septiembre 18, 2019 4:13 am

Hidalgo Eddy y el Chapo, tiempos violentos

corona
CORONA FUNERARIA. A las puertas del cuartel.

 

 

Segundas partes nunca han sido buenas —excepto en El Padrino—. En junio de 2007 el General Rolando Eugenio Hidalgo Eddy volvía a Sinaloa como comandante de la Novena Zona Militar, cargo que había ocupado de enero a septiembre de 2006. Un extraño retorno, porque en el Ejército evitan repetir en el cargo a sus mandos.

La secuela solo duró seis meses, todos ellos intensos en la continuación de la cacería para atrapar a Joaquín Guzmán, el Chapo. Y que terminaría costándole la vida a otro chapito, a Óscar Rivera, el vocero de seguridad del gobierno de Jesús Aguilar.

Si el Chapo está envuelto en el mito, el General Hidalgo Eddy semeja un personaje de cine, en las imágenes de aquellos tiempos parece posar con los lentes oscuros de gota, quepí de águila y dos estrellas, gesto duro con el maxilar apretado.

En 2007 describían al General Hidalgo Eddy obsesionado por capturar al Chapo, quien había cumplido un sexenio en libertad. Hasta se puso como plazo el 20 de noviembre de ese 2007. Su primera acción fue desconectarlos, en junio aseguró cientos de avionetas Cessna en el hangar del aeropuerto de Culiacán. Paralelamente desmanteló pistas de aterrizaje en el triángulo dorado. Y desplegó tropas por las comunidades donde sus informes señalaban como apoyos incondicionales del Chapo.

De la estrategia de Hidalgo Eddy y la línea de mando que se seguía para la captura de Joaquín Guzmán se conoce muy poco con certeza. Solo hay preguntas de una historia todavía incompleta: ¿Era quien más conocía al Chapo desde el sexenio de Fox? ¿Qué tan cerca estuvo de capturarlo esa primera vez, en ocho meses de 2006? ¿Por qué lo retiraron?

Y con la publicación del periódico Reforma, que cita una investigación en Estados Unidos, donde un testigo cercano a Alfredo Beltrán Leyva, el Mochomo, asegura que los sobornos abarcaron al gobernador en el periodo de 2001 a 2008 y a mandos castrenses superiores del comandante de la Novena Zona Militar, Rolando Eugenio Hidalgo Eddy, surgen más preguntas: ¿Hidalgo Eddy denunció esos intentos de soborno? ¿Quién se acercó a ofrecerle 3 millones de dólares mensuales? ¿Quién armó la estrategia de recaptura? ¿Por qué lo retiraron de nuevo?

Que un mando militar o que un funcionario rechace un acto de corrupción es en sí mismo destacable, si ocurrió como lo señalan esos comentario del testigo protegido en los Estados Unidos. Lo que suele ocurrir en este país es que se acepten los sobornos o peor aún, que se cobren como tarifa.

Aquellos tiempos violentos de Hidalgo Eddy y el Chapo tuvieron tintes melodramáticos; de humor negro y hasta de telenovela: un día le llevaron coronas de flores al General y se las dejaron en la barda de la zona militar; otra tarde de perros, le arrojaron un perro destazado con un recado que como amenaza daba risa: “O te alineas o te alineo, General Eddy. O copela o cuello.”

Si no fuera porque en medio de todo eso hay muerte, sangre, terror y violencia, pareciera un capítulo de una mala serie televisiva de Telemundo.

Mientras las áreas de inteligencia del Ejército recopilaban información de la organización Sinaloa, a su vez del otro lado también le tenían una ficha al General Hidalgo Eddy. Apenas unos días después de su segundo mandato en la comandancia, se pagó un desplegado firmado por Fernando López Castro donde describían su hoja de servicios con el título “Quién es realmente Hidalgo Eddy”.

Al finales de 2007, sin haber atrapado al Chapo, incluso sin avisar, se volvió a marchar el General Rolando Eugenio Hidalgo Eddy. Tendrían que pasar siete años más para que detuvieran al Chapo, y lo haría la Marina, no el Ejército.

 

Margen de error

(Chuytoño vs DEA) La Agencia Antidrogas estadunidense —DEA— no suele ser propiamente la fuente informativa más confiable (igual que muchos funcionarios e instituciones arrastra el síndrome de la Chimultrufia, como dice una cosa dice otra) pero esta vez la DEA no imaginaba con quien se topaba en tierra sinaloense.

Mientras Chuck Rosenberg, el Administrador de la Agencia americana, afirmaba que el Chapo “puede haber regresado a Sinaloa, porque allí tiene a su familia y sus contactos”, aunque reconoce al mismo tiempo que no tienen pruebas; acá en la tierrita, Jesús Antonio Aguilar Íñiguez —algo así como el homólogo de Rosenberg— reviraba: “…no creo, son investigaciones que ellos hacen, son investigaciones internacionales esas.” Y todavía fue más allá Chuytoño —así es conocido, igual que a Charles de cariño le dicen Chuck— y le manda un mensaje a la DEA: “…nosotros no trabajamos por medio de la prensa, esto para nosotros es muy delicado y no se puede andar diciendo esto y aquello”.

Entonces o la DEA anda perdida, o no están coordinados en la búsqueda.

 

Deatrasalante

(Oscar Rivera) Un daño colateral del sangriento enfrentamiento entre Hidalgo Eddy y el Chapo fue Óscar Rivera, nombrado por el gobernador Jesús Aguilar Padilla como vocero del operativo de seguridad coordinado por la federación y el estado.

Óscar Rivera entró casi inocentemente a la vocería de seguridad de Aguilar Padilla, en tiempos en que todavía no se medía el nivel de peligro de la guerra del narco, pese a que en Sinaloa siempre se ha vivido con ese peligro en los calzones.

La investigación del asesinato de Óscar Rivera a menos de un mes de cumplirse ocho años, seguramente son un montón de papeles empolvados en algún archivero. Pero simplemente que en la Policía Ministerial supieran del atentado dos horas antes de ocurrir habla de la penetración corrupta. A Aguilar Padilla no le importó investigar; a Calderón menos; y a Hidalgo Eddy, con todo y su rechazo de los 3 millones de dólares, no le importó (PUNTO)

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