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‘Fresa y chocolate’

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El edificio parece ser uno más de La Habana, de esos que le dan el aspecto añejo: de influencia ecléctica, con mármol de carrara, de color opaco, manchado por el paso del tiempo. La calle Concordia no luce diferente a las demás de la capital de la isla caribeña, con el tránsito de la gente a sus trabajos, a la escuela, los vendedores de flores, de frutas y el inevitable paso de los coches antiguos, que contribuyen a ese ambiente de mitad del siglo xx, que se niega a desaparecer, pero el número 418 tiene, desde 1996, La Guarida más visitada de Cuba.

Desde afuera no luce como que ahí exista el paladar —así se le llama a en ese país a los restaurantes privados— más famoso en La Habana, visitado por personalidades de la talla de la Reina Sofía: sólo hay un letrero pequeño que anuncia el nombre del lugar y asegura que está “abierto todos los días para almuerzos y cenas”, y al final la leyenda más importante: “Fresa y chocolate, locación del filme”, dirigido en 1993 por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío.

Desde la entrada se aprecia esa escalera, adornada con una escultura sin cabeza que, en la película, David (Vladimir Cruz Domínguez) subía para llegar al departamento de Diego (Jorge Perugorría) o al de Nancy (Mirtha Ibarra); las paredes sucias, con esa pintura deslavada, las cornisas incompletas, los andamios de madera,  son como los excesos de piedra que hay que pulir para llegar al diamante, al último piso, lugar específico de la locación, sin dejar de leer ese reconocible letrero con el título de: “Por eso decimos patria o muerte”, firmado por Fidel .

La entrada al restaurante, un pequeño recibidor con sillas y las paredes tapizadas de cuadros, son sólo el preámbulo del resto: todos los muros están plagados con las fotografías de los famosos que han estado en La guarida; una vez que se pasa la antesala, a la izquierda, al fondo, el sitio donde se reunían los protagonistas de una de las cintas cubanas más conocidas y controversiales.

Fresa y chocolate rompió esquemas en Cuba, antes no se podía hablar de la homosexualidad, pero a partir de esa película las cosas cambiaron, ahora se respeta a esas personas y se difunde la no discriminación”, aseguró una cubana que fungió como guía en ese recorrido.

Aun con los muchos premios y nominaciones, la importancia de la cinta, basada en el cuento El Lobo, el Bosque y el Hombre Nuevo, de Senel Paz, que trata de un estudiante comunista que se hace amigo de un intelectual gay, se debe a que en medio de una de las crisis más fuertes de Cuba, aborda un tema complicado, y a partir de ahí se rompen prejuicios y tabúes sobre las personas consideradas diferentes.

Ese cuarto que en la película estaba lleno de las obras de arte que Diego insistía en exponer y David consideraba insignificantes, en el que aún sigue esa escalera pequeña de madera en uno de los extremos, ahora sólo hay mesas, sillas para comensales y las fotografías en las paredes, pero es imposible no pensar en la escena en la que, sobre la homosexualidad, David le dice a Diego algo, aparentemente, tonto: “tu familia tiene la culpa porque no te llevaron al médico de pequeño”, a lo que éste responde: que eso existe “desde que el mundo es mundo”. Búsquela en DVD, pero no se la pierda… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

 

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