mayo 15, 2021 7:14 PM

El “autismo” de Felton

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El lunes 17 sumó cinco cadáveres, tres en Miravalles y dos semienterrados en una fosa clandestina cerca de Rincón de Urías
“No, yo no voy a utilizar la frase de (Jesús) Aguilar Padilla, de que es normal, no no… Mazatlán sigue siendo un destino seguro”, aseguraba la semana pasada, el Presidente Municipal, Carlos Felton González.
Noviembre se convirtió en un mes tenebroso en el puerto, donde el alcalde Carlos Felton González, casi reeditó al exgobernador de Sinaloa, Jesús Aguilar Padilla, pues ante el cuestionamiento de los reporteros por la escalada de hechos violentos, aunque no respondía que todo estaba “normal” como el otrora mandatario estatal, sí minimizaba los muertos y las balaceras.
“No queremos que Mazatlán llame la atención por la inseguridad, que realmente sigue siendo seguro Mazatlán, algunos brotes que se presentan tenemos que de alguna manera solucionar”, justificaba.
El lunes 17 de noviembre, luego de que fueron hallados tres jóvenes asesinados a balazos, en el tramo carretero, a 500 metros de distancia del rancho Las Higueras del Conchi, en la margen derecha de la carretera que va hacia el poblado Miravalles, ubicado al noreste de Mazatlán, el primer munícipe pidió ayuda al gobernador Mario López Valdez.
“Le pedí apoyo al gobernador y me dijo que contara con él; hablé con él ayer mismo, y me pidió que mantuviéramos la calma”, dijo.
Las jóvenes Dianey y Lourdes, de 22 y 16 años, respectivamente, y Carlos Camacho Palomares, éste residente de la colonia Lomas del Ébano, habrían sido “levantados” desde el sábado 15 de noviembre, pero fueron encontrados asesinados apilados, pese a que aparentemente no se conocían entre sí.
Fosa clandestina
“En esta zona debe de haber más enterrados”, comentó una fuente extraoficial que había dicho un policía, cuando descubrieron dos cadáveres en un bolsa negra.
La peste que emanaban los cadáveres en estado de putrefacción alertó a los trabajadores topográficos que remarcaban estacas para establecer los límites de los lotes de terrenos de la futura colonia Colinas del Oro.
La tarde del lunes 17 de noviembre, no muy lejos del fraccionamiento Rincón de Urías, donde se velaba a Lourdes, una de las víctimas de Miravalles, en un predio ubicado atrás del edificio del frustrado hospital general, fue descubierta una bolsa negra que contenía los restos de dos personas descuartizadas.
El hoyo donde estaba semienterrada la bolsa negra no tenía ni 50 centímetros de profundidad, por lo que se presume que los perros hambrientos y los zopilotes que merodean por esa zona montañosa habían hecho su trabajo.
Un cráneo de persona asomaba por la bolsa, mientras que otro se encontraba como a cinco metros de distancia de la fosa donde estaba semienterrada.
“Al principio yo pensé que la gente había ido a tirar algún perro muerto dentro de esa bolsa negra, y cuado vi el cráneo tirado creí que era de plástico, pero cuando lo observé bien, me di cuenta de que era de una persona”, dijo uno de los trabajadores.
Entre las 17:00 y 18:00 horas, del lunes 17, luego de ser reportado el hallazgo macabro, llegaron elementos de las corporaciones policíacas y de la Agencia del Ministerio Público Especializada en Homicidios Dolosos, para recoger los retos humanos, sin la presencia de reporteros de ningún medio de comunicación.
El martes 18 de noviembre los reportantes esperaban leer en algún periódico, la nota de los dos cadáveres encontrados en la fosa clandestina, pero solo encontraron la noticia de los tres jóvenes hallados muertos en Miravalles.
Como diría el primer munícipe: “…realmente sigue siendo seguro Mazatlán, algunos brotes que se presentan tenemos que de alguna manera solucionar”.
MIRAVALLES2
Balas perdidas
Los hechos violentos que se han recrudecido en la zona urbana, se extienden hasta la zona rural, pues a Los Zapotes, cuyos habitantes presumían de vivir en un pueblo tranquilo, ya lo alcanzaron las “balas perdidas”.
“Se escucharon unos balazos allá lo lejos”, dijeron habitantes del poblado, dedicado a la agricultura y la ganadería, formado de aproximadamente 100 casas, ubicado a 21 kilómetros al norte de Mazatlán.
Un día antes, el 18 de noviembre, presuntamente Rubén Velarde Tostado, de 18 años, había recibido una “bala perdida” en el ojo derecho, mientras jugaba una “cascarita” de futbol con sus amigos, en el campo deportivo del poblado.
Fue a las 19:50 horas, cuando las corporaciones policíacas fueron informadas de los hechos ocurridos en el estadio, donde minutos antes, según familiares de la víctima, intempestivamente Rubén cayó en medio del campo y cuando sus compañeros lo auxiliaron se percataron de que sangraba del ojo derecho.
Una ambulancia de la Cruz Roja que se dirigía a Los Zapotes a atender la emergencia, en el tramo carretero de El Venadillo encontró el vehículo donde trasladaban a Velarde Tostado; luego de que los paramédicos lograron estabilizar al herido, lo llevaron a una clínica particular del puerto.
Uno de los familiares relató que para salvarle la vida al muchacho lo habían llevado a una clínica privada, pero cuando les dijeron que el costo de la intervención quirúrgica sería de 500 mil pesos, en dos emisiones, una de 300 mil pesos, y otra de 200 mil, decidieron canalizarlo al hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), porque el afectado es mozo del Hotel Riu.
La madre de Rubén Velarde Tostado hace quesos para vender y el padre es trabajador del campo, por lo tanto, no podían pagar la hospitalización privada.
La tarde del 19 de noviembre, la ventanilla de Admisión Hospitalaria del área de urgencias del IMSS, de Mazatlán, estaba abarrotada de familiares y amigos de Rubén Velarde Tostado, preguntando sobre el resultado de la “operación”.
“Las buenas noticias son que salió bien”, comentaron unos jóvenes que acompañaban a Catarino Velarde, padre del afectado.
Pero de las secuelas del incidente nadie dijo nada, porque la Agencia del Ministerio Publico, está investigando el cómo, dónde y por qué pegó en el ojo derecho de Rubén Velarde Tostado, la “bala perdida” en un campo deportivo.
Noviembre tenebroso
Balaceras y muertos en la refriega
La mañana de lunes 17 de noviembre. En la carretera que conduce hacia Miravalles, hallan tres personas asesinadas en Mazatlán. Dos mujeres y un hombre, todos jóvenes.
La tarde del lunes 17.En un predio contiguo al fraccionamiento Rincón de Urías, trabajadores topográficos descubren una bolsa negra con restos de dos personas descuartizadas que oficialmente aun están sin identificar.
Miércoles 19 de noviembre. El joven Rubén Velarde Tostado es alcanzado por una “bala perdida” mientras jugaba futbol con unos amigos en el campo deportivo del poblado Los Zapotes.

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