El problema principal sigue siendo la formación de docentes: Rocha Moya

Rocha

En la FIL presenta su libro Pedagogía del anhelo, una vida en las normales rurales

 

 

Pedagogía del anhelo; una vida en las normales rurales es un libro donde Rubén Rocha Moya, desde su propia experiencia como alumno residente de la Normal de El Quinto Sonora, intenta recuperar la vida del estudiante en la normal rural, este hogar que fue por décadas la única alternativa de miles de adolescentes y jóvenes que en los años 50 y 60 decidían formarse como maestros,en su deseo por encontrar en esta profesión una forma deescapar de la pobreza endémica común en la mayoría de las familias indígenas y campesinas.

En esta obra, escrita con un lenguaje sencillo y bucólico que retrata la nostalgia por un sistema educativo preocupado para formar maestros comprometidos con un ideal de humanismo cargado de amor campirano, el ex Rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa plasma la “utopía” de un modelo de enseñanza que pretendía enseñar a leer al país y transformarlo,  forjando mentores con espíritu de apostolado capaces de regresar a sus comunidades para sembrar en las aulas de las escuelas primarias la semilla del conocimiento, que habría de salvar alas familias del campo ,sumidas en un paisaje de atraso y abandono.

Era la tarde de lunes y la Feria Internacional del Libro, en el Zócalo, estaba saturado de lectores que se daban cita para la presentación de esta obra, que a manera de novela histórica, rememora el papel de las normales rurales como forjadora de cuadros políticos de una izquierda radical que alimentó las revueltas sociales posteriores a los 60 con figuras polémicas y controvertidas como Lucio Cabañas y Genaro Vásquez, o encumbrados hombres del sistema que se erigen en verdugos de una forma de enseñanza tan noble como confrontada ahora con las nuevas formas de ejercer el poder.

Contada con un realismo propio del hijo del campesino, el sinaloense nacido en Badiraguato,el municipio más pobre de la entidad que parió a los más famosos capos de los cárteles de la droga,narra con detalle cómo se gestó esta red política matizada de rebeldía que reacciona con coraje ancestral contra un Estado represor que busca a toda costa desmantelar y aniquilar toda forma de enseñanza que cuestione y critique las asimetrías de la economía y del sistema político.

Versado en el arte discurso, Roya Moya transporta a su auditorio a una profunda reflexióncuando explica aquella tarde del 26 de mayo de 1969  en que un mensajero de Tixtla entrega un telegrama  que enviaba  el titular de la Secretaría de Educación Pública, Agustín Yañez. Procedía del Distrito federal y estaba dirigido a la Presidencia del 23 Congreso de la Federación de Estudiantes Campesinos y Socialistas de México que celebraba su última sesión plenaria del Congreso Nacional de Normales Rurales, con sede en la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa.

El texto decía: “Para que informen a su Congreso y a las escuelas, comunico a ustedes que a partir del próximo ciclo escolar solo funcionarán como Normal, la mitad de las escuelas actualmente existentes. Pronto conocerán detalles”. Con este mensaje inicia el libro porque en su opinión aquí empieza el golpeteo sistemático contra las normales rurales como un sistema educativo que para esa época ya era incómodo.

Durante el periodo de Plutarco Elías Calles (entre 1924 y 1928) había ya unas diez escuelas normales rurales que funcionaban como internados, y el titular de la SEP en aquel tiempo pregonaba que los internados deberían funcionar como el esquema de una familia donde el director era el padre, la esposa del director —maestra o no— fuera la mamá, los maestros los hijos mayores y los alumnos los hijos pequeños. Se trataba de darle un sentido de comunidad.

En el sexenio de Díaz Ordaz había 29 escuelas normales rurales, pero la orden telegráfica las redujo a 15, unos meses después de concluido el movimiento del 68, que había dejado secuelas de insatisfacción y frustración colectiva profundas derivadas de la represión y matanza de estudiantes la trágica noche de Tlatelolco.

Ambos factores desataron la rebeldía dando origen a los brotes de guerrillas alimentadas en buena parte por jóvenes que fueron formados y/o expulsados de esas normales rurales y que al final terminaron encarcelados o muertos.

Comenta que cuando terminó su primaria vivía a 45 minutos de la sede más cercana de la UAS en su natal Badiraguato, pero no podía acudir ahí porque sus padres no podían sostener los gastos de ir y venir a diario. Así surge la opción de ir al Internado a la Normal del Quinto en Sonora, porque no se necesitaba dinero, y la beca en servicio contemplaba alimentación con tres comidas.

Las normales rurales formaron cuadros revolucionarioscríticos del sistema, pero también para el régimen. Enrique Olivares Santana, ex gobernador de Aguascalientes y primer embajador de México en el Vaticano y Secretario de Gobernación, salió de una normal de Zacatecas.  Othón Salazar, gran líder de masas en el movimiento magisterial, salió de la Escuela Nacional de Maestros;  Sánchez Vite, presidente del PRI, Secretario General del SNTE y Gobernador de Hidalgotambién salió de una normal. El movimiento normalista no era un movimiento enclaustrado en una ideología extranjerizante, como suele decirse todavía hoy.

Sostiene que el problema principal del país sigue siendo la formación de docentes: “Si nosotros seguimos abordando el tema de los profesores y su formación desde la perspectiva política y no educacional, es un tema que no se resolverá fácilmente”.

El investigador en ciencias sociales expresó su absoluta e incondicional solidaridad con los estudiantes de Ayotzinapa. La recuperación de la memoria de las normales rurales en este libro es un modesto aporte a su lucha.

Lo que pasó en Iguala no tiene nombre y lo que pasó con la desaparición de los 43 estudiantes “no tiene madre”. La espontanea expresión desencadena una ronda de aplausos que evocan la lucha de los padres y madres en busca de sus 43 hijos.

 

 

 

 

 

 

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