julio 30, 2021 2:21 AM

Leones

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La aparición de los personajes y las razones por las que se encuentran en un bosque, es lenta. La cámara sigue a Isa (Julia Volpato) al adentrarse a un camino que invita a seguirlo, entre enormes árboles y maleza.

Se ve a la chica de espaldas, al parecer perdida, desorientada. Se detiene a descansar y sólo se escuchan las aves y el sonido que hacen las ramas, cuando las mueve el viento. de repente, entran a cuadro Arturo (Pablo Sigal), Sofía (Macarena del Corro), Félix (Diego Veghezzi) y Niki (Tomás Mackinlay), quienes tampoco saben a dónde van, pero eso no es motivo para no divertirse.

Los jóvenes quieren saber el lugar específico en el que están y cómo llegar a una cabaña. En el trayecto, jugarán a armar frases sólo con seis palabras, pelearán, se cortejarán, nadarán en un río, tendrán hambre y aprovecharán los frutos que se encuentran, pero nunca dejarán de caminar y buscar.

Todo luce como que Leones (Argentina/Francia/Holanda/2012) es una cinta de terror: el bosque, la cabaña, los jóvenes perdidos, una pistola, el recurrente tema de la muerte, un personaje que parece ir en contra de lo que el resto decide y otro misterioso, que por momentos se nota ajeno al grupo, son los elementos que dan a pensar que en cualquier momento saltará un monstruo, alguien morirá y la sangre estará por todos lados.

Es inevitable traer a la mente El Proyecto de la Bruja de Blair (1999): al parecer a los involucrados de una y otra película los mueven las mismas razones, además de que en la que nos ocupa ahora la cámara juega, también, un papel importante, como un personaje más dentro de la historia, aunque no pasa tanto tiempo para darse cuenta que los filmes no tienen mucho en común.

Si en la cinta de hace 16 años los chicos extraviados se grababan entre ellos (imágenes que después sería el material que se utilizó para mostrar lo que, supuestamente, pasó), en Leones no hay un registro visual, sólo auditivo (uno de ellos va siempre con un reproductor de audio en el que se escuchan sus voces en conversaciones, al parecer sin sentido), pero es indudable que la cámara, con sus movimientos lentos, circulares (de los que los chavos salen por un lado y al giro completo, entran por otro como si nada), es un testigo más de los hechos.

A simple vista el trabajo de Jazmín López no va ningún lado: jóvenes perdidos, peleando, jugando, hambrientos, se ve como algo menor, pero conforme avanza, las diferentes señales significan más de lo supuesto (la pistola, las marcas en la piel, la grabadora, el carro, la chica que luce en contra).

Las imágenes son muy interesantes, con una fotografía a cargo de Matías Mesa (colaborador de Gus Van Sant en el steadicam, en algunas de sus cintas), y los planos secuencia, principalmente el del inicio, son la oportunidad de comprobar que se hizo un excelente trabajo de casting: los chicos se muestran ante el espectador de manera natural y muy creíbles, como expertos, lo cual hace que a veces, la película se sienta como un documental.

Habría que ver los cortos de López, al menos Parece la pierna de una muñeca (2007) y Te amo y morite (2009), disponibles en Youtube, para entender más su primer largometraje, y asegurar que en éste nada es casualidad. No deje de verla en mubi.com… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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