicharra, me pusieron una bolsa y me tuvieron dos días tapado de la cabeza”, contó otro más.
El 94 por ciento de ellos tuvo uno o varios empleos  en su corta vida de libertad y la mayoría de ellos empezó a trabajar entre los 13 y los 14 años.
Los adolescentes desempeñaron toda clase de empleos, desde vendedores de dulces, flores o películas, hasta repartidores de pizzas, vendedores de tacos, en talleres mecánicos o de carpintería o vulcanizadora, pasando por la albañilería, la herrería y franeleros.
Para cuando salgan del centro de internamiento, más de la mitad de los adolescentes dice que le gustaría apoyar a su familia, construir una familia propia y tener una casa o un trabajo.
Sin embargo, el 28 por ciento dice no tener sueños, no confiar en nadie y no saber ni querer pensar en su futuro.
“Al salir de aquí me gustaría poner un negocio de jugos de naranja aunque mi sueño sería llegar a ser de la Policía Federal”, “No sueño con nada”, “No tengo ningún sueño, que el destino lo decida”, respondieron tres jóvenes cuando les preguntaron qué les gustaría hacer y cuál sería tu sueño.
 
Es posible reinsertarlos a la sociedad
Aún con el pasado que arrastran los jóvenes internos por la comisión de delitos, es posible hacerlos cambiar y que se reinserten en la sociedad, asegura el director del Centro de Internamiento para Adolescentes, Sergio Núñez Madrigal.
Cuando entran, menciona, los adolescentes llegan con la mentalidad de que al salir seguirán haciendo lo mismo que antes.
“Aquí al principio se dificulta bastante pero se empiezan a hacer los hábitos y hemos logrado hacer ese cambio, porque lo que ellos piensan al llegar aquí es que van a seguir siendo lo mismo, van seguir rompiendo reglas, van a seguir peleando con los padres.
“Si bien es cierto no podemos juntar a una familia que esté separada, si podemos hacer conciencia en ellos de que el adolescente los necesita”, expresa.
Para el titular del CIPA, la muestra de que es posible cambiar a un adolescente, es que ya no reinciden.
El año pasado, un joven que ya había egresado volvió a entrar en abril  por cometer otro delito y desde entonces no ha habido otro reincidente.
Para asegurarse que los adolescentes que ya cumplieron su sentencia se reintegren a la sociedad, detalla, el Instituto para la Atención Integral del Menor les da un seguimiento con supervisión constante.
Aunado a eso, menciona, las empresas están dando confianza a los jóvenes que egresan y los contratan al obtener  su libertad.
Esta semana un adolescente firmó contrato con la empresa OXXO, que tiene un programa de contrataciones para jóvenes que salen del CIPA.
La reinserción se vuelve complicada cuando los jóvenes presentan daños por consumo de drogas.
“Si el adolescente ha consumido drogas pero no ha sido dañado su organismo física y mentalmente, no hay ningún problema o nada que nos impida que el muchacho pueda cambiar”.
Señala que los adolescentes cuando ingresan refieren que delinquieron para obtener dinero.
“El común denominador es lo económico y en todo lo que sí detectamos también es la falta de supervisión de los padres, los dejan solos con facilidad o les dejan la casa para ellos cuando tienen que trabajar por necesidad”.
“Es un común denominador lo económico, ellos buscan a veces dinero fácil”, menciona.

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