junio 12, 2021 3:09 PM

¿Se puede disminuir la corrupción en Sinaloa?

¿Se puede disminuir la corrupción? Es una pregunta que a diario me hacen mis alumnos y algunos amigos. Les digo que sí, a veces les digo que es muy difícil. De lo que si estoy plenamente seguro es que en el gobierno de Mario López Valdez (MALOVA), no se puede disminuir la corrupción, sino al contrario, va en aumento. Y de que se le recordará como uno de los gobiernos más corruptos que ha tenido Sinaloa.
Ya los federalistas (Hamilton, Madison y Jay) en EUA, tocaron el tema de la corrupción: Los federalistas norteamericanos (Federalist papers, num 22) establecieron con claridad que una persona común dejada en un marco de reglas que le permitan aprovecharse privadamente del bien público, en un marco de baja probabilidad de ser castigado, regularmente se dejará llevar por su interés y beneficio propios.
Hablar de corrupción en un país como México puede ser una labor frustrante en muchos sentidos. Cualquier ciudadano mexicano, desde hace siglos, con seguridad ha sufrido (y participado en, hay que decirlo) actos de corrupción en carne propia en forma de sobornos o tráfico de influencias, por decir algo. Así empieza un buen libro que se llama ¿Podemos reducir la corrupción en México?, de David Arellano Gault, publicado por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).
La corrupción no se ha eliminado en ningún país del mundo, y lo más probable es que nunca se elimine, pero si se puede controlar, disminuir, acotar. En México los instrumentos que se dispone son profundamente limitados en su alcance y sumamente costosos en su aplicación, vigilancia y mantenimiento. Esto también lo dice Edgardo Buscaglia en su más reciente libro Vacíos de Poder en México.
Los instrumentos con los que se ataca la corrupción son limitados y costosos. Primero, porque son instrumentos que deben ir contra acciones que no solamente son ilegales y ocultas, sino que la mayor parte de las veces están organizadas y sistematizadas de tal manera que buscan justamente eludir y engañar a los instrumentos de vigilancia y supervisión. No hay instrumentos infalibles ni perfectos; tarde o temprano, todos pueden ser burlados. Es por ello que los instrumentos de que se dispone requieren ajustes constantes, mucha información, recursos y tiempo para ser adaptados a las circunstancias y efectos reales, efectos netos producidos.
Uno de los instrumentos anticorrupción más socorridos e importantes en muchas sociedades contemporáneas es la auditoría. Ésta es una de las herramientas que muchas personas consideran en una democracia como la pieza clave de la lucha contra la corrupción en el gobierno. No existe democracia hoy en día que no cuente con estructuras de control externo e interno y cuya herramienta de acción más importante sea el desarrollo de constantes auditorías a las organizaciones gubernamentales. Pero lo sorprendente es que las auditorías no son en principio un instrumento anticorrupción. Es decir, su naturaleza como instrumento, su fortaleza principal, a través de los mecanismos y técnicas que lo componen, no está focalizada en atacar la corrupción. Las auditorías son un instrumento que busca desviaciones, fallas, problemas para ser corregidos. La idea es que no toda falla o desviación es corrupción. Las auditorías pueden dar pistas iniciales sobre un riesgo de corrupción.
Desde la práctica “normal” de comprar puestos públicos en la época colonial, hasta la franca y abierta corrupción que se sigue observando en el país, aun con el proceso de transición a un sistema político democrático, parece ser que en México este fenómeno ha encontrado espacios sociales e institucionales muy convenientes para proliferar y mantenerse.
Lamentablemente muchas personas ven la corrupción como un mal menor, incluso como un mal necesario (la famosa metáfora del aceite que permite a la maquinaria funcionar). Por ello es frecuente que quienes cometen sistemáticamente actos corruptos puedan incluso ser consideradas personas en cierto sentido “respetadas” que gozan de buenos niveles educativos, con empleos valiosos y una posición de confianza en sus organizaciones. En México, aproximadamente 90 por ciento de los fraudes realizados entre 2004 y 2006 fueron cometidos por alguien sin antecedentes penales.
A veces se pregunta uno, para qué sirve la Auditoría Superior del Estado (ASE), si sus dictámenes no son atendidos por los diputados del Congreso del Estado. El legislativo se ha convertido en la lavadora más grande de Sinaloa. Lo que entra sucio, rápidamente sale limpio. E-mail: [email protected]
Twitter: @riosrojo

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