Karen Magdaly, la estudiante modelo

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Las notas de la canción “Se va muriendo mi alma”, se repitieron en varias ocasiones. Esta vez, Karen Magdaly Salazar Machado no coreó la letra. Tampoco sonrió, como era su costumbre. Su rostro ahora serio y sereno estaba oculto dentro del ataúd que fue colocado junto al de su abuela.

Con 21 años de edad y estudiante de la Facultad de Odontología, Karen fue sepultada en el panteón del ejido El Molino de Sataya, perteneciente a Navolato, en el rancho de los abuelos, donde cursó el primer año de kinder, aprendió a montar a caballo, le tomó el gusto al campo, y al que regresaba cada fin de semana a las reuniones familiares.

Ahí estuvieron sus papás, sus dos hermanos menores y toda su familia; los compañeros de clase que en su honor vistieron de rosa; también los vecinos y ejidatarios que tres años antes le pidieron fuera su reina.

Era 5 de octubre, y habían transcurrido apenas dos días de la fiesta donde un desconocido le disparó en varias ocasiones. No aceptar bailar y resistirse al acoso físico, le costó la vida.

 

Su pecado fue ser bonita

El pasado viernes 2 de octubre, Karen, quien no era aficionada a los antros, y más bien prefería los cafés, restaurantes y las reuniones en casa, asistió a una fiesta junto con otros estudiantes de la facultad.

Para no manejar de noche, decidió quedarse con una amiga en la colonia Universitarios, donde ya entrada la madrugada del sábado, se improvisó un convivio.

Su precaución para no regresar a casa de noche, tal vez pudo tener relación con un suceso ocurrido dos años antes. En 2013, también en octubre, al salir de una fiesta con su novio y tres amigas, un sujeto intentó propasarse con una de ellas, a quien quiso bajar del auto minutos más tarde.

En aquella ocasión, ella y los acompañantes intervinieron, y lograron que el individuo desistiera.

“Fue traumático ese momento, desde entonces decíamos, hay que cuidarnos, si vamos a salir, vamos a la fiesta y hasta ahí, y hubo un tiempo que ni salíamos, y de hecho Karen no salía, era raro, salía a las fiestas de la escuela porque íbamos todos, pero no era de que cada fin, vamos al antro, ella era más de vamos al café, a comer, o véngase a mi casa o me voy para su casa, pero no era de andar en la calle, ni tomaba, por eso le tocaba ser el taxi”, expresa Luisa Salas, compañera de aula.

La mañana del pasado 3 de octubre, en la colonia Universitarios, las cosas no salieron diferentes a aquel momento.

Ese día, un conjunto musical, entre los que se encontraba el novio de Karen, tocaba cerca de las cinco de la mañana. Un joven y al menos cuatro sujetos más a bordo de dos vehículos llegaron al lugar. Uno intentó propasarse. Ella se negó. Su pareja intervino y trató de defenderla.

El acosador, quien aparentemente estaba drogado, sacó un arma. Karen le pidió a su novio que huyera, e intentó disuadir al agresor.

“En el momento que él corre le dispararon, pero no le pegaron ninguno, y dicen que había impactos de bala en carros, hasta la esquina del lugar”, relata un joven.

“A lo mejor en el coraje del agresor, la agarraron a ella y fue cuando le pegaron el primer balazo en el cuello, con el que prácticamente cae”.

En un intento por protegerla de las balas, un estudiante forcejeó con el atacante. También le dispararon. Testigos señalan que ya herido en el suelo, lo apuñalaron y golpearon. Antes de huir, poncharon las llantas de los autos.

La versión de la Procuraduría es que en el ataque sólo participó una persona, que ya está identificada, y que el alumno atacado únicamente recibió disparos.

“Cuando dicen mataron a alguien, pues por algo lo matarían, dice la gente, y hasta que no te toca, ves cómo son las cosas en verdad, dices, no, también a los inocentes les toca”, expresa Mayra, su tía.

“A lo mejor ella estaba en el lugar equivocado, o llegaron las personas equivocadas, pero creo que el pecado de Karen, fue ser bonita”.

 

Alumna modelo

Dos días antes de ese momento, Karen y sus compañeros de salón habían planeado la fiesta de graduación. Sería en diciembre de 2016.

“Ella fue la primera que se movió, fue a buscar presupuestos a los salones y los costos de la música. Para ella terminar la carrera era uno de sus sueños, estaba dedicada a los estudios. Era una excelente alumna, de dieces”, señala José Valle, uno de sus amigos más cercanos.

“En el grupo veía por el bien de todos, y a mí en lo personal, cuando entré a la carrera, batallé por cuestiones del certificado, reprobé en un semestre prácticamente todas las materias, y cuando vuelvo a regresar, quien me apoyó fue ella, se amanecía conmigo estudiando, sin necesidad”.

Era subjefa de grupo. La líder en los trabajos de equipo, las tareas escolares y en las sesiones de estudio para los exámenes.

“Creo que de alguna forma siempre quiso estudiar odontología, porque antes de comenzar la carrera, ya traía braquets, y me decía que siempre le preguntaba al dentista por todo, ‘todo el tiempo soy bien metiche’, me decía ‘siempre me llamó la atención la carrera ésta, y gracias a dios estoy aquí'”.

Entonces Karen, quien siempre mantuvo buenas notas, planeaba abrir su propio consultorio al terminar la Licenciatura.

“Desde pequeña Karen Magdaly fue un ángel, siempre llamaba la atención por su sonrisa y sus lindos ojos, una niña que siempre tenía una sonrisa para todos, emprendedora, entusiasta y de ideas; luchando por sobresalir en lo que hacía, siempre fue alumna sobresaliente; participó en torneos porque le encantaban los deportes”, expresa su mamá.

El futbol, volibol y basquetbol fueron sus deportes favoritos, aun cuando en los últimos meses, la escuela sólo le daba tiempo para acudir al gimnasio.

 

El proyecto Felizmente

Recientemente Karen se había unido al grupo Felizmente, creado por uno de sus tíos para brindar apoyo a personas vulnerables. Con esa agrupación visitó la Ciudad de los Niños y el Asilo de Ancianos. En este último había planeado regresar para colocarles placas dentales a los pacientes.

“Dos o tres días antes de lo que pasó, le dijo a mi hermano, ‘tío tengo un plan para ponerles placas a los abuelitos que les faltan dientes, para que se sientan diferentes, y estén mejor, pero sólo alcanzó a ir una vez al Asilo de Ancianos”, narra Mayra, su tía.

El proyecto busca ahora ser continuado por sus compañeros de Odontología.

“Ella estaba esperando respuesta del Asilo de Ancianos, para que nos diera la facilidad de traer a los pacientes o ir y atenderlos allá, para ponerles placas”, comenta José.

“Si el señor (fundador del programa Felizmente) está de acuerdo, nosotros con gusto seguimos el proyecto, porque era lo que ella siempre quiso; todo el tiempo la miraba ilusionada con ayudar a la gente”.

 

La despedida

En la Facultad de Odontología, a donde ingresó en 2011, hoy hay una ofrenda en su memoria. Las flores ya están marchitas, pero los mensajes pegados al tronco de un árbol, todavía están legibles.

 

“Querida Karen te nos fuiste muy rápido, el señor te llamó a su lado mucho antes de lo que pudiéramos haber imaginado, nos causa una profunda pena tener que dedicarte estas últimas palabras, aunque no te conocíamos en persona, nuestro grupo 3-3 se llena de luto y de tristeza al tener que despedirte”, se lee en el mensaje pegado en el tronco de un árbol.

“Nos unimos par decirte que tu ausencia será mucha, dejas muchos recuerdos con todos tus compañeros, amigos, maestros y toda la comunidad de Odontología, ahora eres luz en el universo y sabemos que sabrás llegar a todos tus amigos y seres queridos, a través de tus tantas ocurrencias de siempre, sé que nos volveremos a encontrar y ya no te volverás a adelantar, descansa en paz”.

El texto fue escrito por alumnos de un grupo distinto al de Karen. En la escuela la noticia de su muerte sorprendió a todos.

“Ella era una sonrisa con patas, siempre fue bien mitotera, barbera, una niña bien consentida, pero nunca fue malcriada, muy inteligente, y sociable, así era desde niña”, añade su tía.

En alguna ocasión manifestó que su deseo era que en su velorio los asistentes vistieran de rosa. Sus compañeros decidieron complacerla y utilizaron ese color para despedirla, mientras las notas de la canción “Se va muriendo mi alma”, una de sus favoritas, se escucharon en El Molino.

“La cachetes”, como la llamaba su papá, descansa ahora en el pequeño panteón ejidal, muy cerca de la casa de los abuelos, donde una imagen suya, rodeada de flores, intenta preservar su recuerdo.

 

Otros ataques

En la ciudad, los ataques a asistentes a convivios, como en el que perdió la vida Karen, se han vuelto frecuentes, e incluso el mismo día en que ella fue sepultada, dos personas fueron asesinadas en una fiesta en la Colonia El Barrio.

El 2 de agosto, Héctor Velázquez, de 22 años, fue herido en una fiesta en la colonia Vicente Lombardo Toledano, y el 19 de abril, Denisse Medina Delgado, de 21 años, fue atacada de la misma forma en el fraccionamiento Acueducto 3. Ella falleció un día después en una clínica.

Hasta el momento, no se ha informado si los responsables de dichos atentados, han sido detenidos.

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