mayo 8, 2021 1:51 AM

El 'Chilorio Power' y el centralismo

Este grupo político que tiene como cabeza de playa a la dupla David López y Heriberto Galindo surgió curiosamente al amparo de un político culto: Ernesto Álvarez Nolasco, quien fue secretario particular de Jesús Reyes Heroles y allá a finales de los ochenta fue alcalde de Ahome, para luego retirarse a vivir discretamente a la Villa de Ahome, donde murió el 14 de septiembre del año pasado.
Curiosamente sus principales apadrinados no fueron de Ahome sino de Mocorito y Salvador Alvarado, quienes formaron el grupo político que jocosamente se le llamó y llama Chilorio Power (el poder del chilorio), y sus miembros han ocupado desde entonces distintos cargos en la administración pública y de representación política. Cercanos desde hace varios años al grupo Atlacomulco del estado de México, les ha permitido una cercanía muy estrecha con el hoy presidente Peña Nieto.
David López, el más conspicuo de ellos, juega un papel fundamental en la política de comunicación gubernamental. Esta cercanía con el poder le ha permitido ser parte del él y por la vía del rebote aspirar a la gubernatura de Sinaloa, aspiración que hace tres años ni quien lo pensara. Hoy es materia de columnistas y editoriales.
Sin embargo, estar cerca de la Presidencia de la República puede significar un apoyo inconmensurable, como también problemas imprevisibles a esa aspiración. Pues no quiere decir, como en los viejos tiempos, que automáticamente el elegido alcance una posición política. Hoy las cosas podrían ser más complejas que el simple “dedazo” presidencial.
Más todavía cuando los miembros del Chilorio Power han mostrado una cierta lejanía con la clase política del estado. O al revés: la clase política no termina por aceptar su presencia. Hoy estar cerca del Presidente sotto vocé exacerba el espíritu regional en una clase política que si bien es agachona con las altas esferas del poder, cuando se ven indicios de exclusión se imponen las conveniencias locales.
Y aquí habría que apuntar al error que los miembros de Chilorio Power han cometido. Además de ser cerrados y fuertemente metropolizados, tienen en sus manos varias de las delegaciones federales. Ellos las controlan y con él su dinero, excluyendo a políticos del estado, que ven desde la barrera como estos personajes se han apropiado de lo que tradicionalmente les tocaba cuando no alcanzaban cargos de elección popular.
Esto ha generado un cierto malestar entre segmentos de la clase política priista que se pondrá a prueba cuando formalmente la competencia interna se abra para el 2015. Si los miembros del Chilorio Power deciden ir también por todas las nominaciones de candidatos a diputados federales es muy probable que los políticos regionales se replieguen para pelear posiciones ya sea dentro del PRI o incluso en otros partidos (con todo lo que esto representa).
Ese es el terreno favorable para los políticos que han hecho su carrera política en el estado y la gran debilidad de los metropolizados. Entonces podría ser que entre las opciones que ellos tienen se encuentran las de apoyar a sus propios liderazgos que les garanticen el control del estado. La pregunta es si habrá un intermediario político capaz de enarbolar esta lucha de regionales contra metropolizados.
En 2010 fue Juan Millán aliado con Francisco Labastida y muchos liderazgos priistas que le cerraron el paso al empresario Jesús Vizcarra, quien contaba con el apoyo del gobernador Jesús Aguilar y el CEN del PRI.
Más, todavía, aquel círculo se cerraría con las alianzas pactadas con el PAN y los partidos pequeños de la izquierda.
Ahora, seguramente no serán los mismos actores, o quizá no los haya, pero las condiciones están dadas para que se genere una rebelión contra del centralismo.
Pero eso podría abrir una candidatura con raíces más ancladas en el priismo sinaloense o estimular el voto opositor.
Quizá por eso el presidente Peña Nieto otorgó un reconocimiento a Jesús Vizcarra que muchos leyeron como una forma de “estate quieto” tanto para el Gobernador como para Juan Millán, que están promoviendo a sus propios candidatos para la sucesión.
Si bien este acto de reconocimiento y otros más silenciosos, es un aval para la mancuerna Vizcarra-Chilorio Power, lo cierto es que estamos en 2014 y todavía vamos a ver más acomodos del poder.
Pero en tanto esto no suceda, hay que recordar las dificultades que siempre han tenido los metropolizados para integrar a las élites locales, que sienten que el poder local les pertenece y actúan en consecuencia, y esta vez podría no ser la excepción.
Lo cierto es que como ningún otro gobierno, el proceso sucesorio ya está aquí y eso significa que el tapete del Gobernador ya se movió, como los tiempos.
Así, que al tiempo.

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