diciembre 14, 2019 11:07 pm

La paloma y el ruiseñor en el Festival Mazatlán

Ángela Peralta (1845-1883), legendaria cantante mexicana.
Ángela Peralta (1845-1883), legendaria cantante mexicana.

Muy frágil es la línea entre la vida de la soprano Ángela Peralta (1845-1883) y la de las heroínas de las óperas que con tanto éxito protagonizó en los más importantes escenarios del mundo. Para no ir más lejos, basta saber que contrajo matrimonio en artículo mortis, con la finalidad de consolidar un amor legendario y asegurar su fortuna.
Sobre ello versa la ópera La paloma y el ruiseñor, del compositor estadunidense Roger Bourland (Illinois, 1952), cuyo estreno mundial fue el pasado viernes en Mazatlán, Sinaloa, donde falleció la legendaria cantante, bautizada como María de los Ángeles Manuela Tranquilina Cirila Efrena Peralta Castera.
La puesta en escena —con libreto de Mitchell Morris, adaptado al español por Plácido Domingo hijo y Scott Dunn— representó el espectáculo estelar del Festival Cultural Mazatlán 2014.
El proyecto se remonta a hace ocho años, cuando Bourland visitó ese puerto y conoció la historia del “ruiseñor mexicano”, como se decía en su época, en Europa, a la intérprete, así como las causas de su trágico fallecimiento.
Historia, drama y leyenda
En La paloma y el ruiseñor se exalta la historia, el drama y la leyenda de quien fue la primera mujer en ser sepultada en la Rotonda de los Hombres Ilustres (hoy Rotonda de las Personas Ilustres), la diva que salió al escenario de la Scala de Milán cinco o seis veces para recibir ovaciones, el espíritu que en pleno delirio ansiaba cantar Lucía de Lammermoor para los mazatlecos.
En la obra, según su autor, no sólo se trató de exponer los hechos como ocurrieron, sino abordar, en intensos momentos poéticos, el universo interno de una de las más grandes figuras musicales del siglo XIX mexicano, quien componía y tocaba el piano y el arpa.
Es, como toda ópera, una historia de amor, pasión, traición, desengaño y avaricia, con el atractivo de que está basada en la vida real de la cantante, cuyas relaciones sentimentales fueron tormentosas.
En principio, porque su primer matrimonio —con su primo Eugenio Castera Velázquez de la Cadena— fue infeliz, debido a la enfermedad mental de éste. Después, por el escándalo que provocó en la sociedad mexicana su romance con el abogado y promotor nacional Julián Montiel y Duarte.
Poco antes de fallecer, a causa de la epidemia de fiebre amarilla que asoló Mazatlán y terminó con la vida de 76 de los 80 integrantes de su compañía, Ángela Peralta logró casarse con su amante, Julián Montiel.
“Según un testigo presencial de la ceremonia —refiere Bourland en su blog—, ella ya estaba inconsciente cuando se llevó a cabo el matrimonio. Uno de los cantantes de su compañía, Lemus, la apoyaba en sus hombros y, cuando se le preguntó si ella tomaba a Montiel y Duarte como su marido, lo que hizo ese hombre fue moverle la cabeza para que pareciera que ella asentía”.
Las funciones de La paloma y el ruiseñor fueron el 14 y 15 de noviembre en el Teatro Ángela Peralta, en Mazatlán. (Ángel Vargas/ Periódico La Jornada)
Vida y obra
Su nombre fue María de los Ángeles Manuela Tranquiliza Cirila Efrena Peralta Castera. Nació en la Ciudad de México en 1845 de origen humilde, aunque sus padres procuraron darle muy buena educación, motivando además sus inclinaciones artísticas. Le gustaba la poesía, tocaba el piano, componía, hablaba francés e italiano y tenía un gran conocimiento de la historia de México, historia universal y geografía.
Su primera gran oportunidad la recibió a los 8 años, cuando cantó en público La Cavatina de Donizetti. Posteriormente estudió el Conservatorio Nacional de Música y en 1860 participó en la ópera El Trovador en el Teatro Nacional de la ciudad de México. El público quedó fascinado y recibió una tremenda ovación.
Sin contar con más apoyo económico que el de su padre, viajó a España para tomar clases de canto con uno de los mejores maestros de la época. Después fue a Italia y en 1862 actuó en Lucía de Lammermoor en la Scala de Milán. El triunfo fue rotundo. Y esto le valió para luego ser invitada a cantar ante sus majestades Víctor Manuel II y su esposa, en una representación de La Sonámbula de Bellini. Cuentan los informes de los cronistas de la corte, que tal interpretación fue tan aclamada, que la Peralta tuvo que salir a agradecer a su público las ovaciones otorgadas 32 veces.
Además de cantar, la llamada “ruiseñor mexicano” fue una consumada arpista y compuso numerosas piezas románticas, entre ellas galopas, danzas, fantasías y valses.
De su repertorio como compositora se recuerdan, sobre todo, las canciones México, Un recuerdo de mi patria, Nostalgia, Adiós a México, Pensando en ti y Margarita. En 1883, durante una serie de actuaciones que dio en Mazatlán, contrajo la fiebre amarilla y falleció en los altos del Teatro Rubio, donde tenía su alojamiento provisional.

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