junio 22, 2021 4:19 PM

El suicidio

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Leónidas Alfaro
Al conocerse la noticia del suicidio de Robert Williams, se desató una serie de comentarios, todos relacionado con su vida, y aunque él dejó una nota declarando la causa de su fatal decisión, de todas formas uno se pregunta: ¿Por qué? Es posible que un psicólogo respondiera: La desesperanza.
El suicidio ha sido motivo permanente de estudio, es un fenómeno que ocurre todos los días en algún lugar del mundo, tanto en países poderosos y suficientes en casi todo, como en los llamados pobres que carecen de muchas cosas. Es tanta la recurrencia del suicidio en naciones como Estados Unidos y Japón, que ya es motivo de preocupación y ocupación. Son países modernos con un desarrollo social que permite a sus habitantes una vida hasta cierto punto holgada y segura, entonces ¿por qué la desesperanza o motivo del suicidio?
En los países pobres, las razones resultan obvias, sin embargo, tal decisión no es admisible porque hemos de estimar y valorar, que venir al mundo es un milagro que el Todopoderoso, con la ayuda de la naturaleza, nos la regaló; razón suficiente para rechazar idea tan fatal. Y no nada más eso, sino luchar por vivirla intensamente.
Sin embargo, la historia registra suicidios en verdad inexplicables, como aquél ocurrido en 1931 en la Catedral de Notre Dame de París; su protagonista fue Antonieta Rivas Mercado, culta dama que impulsó la cultura en México. También afirman que invirtió una fortuna en apoyo a la candidatura presidencial del escritor José Vasconcelos, por cierto, la perdió a través de un fraude. Maquinado por… sí, adivinó usted, por elementos del PNR, abuelo del PRI, cuyos cachorros aprendieron bien la lección, si no lo creen pregunten al Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador, y etc. etc. Un día antes del suceso, Antonieta había tenido un encuentro con José; dicen que hablaron sobre el romance que los unía, pero algo dio motivo a la tragedia; el escándalo fue mundial, y a pesar del tiempo, sigue siendo causa de comentarios.
La literatura se ha ocupado de este fenómeno, por citar un ejemplo: Romeo y Julieta de William Shakespeare; se ha repetido de mil formas, tanto en la vida real como en las mismas letras.
Pero existen casos extraordinarios, que por ser reales, atraen poderosamente la atención, tal es lo acontecido en la vida de Horacio Quiroga (1878-1937), escritor uruguayo creador de cuentos fantásticos como el de Anaconda, Cuentos de la selva, Los arrecifes de coral, Los perseguidos, Una estación de amor, Historia de un amor turbio, Cuentos de amor, Locura y muerte. Y una lista más interesante que larga de historias narradas con maestría, que lo colocan como uno de primeros cuentistas latinos, junto con Mario Cortázar y Jorge Luis Borges.
Decía que su caso, en cuanto al suicidio, es singular. Quiroga a la edad de 3 meses fue testigo de cómo su padre se voló la cabeza con una escopeta. Su madre al quedar viuda, se casa de nuevo; Horacio tenía 5 años, y vuelve a ser testigo, ahora del caso de su padrastro, quien se dio un balazo en el corazón. Cuando Quiroga tenía 28 años, se casó con una de sus alumnas que tenía 15; al cumplir los 20, esta chica de nombre Ana, se arrojó al mar para no volver jamás a este mundo. Tiempo después, Horacio jugaba cartas con un amigo, no se supo cómo, pero el caso es que accidentalmente se le disparó una pistola y mató a su compañero. Cuando Horacio Quiroga cumplió los 49 años, bebió arsénico y se quitó la vida. Pero el fantasma del suicidio lo persiguió aún después de la muerte, porque su hija de nombre Eglé, 6 meses más tarde también se quitó la vida. Y transcurrido un año, su hijo de nombre Darío, sí, también siguió el mismo camino. Fue pues, una familia de suicidas. Un caso extraño y macabro.
Pero sostengo, la vida es un milagro, y debemos, creo, hacer lo posible por vivirla y disfrutarla a pesar de estar en un país donde soportamos una plutocracia descarada y descarnada; pero confío en que todo puede mejorar; eso depende de cada uno de nosotros. ¿Sí o no?
leonidasalfarobedolla.com

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