jueves, enero 20, 2022
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La cumbre escarlata

 

la cumbre

Las películas de Guillermo del Toro tienen ese toque de misterio que las hace especiales, únicas y que el espectador las identifique, aun sin que sepa que está ante un trabajo del director tapatío.

Si se ve El espinazo del diablo (2001) o El Laberinto del fauno (2006), una constante es que el realizador nominado al Óscar por el guión de ésta, mezcla en sus historias de fantasía, el drama, el romance y lleva al público a enfrentarse a mundos oscuros y fascinantes, y La cumbre escarlata (Crimson Peak/EU/2015) no es una excepción, al contrario, es su filme mejor logrado en ese sentido.

Los fantasmas es el tema preferido por Edith Cushing (Mia Wasikowska), una aspirante a escritora que vive con Carter (Jim Beaver), su padre, en Estados Unidos, tal vez porque de niña, su madre, que acababa de morir, se le apareció para advertirle que se cuidara de la cumbre escarlata, aunque no comprendió el mensaje.

Generalmente le recomendaban que sus escritos los hiciera sobre el amor, hasta que recibe la primera aprobación de Thomas Sharpe (Tom Hiddleston), un inglés que recién llegó a la ciudad junto con Lucille (Jessica Chastain), su hermana, a buscar financiamiento para llevar a cabo un proyecto.

Como Carter es uno de los que podría financiar a Thomas, éste cortejará a Edith para lograr su objetivo, y a pesar de que su padre intenta por todos los medios que su hija no se interese en el joven, una vez que muere, ella finalmente se casa.

En la cumbre escarlata, como le llaman al lugar donde está la casa de Thomas y su hermana, Edith recordará la advertencia de su madre, y poco a poco se dará cuenta de que las atenciones de su esposo y su cuñada, no precisamente son porque les agrada, pero su amigo y enamorado desde la niñez, el doctor Alan McMichael (Charlie Hunnam), descubrirá las verdaderas intenciones de los Sharpe, y buscará llegar a tiempo al otro lado del Atlántico, para salvar a Edith.

En muchos aspectos, La cumbre escarlata es el trabajo más maduro de Guillermo del Toro, en el que retrata de mejor manera su idea de misterio, sin efectos especiales tan llamativos, pero sí como un dramatismo donde la psicología de los personajes juega un papel muy importante.

El diseño de producción es una de las ventajas de la película, en su desarrollo en Estados Unidos, pero sobre todo en Inglaterra: la mansión en decadencia, las hojas o nieve —dependiendo de la época del año— que caen del techo en el recibidor, el color de las paredes, lo que guarda el sótano, le dan un toque de encantamiento que la hacen un personaje más. De igual manera el vestuario es impecable, cuidado al máximo, que contribuye a dar ese ambiente gótico.

Las actuaciones, en general, son buenas: Wasikowska, como la esposa aparentemente inocente, pero que está pendiente de todo y en el momento preciso saca todo a la luz; Hiddleston, como el marido galán y seductor, que poco a poco deja ver su verdadera faceta; pero es Chastain, quien con esa frialdad y perversidad, se lleva la cinta.

El espectador hará sus predicciones durante la cinta, para determinar qué es lo que está pasando en realidad, aunque en varias ocasiones se dará cuenta que no era lo que creía, y la revelación de ese secreto familiar, tal vez le parezca muy perturbador. No deje de verla… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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