mayo 16, 2021 2:50 AM

Apuesta Ambrosio Mojardín a que la sociedad reaccione frente a la clase política

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Terminadas las precampañas, viene un periodo en el que solo los partidos, no los aspirantes, podrán hacer propaganda para posicionar sus marcas en el electorado. Pero la sociedad parece ajena al proceso electoral.

Para el director del Laboratorio de Memoria y Aprendizaje, de la Facultad de Psicología de la UAS, Ambrosio Mojardín Heráldez, el escenario es poco alentador para la participación ciudadana en las próximas elecciones.

“Hay mucho ruido en el contexto y eso puede  agravar o confirmar un comportamiento que se presentó en las elecciones pasadas, donde la participación fue realmente muy poca.”

—¿El ejercicio del gobierno habrá cultivado esta falta de interés por participar en la elección o cuáles son las razones que usted ubica para este escenario poco alentador?

La participación de la gente en las elecciones tiene que ver con varios factores, pero particularmente con cómo siente la gente que su participación le retribuye algo. El comportamiento tiene esas condicionantes: yo hago las cosas por necesidad y tratando de obtener una respuesta a mi necesidad.

“Me da la impresión de que la gente cada vez siente su participación electoral menos necesaria. Alrededor del ejercicio público hay una serie de valoraciones sociales que no benefician el acto de elegir. Y eso es serio. Creo que el primer factor es el desencanto. Sí tiene que ver el ejercicio de gobierno directo que tienen las instancias de servicio público, pero también me parece que tiene que ver con el propio comportamiento de los políticos, organizados en partidos, y de los propios políticos que intentan hacerlo desde fuera de los partidos, que son muy pocos.

“Lamentablemente dan muchas evidencias continuas del poco interés o poco compromiso con las necesidades de elector. Eso les lleva a que en las campañas tengan que derrochar mucho dinero a través de los medios de comunicación y de las prácticas que ya sabemos que son de coacción, para  la gente acepte ir a votar”.

—¿La participación de candidaturas independientes cree que podrá revertir esta situación o  refrescar el interés del electorado por participar en procesos electorales?

—Creo que la participación ciudadana es una alternativa. Y las candidaturas independientes son una opción ciudadana que lamentablemente también ha sido atacada en los tiempos recientes como una opción de los propios partidos.

El  académico explica que un ataque directo a este tipo de candidaturas ha sido descalificando la opción por no contar con una estructura y, si la hay, sea operativamente limitada para ejercer la representación. La otra es que las candidaturas independientes no tienen mucha facilidad para dar cuentas porque no son instancias, sino son personas o grupos formados para el momento. E incluye las decisiones en las que se exige a quien quiere ser candidato, cosas que no se le exige a los partidos, como conseguir un número de firmas, las cuales son un obstáculo, porque además se tienen que agregar todos los documentos de la persona que acepta que haya la candidatura independiente.

“Con la desconfianza que hay sobre la política y los políticos, esta circunstancia se vuelve un obstáculo para quien quiere ser un candidato independiente, más allá de que sea bueno o  malo como candidato, o más de allá de que provenga de una verdadera expresión social”.

Identifica los ataques indirectos a las candidaturas independientes, aquellos que incluso que están más planeados e incluyen la posibilidad de que los partidos dejen libres o expulsen, entre comillas, a integrantes prominentes de sus filas, para que lejos de sus filas, se declaren independientes y busquen la votación.

Es obvio que en esas estrategias, señala, las personas que van a “representar” un pensamiento independiente se van a beneficiar de las estructuras de los cuales supuestamente se alejaron y entonces diríamos que es una participación partidista disfrazada.

Advierte que  es alto el riego del fracaso en las candidaturas independientes. “Fracaso en el sentido de que esa independencia no va terminar siendo representación de los intereses de la gente, sino seguirá siendo representante de un núcleo, probablemente de un partido, pero sin las siglas. Me parece que esa parte es la delicada y creo que puede representar una perversión que atentará contra el verdadero sentido de participación ciudadana y desencantará cada vez más la participación abierta, franca y bien intencionada”.

—¿Cómo ve el creciente desencanto de participación de los jóvenes y de la mujeres, con esquemas muy forzados de equidad?

—Yo creo que el desencanto de jóvenes, mujeres, de adultos, de personas con capacidades diferentes, y de amplios sectores de la sociedad, está bien fincado. El desencanto no es producto de la nada, se ha ido ganando con el tiempo, y se ha ido ganando muy bien. El beneficio de la participación política para la gente no se ve. Las decisiones que están detrás de las políticas y del ejercicio de gobierno no llegan en beneficio de la gente.  La gente no ve diferencia entre participar y no participar, y eso me parece la parte más delicada.

—¿Entonces la sociedad está entrampada  en este escenario?

—No está entrampada, yo creo que la tienen entrampada. Me parece que quienes administran la política ya entendieron que hay muchas veces en las que es mejor que la gente ya no participe. Porque si vota menos gente, el beneficiado es aquel que tiene votos cautivos en mayor número.

“Logran ponerse de acuerdo entre las élite políticas de tal manera de que las cosas no vayan a extremos y se conviertan en un verdadero problema; entonces la cosa es postergar y postergar una circunstancia que necesita respuesta inmediata.

“Entonces, sí creo que está entrampada la participación ciudadana, pero detrás de esa trampa hay intereses muy fincados de que más vale que no se mueva.  Y lo podemos leer cuando hay expresiones auténticas de reclamo ciudadano, pues la respuesta es inmediata para acallar esa inquietud y resolver lo más pronto posible, si no significa comprometer la esencia del control.

—¿Qué alternativas tendría la ciudadanía?

—Yo creo que comprometer la participación ciudadana. El ejercicio responsable de las obligaciones y los derechos ciudadanos, es la alternativa. Exigir cada vez más que los servidores públicos sean verdaderos servidores públicos y no operadores de un pequeño núcleo de personas, sean estas personas o grupo de interés.

“Los ciudadanos tenemos que aprender a cumplir nuestras obligaciones al día y como debe ser y exigir nuestros derechos, primero por todas las vías y con todos los procedimientos que el estado determina. Yo creo que ahí está la primera alternativa. No va a haber manera de que los políticos cambien si la exigencia social no es constante,  firme, documentada, y sincera”.

 

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