mayo 8, 2021 6:38 AM

Sacerdotes y laicos se rebelan

Padre Alejandro Solalinde. La sorpresa.
Padre Alejandro Solalinde. La sorpresa.

Se reúnen en la ciudad de México laicos, misioneros y sacerdotes para analizar la corrupción, la violencia y la impunidad en México

Ciudad de México.- En un acto sin precedentes en la historia de la Iglesia Católica de México, obispos, sacerdotes, laicos misioneros y religiosas de distintas órdenes del país se reunieron para dialogar, debatir y armar una estrategia, como Iglesia, que les permita hacer frente a la corrupción, la injusticia y la violencia que, según coincidieron, ya tocó fondo y está incendiando a México.

El mismo sacerdote Alejandro Solalinde tuvo que expresar su sorpresa públicamente señalando que no daba crédito a lo que sucedía: obispos, sacerdotes y laicos poniéndose de acuerdo para emprender acciones que le permitan a la iglesia asumir un compromiso de defensa en favor de los pobres y todas las víctimas de los atropellos derivados de la inseguridad que el Estado mismo ha propiciado.

En la mesa del diálogo estaba en primer orden el Rector de la Pontificia Universidad de México, Ramón Castro Castro; el Padre Miguel Concha; El Poeta y único laico en el diálogo, Javier Sicilia; el polémico Obispo de la Diócesis de Saltillo, Raúl Vera López; el Padre Alejandro Solalinde y María Zamarripa, una religiosa que dejó ver un discurso sustantivamente crítico en contra del presidente Enrique Peña Nieto y el modelo económico neoliberal.

La convocatoria hecha por estudiantes de la Universidad que desde mucho tiempo ha sido el cerebro de la Iglesia Católica en México, reunió personajes que son figuras muy destacadas e identificadas con la lucha social en el país.

En sus discursos autocríticos plasmaron con entera libertad los errores en que ha incurrido la Iglesia Jerárquica, señalándola de cómplice del Estado por lo que está sucediendo en el país.

El Padre Alejandro Solalinde dijo que lo primero que debe hacer la Iglesia Jerárquica —refiriéndose a la que lidera Norberto Rivera Carrera— es pedirle perdón a México y a los mexicanos por los errores en que ha incurrido al guardar silencio frente a los atropellos que sufre la familia católica, sin siquiera hacer un pronunciamiento de defensa.

“Hay muchos mexicanos que esperan más de la Iglesia. Muchos cuestionan dónde está la jerarquía católica; por qué no ha ayudado, y eso nos ha hecho mucho daño, por eso es muy necesario que le pida perdón a México; es un mea culpa, presumir de documentos elaborados en los sínodos y demás que finalmente ni los curas ni la monjas los leen, ya no funciona. Con esos documentos no se va a cambiar nada. Ahí está el evangelio, pero pocos lo conocen. Hay que pasar a estrategias concretas porque México ya no está para más, México está en etapa terminal. Está que se incendia y ya no podemos más”, comentó el defensor de los derechos de los migrantes.

Destacó que este sistema se ha especializado en el crimen perfecto masivo, es perito en desaparecer personas, solo que ahora “se le volteó el chirrión por el palito”, porque estamos viendo las 43 fotografías por todos lados y nunca las vamos a olvidar, junto a los más de 10 mil migrantes desaparecidos que seguramente nadie los va a reclamar y también todos los hermanos y hermanas de México que están desaparecidos y siguen desapareciendo.

La Iglesia católica debe perder el miedo, tiene que bajar con los pobres, salir a las marchas y escuchar lo que la gente expresa.

La religiosa e investigadora en temas religiosos, María Zamarripa, consideró que el problema de seguridad en México es el Estado mismo y no se resolverá mientras no haya cambios en él.

Sin cortapisas, expuso que lo de Ayotzinapa fue un crimen de Estado, y por tanto un crimen de la Iglesia, porque los asesinos son bautizados. Para la religiosa, el Estado le apuesta a esta mayoría temerosa más adoctrinada que evangelizada, desinformada y en otros casos tristemente coludida. Ante esto expuso que urge iniciar una jornada de sensibilización en todo el país y la Iglesia tiene la obligación de reivindicarse con su comunidad.

“Los miembros de la Iglesia tendemos mucho a decir, voy a rezar por ti, pero eso no es suficiente”.

El poeta y escritor Javier Sicilia, afirmó en la mesa de diálogo repleta de religiosos, que “es terrible lo que nos está pasando como Iglesia y como país. Casi 500 años de evangelización, de buenas intenciones, y miren donde está este país. No tenemos 30 mil muertos, esa es una cifra conservadora. Cuando decidamos ver la cara del horror que estamos enfrentando vamos a ver la dimensión de la tragedia”.

“Y nomás para prueba ahí están las fosas que están descubriendo buscando a los muchachos de Ayotzinapa. El país es una fosa común. No estamos hablando de 60 mil muertos ni de 30 mil desaparecidos. Ni de 500 mil desplazados. Es mucho más”.

Y en este momento que estamos hablando, alguien está desapareciendo, en este país bajo la complicidad de todos y el silencio, porque el silencio es cómplice. Alguien está siendo secuestrado y extorsionado. Y uno se pregunta ¿Dónde estuvimos? ¿Dónde está el evangelio? ¿Dónde esta mi Iglesia?

Los muchachos de Ayotzinapa, dijo, son una prueba inmensa del horror. No solo están matando a la gente en pleno siglo XXI y con todos los derechos humanos y la proximidad del evangelio a cuestas, los están desapareciendo borrando sus huellas de su paso por la tierra en este mundo.

No conozco un acto más demoniaco, expuso con marcada indignación, y más antievangélico y más antiencarnacionista que eso. Y la Iglesia no está a la altura de la defensa de esa encarnación que nos están robando. No estamos a la altura.

El obispo Raúl Vera López sostuvo que ya es tiempo de las estrategias, de juntarnos no para teorizar sino para saber qué vamos a hacer.

El obispo de la Diócesis de Cuernavaca, Monseñor Ramón Castro Castro, convocó a los obispos a evitar una actitud turística frente al sufrimiento. Hay una actitud de frivolidad en el acercamiento al dolor ajeno. Cuestionó a los obispos cómo están acompañando a su pueblo en este sufrimiento que vive.

La sociedad mexicana está exigiendo a gritos gobiernos honestos, honrados y transparentes, que garanticen el derecho a la información y rindan cuentas con verdad de su gestión y la Iglesia tiene que mucho que hacer y aportar.

Dijo que el haber puesto al dinero, al lucro y la ganancia en el centro rector de la vida, y no a Dios y al hombre, ha puesto al sistema político y económico en una grave crisis.

“Este sistema ya no aguanta, tenemos que cambiarlo, tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos”.

Dijo que los derechos humanos en México y Latinoamérica no se violan solamente con los asesinatos, la represión o el terrorismo, sino también por las condiciones de extrema pobreza y de estructuras económicas que ocasionan grandes desigualdades. Vivimos en un tiempo en el que las más insólitas injusticias sociales y el más injusto sufrimiento humano no parecen ya generar la indignación moral ni la voluntad política de combatirlos de manera efectiva y crear una sociedad más justa y equitativa.

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