junio 25, 2021 1:36 AM

'Malova' oye pasos en la azotea

Los caprichos del poder.
Los caprichos del poder.

Se dice con cierta sabiduría que en política nada es casualidad, todo es causalidad: Así, si un Presidente quiere apoyar a un gobernador procuraría ser discreto para no alterar el calendario político y si desea complicarlo hará lo debido para que se adelanten los tiempos políticos.
Esto último fue exactamente lo que ocurrió en la tercera semana de abril, cuando el Presidente vino a Mazatlán y entre chascarrillos y risas mencionó que cuando David López, el Pecuni, viene a Sinaloa “muchos se ponen nerviosos” —recordemos estamos hablando prácticamente de la elección de gobernador.
Y más recientemente, vino a dar un reconocimiento público al empresario Jesús Vizcarra, quien fuera el candidato del PRI en 2010 y resultó derrotado con más de 50 mil votos ante un Mario López Valdez que en campaña no se detuvo para hacerlo parecer como un candidato indeseable, casi como un “peligro para Sinaloa”.
Todavía está fresca aquellas preguntas sin respuesta que Malova hizo a Vizcarra en el debate organizado por el Consejo Estatal Electoral y qué llamaron la atención de la audiencia nacional.
Eran años especialmente sensibles en el tema de la violencia nacional, y especialmente en Sinaloa, que en 2010 cerraría con nuevo record, pues superaría los 2 mil 200 homicidios dolosos.
El objetivo de meter miedo a la gente se había logrado y mucha gente compró el mensaje de lo que podría representar la llegada de Vizcarra Calderón al gobierno del estado y salió a votar por el candidato de la coalición Cambiemos Sinaloa.
El candidato y luego gobernador Malova, nunca volvió a cuestionar a Vizcarra en público por lo que se manejó como un “incidente” propio de la lucha por los votos, donde todo, como en el amor, parece valerse con el fin de ganar la elección.
Vizcarra volvió a su vida privada y los negocios. Su vida política parecía eclipsada por la derrota y los agravios. Para muchos su carrera política había terminado, y había terminado de la peor manera, en medio de la descalificación.
Pero bien dicen que quien prueba las mieles de la política no puede dejar de saborearla, se vuelve vicio y obsesión si hay deudas de honor.
Se ha dicho ahora que Vizcarra Calderón, en todo este tiempo se vino aproximando en silencio al primer círculo del poder y probablemente no estuvo ajeno a la campaña presidencial y a la victoria de Peña Nieto.
De otra manera no se explica lo que ahora estamos viendo y el reconocimiento público lo ha puesto en el primer plano de la sucesión a la gubernatura y ahí estamos hablando los analistas de estos sucesos que cambian el panorama político del estado.
Esto significa que el espacio político del Gobernador, más allá de las formalidades y cortesías del poder, ya no lo tiene en forma absoluta, si es que alguna vez lo tuvo este gobierno que desde muy temprano dio muestra de que antes de cambio, era de “cuotas y cuates”.
Ciertamente el espacio que pierde Malova no lo gana automáticamente ni David López, ni Jesús Vizcarra, pero el juego es claro: todo lo que diga y haga el Presidente sobre Sinaloa, es para fortalecer su juego sucesorio que oscila entre López y Vizcarra, quizá en menor grado Galindo.
Y en ese sentido Malova tiene las manos atadas porque a un Presidente no se le puede decir que saque las manos so riesgo de consecuencias mayores, salvo claro, que se la quiera jugar del todo por el todo, y eso ahora no se ve factible, como tampoco el asidero.
Más todavía, cuando las llaves de un final terso están en la ciudad de México y cómo Malova lo ha dicho a los íntimos desea retirarse a la vida privada y disfrutar del dinero y los bienes acumulados.
Para ello Malova necesita que las brasas de 2010 se terminen de apagar y no vuelvan a levantar fuego; y para eso necesita el apoyo del Presidente que tiene en sus manos el desenlace de este gobierno.
Salvo, claro, que Malova presionado sea capaz de encabezar un movimiento político que anime causas locales de manera que exhiba el problema de las relaciones del centro y los estados, un problema que está latente, y que necesita liderazgos capaces de enfrentar el poder de un Presidente que busca fortalecer el centralismo.
El gobernador de Sonora, sin ser monedita de oro, ha ganado prensa enfrentándose al poder presidencial y al Grupo México con motivo de los derrames contaminantes sobre los ríos Bacanuchi y Sonora. Esto ha significado un respiro para un titular que estaba en el peor momento de su percepción como gobernante.
Pero para Malova no se ve nada que pudiera servirle como tabla de salvación localista.
Lo único cierto es que el Presidente ya decidió y aquel oye pasos en la azotea.

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